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sábado, 13 de junio de 2015

Capítulo 36



—Hijo, ven aquí.

Mis ojos automáticamente se ponen en blanco cuando me habla estos días. Nunca pensé que me estremecería por el sonido de la voz de mi padre, pero lo hago. Cuando más me acerco a la graduación, más exigente se vuelve.

El día que le pedí a Peter ir al baile empezó la discordia. Mis padres me sentaron y me explicaron el concepto de los estándares socialmente aceptados. En pocas palabras, Peter no era lo suficiente en el club de campo como para ser vista con un Lanzani.

Por primera vez vi a mis padres con una luz diferente. Estaba asqueado de ser su hijo. No podía entender cómo podían decir algo tan horrible sobre alguien a quien ni siquiera conocían.

La noche del baile salí de mi casa con mi esmoquin sin decir adiós o permitirle a mi madre sacar una foto. No iba a dejar que me dijeran con quién podía salir o a quién querían para el caso.

—Te llamaré —le digo a Lali. Ella ya no volverá nunca más. Se rindió hace mucho tiempo. Incluso se ofreció a romper conmigo para que mi vida fuera más fácil. Le dije que de ninguna maldita manera iba a dejar que Pablo y Claudia Lanzani la alejaran.

Lali es lo mejor que me ha pasado. Ella me entiende.

Tirando mi teléfono sobre la cama, suspiro. Estoy contando los días para estar lejos de aquí. Nicolás y yo vamos a llevar a las chicas de camping por una semana antes de irnos a la universidad. Un último hurra y una semana de pura soledad para Lali y para mí. Sin padres molestos que anden tras nuestras espaldas.

Cuando llego abajo, mi padre me saluda con una mirada siniestra. Está tramando algo. Me da una palmada en el hombro y me dirige a la sala de estar. Sentada en el sofá, con las piernas cruzadas, está la hija de su compañero de golf, Paula.

Gimo y me froto la cara. En esta posición podría golpear con el codo a mi padre en el estómago y correr, pero Paula ya me vio y se está levantando, caminando hacia mí con su mano extendida como si yo fuera a besarla. Como si le debiera un gracias por estar en mi casa. No gracias.

—Peter, es bueno verte.

Su voz es quejumbrosa, nasal, no puedo soportarla. Hago una mueca, lo que solo la hace sonreír más. Sus dientes son muy blancos. Podría iluminar una calle oscura por la noche.

—Paula —digo fríamente, desinteresado.

—Bueno, he pensado que ustedes dos podrían venir con nosotros esta noche —dice Pablo. Otra vez pongo los ojos en blanco, de lo cual Paula es testigo.

—O podríamos quedarnos —ofrece ella.

Me inquieta la idea de pasar tiempo con ella.

—Tengo planes.

—Oh, no me importa pasar el rato contigo y tus amigos. —Ríe mientras su mano se arrastra por mi brazo. Me alejo, ofendido por su toque.

No recuerdo habérselo ofrecido, quiero alejarla.

—Estoy seguro que no te importa, pero a mi novia sí —lo digo solo para provocar a Pablo. Él se pone rígido y quiero reír. Su emparejamiento está fallando, lo cual significa que su colega va a estar molesto.

—Discúlpanos por un momento, Paula. —Mi padre toma mi brazo y me lleva a la otra habitación. Estoy a punto de conseguir una reprimenda, algo de lo que podría disfrutar plenamente—. Es hora de que mires a tu futuro, Peter. Te vas a ir a la universidad y Paula es una buena mujer para tenerla de tu brazo, especialmente cuando la NFL te está ojeando. Tienes que presentar todo el paquete y ella completa eso. No puedes tener a una chusma del otro lado de las vías del tren que solo espera tener a alguien que la mantenga.

Sus palabras son combustible para la ira pura.

—No sabes nada sobre Lali y su familia —le señalo, empujando mi dedo en su pecho—. No haces nada más que sentarte en tu pomposo culo y menospreciar a las personas que no van a tu ridículo y estúpido club de campo. La quiero y planeo casarme con ella te guste o no. Si quieres una chica florero, ¿por qué no sales con Paula? De todos modos, probablemente esté buscando un viejo forrado.

—¿A dónde vas? —pregunta mientras me alejo.

—Saldré con mis amigos. Es el cumpleaños de Nico así que tendrás que entretener a Paula. Solo no dejes que mamá te atrape. —Cierro la puerta de un golpe, cortando eficazmente sus palabras.

