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sábado, 13 de junio de 2015

Capítulo 36



—Hijo, ven aquí.

Mis ojos automáticamente se ponen en blanco cuando me habla estos días. Nunca pensé que me estremecería por el sonido de la voz de mi padre, pero lo hago. Cuando más me acerco a la graduación, más exigente se vuelve.

El día que le pedí a Peter ir al baile empezó la discordia. Mis padres me sentaron y me explicaron el concepto de los estándares socialmente aceptados. En pocas palabras, Peter no era lo suficiente en el club de campo como para ser vista con un Lanzani.

Por primera vez vi a mis padres con una luz diferente. Estaba asqueado de ser su hijo. No podía entender cómo podían decir algo tan horrible sobre alguien a quien ni siquiera conocían.

La noche del baile salí de mi casa con mi esmoquin sin decir adiós o permitirle a mi madre sacar una foto. No iba a dejar que me dijeran con quién podía salir o a quién querían para el caso.

—Te llamaré —le digo a Lali. Ella ya no volverá nunca más. Se rindió hace mucho tiempo. Incluso se ofreció a romper conmigo para que mi vida fuera más fácil. Le dije que de ninguna maldita manera iba a dejar que Pablo y Claudia Lanzani la alejaran.

Lali es lo mejor que me ha pasado. Ella me entiende.

Tirando mi teléfono sobre la cama, suspiro. Estoy contando los días para estar lejos de aquí. Nicolás y yo vamos a llevar a las chicas de camping por una semana antes de irnos a la universidad. Un último hurra y una semana de pura soledad para Lali y para mí. Sin padres molestos que anden tras nuestras espaldas.

Cuando llego abajo, mi padre me saluda con una mirada siniestra. Está tramando algo. Me da una palmada en el hombro y me dirige a la sala de estar. Sentada en el sofá, con las piernas cruzadas, está la hija de su compañero de golf, Paula.

Gimo y me froto la cara. En esta posición podría golpear con el codo a mi padre en el estómago y correr, pero Paula ya me vio y se está levantando, caminando hacia mí con su mano extendida como si yo fuera a besarla. Como si le debiera un gracias por estar en mi casa. No gracias.

—Peter, es bueno verte.

Su voz es quejumbrosa, nasal, no puedo soportarla. Hago una mueca, lo que solo la hace sonreír más. Sus dientes son muy blancos. Podría iluminar una calle oscura por la noche.

—Paula —digo fríamente, desinteresado.

—Bueno, he pensado que ustedes dos podrían venir con nosotros esta noche —dice Pablo. Otra vez pongo los ojos en blanco, de lo cual Paula es testigo.

—O podríamos quedarnos —ofrece ella.

Me inquieta la idea de pasar tiempo con ella.

—Tengo planes.

—Oh, no me importa pasar el rato contigo y tus amigos. —Ríe mientras su mano se arrastra por mi brazo. Me alejo, ofendido por su toque.

No recuerdo habérselo ofrecido, quiero alejarla.

—Estoy seguro que no te importa, pero a mi novia sí —lo digo solo para provocar a Pablo. Él se pone rígido y quiero reír. Su emparejamiento está fallando, lo cual significa que su colega va a estar molesto.

—Discúlpanos por un momento, Paula. —Mi padre toma mi brazo y me lleva a la otra habitación. Estoy a punto de conseguir una reprimenda, algo de lo que podría disfrutar plenamente—. Es hora de que mires a tu futuro, Peter. Te vas a ir a la universidad y Paula es una buena mujer para tenerla de tu brazo, especialmente cuando la NFL te está ojeando. Tienes que presentar todo el paquete y ella completa eso. No puedes tener a una chusma del otro lado de las vías del tren que solo espera tener a alguien que la mantenga.

Sus palabras son combustible para la ira pura.

—No sabes nada sobre Lali y su familia —le señalo, empujando mi dedo en su pecho—. No haces nada más que sentarte en tu pomposo culo y menospreciar a las personas que no van a tu ridículo y estúpido club de campo. La quiero y planeo casarme con ella te guste o no. Si quieres una chica florero, ¿por qué no sales con Paula? De todos modos, probablemente esté buscando un viejo forrado.

—¿A dónde vas? —pregunta mientras me alejo.

—Saldré con mis amigos. Es el cumpleaños de Nico así que tendrás que entretener a Paula. Solo no dejes que mamá te atrape. —Cierro la puerta de un golpe, cortando eficazmente sus palabras.

***

Sacudo mi cabeza para alejar el recuerdo. He odiado a mi padre por tanto tiempo por la forma en que ha tratado a Lali. Aunque mi madre viene para ver a Noah, me niego a pisar su casa. Ella está intentándolo. Le daré eso, pero a él… de ninguna manera. Si no pudo aceptar a Lali en mi vida en aquel entonces, que me condenen si le permito estar en algún lugar cerca de mi hijo.