***

Sacudo mi cabeza para alejar el recuerdo. He odiado a mi padre por tanto tiempo por la forma en que ha tratado a Lali. Aunque mi madre viene para ver a Noah, me niego a pisar su casa. Ella está intentándolo. Le daré eso, pero a él… de ninguna manera. Si no pudo aceptar a Lali en mi vida en aquel entonces, que me condenen si le permito estar en algún lugar cerca de mi hijo.

Han cambiado muchas cosas en los últimos cuatro meses. Lali y Noah se mudaron a mí (nuestra) casa después de Año Nuevo. Victorio y Kyle también se han mudado a Beaumont, ella junto a la casa vacía de Lali. Lo cual sabía iba a suceder. Todo tiene sentido. Él también está el mismo barrio que Eugenia, donde, si conduces por ahí el sábado, lo ves con sus brazos tatuados cortando su césped.

Esta noche vamos a celebrar el cumpleaños de Nicolás. Han pasado siete meses desde que nos dejó y cada uno hemos luchado y seguido delante de manera diferente. Celebramos nuestra recaudación de fondos para Eugenia y las chicas de Agustín, el cual se ha convertido en un club local, y lo hicimos relativamente bien. También he contratado a Eugenia como mi mánager, dándole un trabajo para estar en casa, aunque tiene que venir a mi casa y trabajar todos los días.

Tan pronto como la escuela haya terminado para el verano, salimos de gira. Tres miembros de la banda, dos mujeres mandonas y cuatro niños de gira durante tres meses. La vida del grupo será diferente ahora.

Estoy esperando que Lali esté lista. Mi camioneta, una Chevy de 1965 recién adquirida, es completamente adecuada para ir a beber a la torre de agua. Cuando le conté a Lali sobre mi adquisición, me golpeó en el brazo y me dijo que madurara. Sin embargo, es la primera en pedir una noche de “torre de agua” cuando necesitamos un toque de realidad. Cargo la parte trasera de la camioneta con una nevera llena de cerveza.
 
Lali será nuestra conductora designada esta noche, por lo cual estoy agradecido. Quiero que esta noche sea divertida y algo agradable para Eugenia. Lali sale de la casa, sus manos llenas de comida. Corro hacia ella, besándola en la mejilla y aliviándola de la pesada carga. Pedimos la comida ya que no quería que las chicas se estresen haciéndola.

Me giro y la veo guardando todo en la camioneta. Asimilo su apariencia. Está vestida con jeans apretados y botas rojas de vaquero. Su camiseta sin mangas “Amo a mi rockero” abrazando agradablemente sus curvas. Se viste así para provocarme.

Voy hasta ella y la tomo en mis brazos, inclinándola hacia atrás y atacando su cuello. Se ríe e intenta alejarme con su cabeza. Finalmente cede, sabiendo que he ganado.

La pongo otra vez sobre sus pies.

—¿Lista? —pregunto. Asiente, entrelazando sus dedos con los míos.

Entra a la camioneta por la puerta del conductor, poniéndose en el medio.

Justo como en la escuela preparatoria.

Cuando llegamos a la torre de agua, hay un montón de personas ahí. Me sorprendí cuando Eugenia dijo que quería invitar a gente de la escuela preparatoria, pero le seguí la corriente.

Salimos de la camioneta de la mano. Luego la ayudo a bajar las cosas de la parte trasera. Victorio se acerca para saludarnos antes de tomar una cerveza de la nevera.

—Voy a ir, ¿de acuerdo? —La beso en la mejilla y tomo unas cervezas. La camioneta de Nicolás está alineada perfectamente para nuestros torpedos de cerveza. Victorio me sigue subiendo la escalera. La mayoría de los muchachos que están en la torre lo conocen, pero hago unas pocas presentaciones.

Abrimos nuestra primera cerveza y tomamos unos tragos. A la cuenta de tres, tiramos nuestras botellas abajo. Con el fuerte choque de cristales rotos todos gritamos:

—¡Nicolás!

Las mujeres empiezan a animar y suben la música.

Empezamos la fiesta al verdadero estilo de Nicolás.

A medida que la noche avanza, las historias se cuentan y se recuentan. La cómoda camaradería que todos teníamos en la escuela secundaria está de vuelta. Ya no soy el idiota que dejó plantado a todo el mundo y Victorio encaja con todos. Literalmente estoy viviendo lo mejor de los dos mundos y no podría estar más feliz.
Miro a Victorio cuando lo oigo suspirar pesadamente.

—¿Qué te pasa?

—Nada —dice. Sigo su mirada y veo a Eugenia hablando con Bill Rogers, un friki convertido en millonario por crear un programa de computadora que a todo el mundo le encanta.

Llevando mi botella de cerveza a mis labios, miró a Harrison otra vez. Su expresión es triste. Sé que ella le gusta pero tiene miedo de ser rechazado.

—Tómate tu tiempo con Eugenia, hombre. Solo estate ahí y no la presiones. Estuvieron juntos por mucho tiempo, pero sé que te nota. La oí hablar con Lali de ti. Solo aprovecha el momento cuando esté aquí.

Empieza a reír.

—Mira quién habla.

—¿De qué demonios estás hablando?

—Escribes canción tras canción sobre lo mucho que quieres a esa mujer. —Señala a J Lali, quien está hablando con Candela—. Vives con ella, compartes un hijo, y aun así no te veo pidiéndole que se case contigo.

Miro de Lali a él y de vuelta.

—Tienes razón. —Me levanto, agarrándome de la barandilla, pongo mis dedos a través de mis labios y silbo alto, consiguiendo la atención de todo el mundo.

—¡Oye, Lali!

—¿Qué quieres, Lanzani? —grita. Amo como algunas cosas no han cambiado.

—¿Quieres casarte conmigo?

Alguien apaga la música y el silencio se extiende por el campo. Ella se acerca a la torre de agua y coloca sus manos en su cadera.

—Si vas a preguntármelo, será mejor que lo hagas correctamente.

—Sí, señora. —Dejo mi cerveza y me dirijo a la escalera. Bajo cuidadosamente. Cuando mi pie toca el suelo, toco mi bolsillo buscando el anillo que he tenido ahí durante las últimas semanas y lo saco, manteniéndolo en mi palma. Solo he estado esperando por el momento correcto. Tiene que ser este.

Camino hacia ella, mis pasos son grandes por lo que llego más rápido.
Sus manos todavía están en sus caderas, sus ojos muy abiertos. No esperaba esto.

Me coloco sobre mi rodilla delante de ella. Su mano va a su boca y hay una colección de jadeos detrás de nosotros.

—Lali Espósito te he amado desde que tenía dieciséis años. Sé que la he arruinado muchas veces, pero prometo compensártelo todos los días. ¿Me harías el inmenso honor de llevar mi anillo, tomar mi nombre y convertirte no solo en mi compañera de vida, sino en lo más importante, mi esposa?

Asiente. Hay lágrimas en sus ojos y quiero levantarme y besarlas.

—Sí, Peter. Sí, un millón de veces me casaré contigo.

Tomo su mano y deslizo el anillo, besando su dedo antes de besarla. Hay un fuerte aplauso y exclamaciones a nuestras espaldas.

—Te amo, La. Eres mi chica por siempre.



FIN

lunes, 13 de octubre de 2014

Pasado NO Pisado: Capítulo 36

—¿Quién sos? —preguntamos Lali, Nico y yo a la vez.

—Quien les va a decir la verdad. Pero no acá, van a despertar a los nenes.

La chica misteriosa caminó hasta el living y se sentó en el sillón. ¿Por qué tenía tanta confianza? ¿De qué me sonaba? Lali, Nico y yo la seguimos y nos sentamos también.

—¿Quieren que me vaya? —preguntó Nico.

Lali y yo negamos con la cabeza.

—¿Quién sos? —le volví a preguntar a la chica misteriosa.

—Alexia.  

Alexia. Me sonaba. Mucho. Demasiado. ¿De qué carajo me sonaba su nombre, su cara? Todo de ella me era familiar.

—¿Por qué te me hacés familiar? ¿Nos conocemos? —preguntó Lali.

—Porque yo fui la doctora que llevó tu embarazo.

Lali y yo la miramos, sorprendidos. De ahí nos sonaba. Alexia era la doctora que había controlado el embarazo de Lali. Ahora era unos años mayor y tenía el teñido de rubio, con las puntas de color rosa. Debía rondar cerca de los treinta.