Han cambiado muchas cosas en los últimos cuatro meses. Lali y Noah se mudaron a mí (nuestra) casa después de Año Nuevo. Victorio y Kyle también se han mudado a Beaumont, ella junto a la casa vacía de Lali. Lo cual sabía iba a suceder. Todo tiene sentido. Él también está el mismo barrio que Eugenia, donde, si conduces por ahí el sábado, lo ves con sus brazos tatuados cortando su césped.

Esta noche vamos a celebrar el cumpleaños de Nicolás. Han pasado siete meses desde que nos dejó y cada uno hemos luchado y seguido delante de manera diferente. Celebramos nuestra recaudación de fondos para Eugenia y las chicas de Agustín, el cual se ha convertido en un club local, y lo hicimos relativamente bien. También he contratado a Eugenia como mi mánager, dándole un trabajo para estar en casa, aunque tiene que venir a mi casa y trabajar todos los días.

Tan pronto como la escuela haya terminado para el verano, salimos de gira. Tres miembros de la banda, dos mujeres mandonas y cuatro niños de gira durante tres meses. La vida del grupo será diferente ahora.

Estoy esperando que Lali esté lista. Mi camioneta, una Chevy de 1965 recién adquirida, es completamente adecuada para ir a beber a la torre de agua. Cuando le conté a Lali sobre mi adquisición, me golpeó en el brazo y me dijo que madurara. Sin embargo, es la primera en pedir una noche de “torre de agua” cuando necesitamos un toque de realidad. Cargo la parte trasera de la camioneta con una nevera llena de cerveza.
 
Lali será nuestra conductora designada esta noche, por lo cual estoy agradecido. Quiero que esta noche sea divertida y algo agradable para Eugenia. Lali sale de la casa, sus manos llenas de comida. Corro hacia ella, besándola en la mejilla y aliviándola de la pesada carga. Pedimos la comida ya que no quería que las chicas se estresen haciéndola.

Me giro y la veo guardando todo en la camioneta. Asimilo su apariencia. Está vestida con jeans apretados y botas rojas de vaquero. Su camiseta sin mangas “Amo a mi rockero” abrazando agradablemente sus curvas. Se viste así para provocarme.

Voy hasta ella y la tomo en mis brazos, inclinándola hacia atrás y atacando su cuello. Se ríe e intenta alejarme con su cabeza. Finalmente cede, sabiendo que he ganado.

La pongo otra vez sobre sus pies.

—¿Lista? —pregunto. Asiente, entrelazando sus dedos con los míos.

Entra a la camioneta por la puerta del conductor, poniéndose en el medio.

Justo como en la escuela preparatoria.

Cuando llegamos a la torre de agua, hay un montón de personas ahí. Me sorprendí cuando Eugenia dijo que quería invitar a gente de la escuela preparatoria, pero le seguí la corriente.

Salimos de la camioneta de la mano. Luego la ayudo a bajar las cosas de la parte trasera. Victorio se acerca para saludarnos antes de tomar una cerveza de la nevera.

—Voy a ir, ¿de acuerdo? —La beso en la mejilla y tomo unas cervezas. La camioneta de Nicolás está alineada perfectamente para nuestros torpedos de cerveza. Victorio me sigue subiendo la escalera. La mayoría de los muchachos que están en la torre lo conocen, pero hago unas pocas presentaciones.

Abrimos nuestra primera cerveza y tomamos unos tragos. A la cuenta de tres, tiramos nuestras botellas abajo. Con el fuerte choque de cristales rotos todos gritamos:

—¡Nicolás!

Las mujeres empiezan a animar y suben la música.

Empezamos la fiesta al verdadero estilo de Nicolás.

A medida que la noche avanza, las historias se cuentan y se recuentan. La cómoda camaradería que todos teníamos en la escuela secundaria está de vuelta. Ya no soy el idiota que dejó plantado a todo el mundo y Victorio encaja con todos. Literalmente estoy viviendo lo mejor de los dos mundos y no podría estar más feliz.
Miro a Victorio cuando lo oigo suspirar pesadamente.

—¿Qué te pasa?

—Nada —dice. Sigo su mirada y veo a Eugenia hablando con Bill Rogers, un friki convertido en millonario por crear un programa de computadora que a todo el mundo le encanta.

Llevando mi botella de cerveza a mis labios, miró a Harrison otra vez. Su expresión es triste. Sé que ella le gusta pero tiene miedo de ser rechazado.