—Bueno, como no dicen nada, voy a hablar yo. Por favor, no me interrumpan, preguntas, acusaciones, etc al final. Cuando ustedes vinieron a la primera revisión no se veía que iban a tener mellizos. Solo se veía a uno de los bebés en la eco y aunque el latido era más rápido de lo normal puede pasar. Ese día después de que se fueran llegó una persona y me preguntó por tu embarazo, obviamente no dije nada es confidencial. Pero me llevó a un lugar apartado donde solo estábamos esa persona y yo. Me amenazó, me amenazó con mi hija, Camila. No le creí pero hizo una llamada y alguien que tenía a mi hija —dijo, lágrimas amenazando con salir—, me habló y luego me pasó con ella. Cami es lo más importante que tengo, así que accedí a darle la info a cambio de que dejase en paz a mi nena. La siguiente eco que tuvieron, se veía mucho más claro que iban a tener mellizos —explicaba, mirándonos a Lali y a mí—, pero antes de que pudiera informarles a ustedes, la misma persona me atajó, cuando salí para buscar las imágenes de la eco y me obligó a decirle lo que había visto. Me prohibió decirles que estaban esperando mellizos. El resto de los meses fue más o menos igual, hasta que llegó el día que te pusiste de parto —dijo mirando a Lali—, ese día ya lo tenían planeado. La persona que me amenazaba sabía que era muy probable que tuvieses algún problema en el parto… Un embarazo tan joven puede producir varios problemas y más si llevas mellizos, así que simplemente te dieron un empujón, poniendo algo en alguna de las bebidas que tomaste ese día, para que tuvieses un problema seguro, por lo que vos solo viste el parto de Allegra cuando tu cuerpo ya no soportó más y te desmayaste. Cuando eso pasa en medio de un parto o al finalizar está prohibido que la persona acompañante se quede así que a vos —dijo mirándome— te sacaron de la sala. En ningún momento nadie dijo el sexo del bebé. A vos, Peter, te hicieron creer que fue un nene: Santino, y a vos, Lali, que fue una nena: Allegra. El desmayo de Lali en realidad no fue nada, solo fue un síntoma de lo que le dieron, pero a Peter le hicieron creer que Lali había muerto y, aunque fue su decisión, lo incitaron a que se alejara de ese sitio que tanto le recordaba a Lali. Así que cogió a su bebé y se lo llevó. A Lali le hicieron creer que Peter las había abandonado a ella y a la beba. Todo lo que les paso fue planeado. Ustedes y sus hijos sufrieron todo esto porque hay dos personas que no los quieren ver juntos, los quieren separados. —Hizo una pausa, examinando la sala. Lali con la cara enrojecida de llorar y las lágrimas todavía rodando por sus mejillas. Nico sosteniéndola. Y yo probablemente tenía la cara con un gesto de sorpresa, asco, ira, tristeza, nostalgia… todo eso mezclado con algunas lágrimas—. Ahora pueden hacer sus preguntas y acusaciones.

—¿Quiénes fueron esas personas?—pregunté, mi mandíbula apretada. Quien fuese que había separado a mi familia. Quien nos hubiese privado de ver tres años de crecimiento de uno de nuestros hijos iba a pagar.

—¿De verdad quieren saber? No les va a gustar.

Asentí y miré en donde estaba Lali, también asintiendo.

—Fueron sus papás, los de ambos. Tu papá, Lali, fue la persona que me amenazaba. Y tu papá, Peter, quien secuestró a mi niña. No quiero que suene como que uno es más culpable que el otro, pero el papá de Lali solo era un títere del de Peter.

—¿Cómo supiste todo esto? —preguntó Lali con voz temblorosa.

—Viví la mayor parte ello. Sufriendo porque mi hija estaba en peligro. ¿Cómo se sentirían ustedes si alguien les amenazase con secuestras a su hijo? No fue mi intención, pero Camila está delante de todo. Daría todo por ella. La otra parte, la que no viví me la dijo… chicos a ustedes los tenían controlados, para que nada en el plan de sus papás fallara. Creo que en tu caso, Peter, no te importa mucho la persona pero Julieta era parte del plan tus papás. Sin embargo, fue ella la que me contó todo lo demás. Está arrepentida de seguirles el plan y quiso hacer una partecita, antes de irse de viaje, para arreglarlo un poquito.

—¿Quién me vigilaba a mí? —preguntó Lali.

—Joaquín. Él desarrollaba poco a poco el plan cerca tuyo, Lali. Iba dando pasos. No hacía caso de las ordenes de Juan, el papá de Peter, hacía la suya. Metiéndose bajo la piel de vos y de Allegra. Alejate de él Lali, aléjalo de Allegra. No es bueno. Es peligroso.

Lali asintió, incapaz de decir ninguna palabra.

—Chicos, yo lo siento. Nunca fue mi intención herirlos, ni separarlos entre ustedes ni de sus hijos. Estoy demasiado arrepentida de no haber buscado otra salida, pero en ese momento solo pensé en Cami. Pueden denunciarme si quieren. Yo ya les dije lo que tenía que decirles.

Se levantó y se dirigió a la puerta. Antes de abrirla se giró y dijo:

—Lali, aléjate de Joaquín. Y disfruten de su familia, tienen dos hijos hermosos. Estuvieron demasiado tiempo separados de ellos, disfrútenlos.


Y sin más, salió del apartamento.


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Como no he subido en mucho tiempo, hoy os subo dos (el 35 y este). Entonces solo queda el epílogo por subir. Mañana subo el epílogo y la sinopsis de la adaptación y el miércoles subo el primer cap. Gracias por firmar.