—Tómate tu tiempo con Eugenia, hombre. Solo estate ahí y no la presiones. Estuvieron juntos por mucho tiempo, pero sé que te nota. La oí hablar con Lali de ti. Solo aprovecha el momento cuando esté aquí.

Empieza a reír.

—Mira quién habla.

—¿De qué demonios estás hablando?

—Escribes canción tras canción sobre lo mucho que quieres a esa mujer. —Señala a J Lali, quien está hablando con Candela—. Vives con ella, compartes un hijo, y aun así no te veo pidiéndole que se case contigo.

Miro de Lali a él y de vuelta.

—Tienes razón. —Me levanto, agarrándome de la barandilla, pongo mis dedos a través de mis labios y silbo alto, consiguiendo la atención de todo el mundo.

—¡Oye, Lali!

—¿Qué quieres, Lanzani? —grita. Amo como algunas cosas no han cambiado.

—¿Quieres casarte conmigo?

Alguien apaga la música y el silencio se extiende por el campo. Ella se acerca a la torre de agua y coloca sus manos en su cadera.

—Si vas a preguntármelo, será mejor que lo hagas correctamente.

—Sí, señora. —Dejo mi cerveza y me dirijo a la escalera. Bajo cuidadosamente. Cuando mi pie toca el suelo, toco mi bolsillo buscando el anillo que he tenido ahí durante las últimas semanas y lo saco, manteniéndolo en mi palma. Solo he estado esperando por el momento correcto. Tiene que ser este.

Camino hacia ella, mis pasos son grandes por lo que llego más rápido.
Sus manos todavía están en sus caderas, sus ojos muy abiertos. No esperaba esto.

Me coloco sobre mi rodilla delante de ella. Su mano va a su boca y hay una colección de jadeos detrás de nosotros.

—Lali Espósito te he amado desde que tenía dieciséis años. Sé que la he arruinado muchas veces, pero prometo compensártelo todos los días. ¿Me harías el inmenso honor de llevar mi anillo, tomar mi nombre y convertirte no solo en mi compañera de vida, sino en lo más importante, mi esposa?

Asiente. Hay lágrimas en sus ojos y quiero levantarme y besarlas.

—Sí, Peter. Sí, un millón de veces me casaré contigo.

Tomo su mano y deslizo el anillo, besando su dedo antes de besarla. Hay un fuerte aplauso y exclamaciones a nuestras espaldas.

—Te amo, La. Eres mi chica por siempre.



FIN

Capítulo 35

LALI

Q
uiero vivir en estos brazos. Ellos me hacen sentir segura, amada, necesaria. Sus manos no recorren. Ellas muestran que soy suya y me sostienen apretada a su cuerpo. Él nos conduce a la pista de baile en un enredo pecaminoso de caderas girando. Sus ojos son oscuros y seductores. He terminado permitiéndole cuestionar mi estado de ánimo.

Prometo hacerlo mío.

La canción cambia, pero no nos movemos. Es como si el DJ supiera que queremos estar cerca. No es que nosotros detendríamos lo que estamos haciendo. Descanso mi cabeza sobre su hombro, mi cuerpo manteniendo el ritmo con el suyo. No sé cómo he olvidado lo que se siente estar con él así. Solía contar los días hasta nuestro siguiente baile solo para poder sostenerlo.

Coloco pequeños besos sobre su cuello. Él me agarra más estrechamente y acaricia mi oreja. Mi mano encuentra el botón superior de su camisa. Juego con el botón hasta que este se abre. Su mano inmoviliza las mías, separándola de su camisa. Yo pondría mala cara si él pudiera ver mi rostro totalmente. Él pone mi mano sobre su pecho, justo sobre su corazón y la sostiene allí mientras sus labios tocan los míos suavemente.

Se aparta bruscamente y mira sobre su hombro. Una mujer aparece a la vista. Su cabello está amontonado sobre la parte superior de su cabeza en un desordenado “no doy una mierda” moño. Su muy ajustado vestido rojo muestra gran parte de sus pechos. Peter no tiene que imaginarse cómo lucen.

Ella lame sus labios rojos cereza y mira a Peter como si él la fuera a llevar  a su casa esta noche.

—¿Puedo tener este baile? —pregunta ella descaradamente. ¿Ella no puede ver que él está con alguien?

—Estoy algo ocupado. —Él se vuelve hacía mí. Su expresión me dice que él siente que nosotros fuéramos interrumpidos.

—¿Qué tal un autógrafo o una foto?

Peter hace rodar sus ojos. Al parecer ella no entiende. Ella saca su teléfono móvil de la parte superior de su vestido y me lo da. Miro a Peter, mi ceja levantada. Si él piensa que tocaré ese teléfono está loco, sin hablar de tomar una foto de ellos juntos.

—Ninguna fotografía, no esta noche. Estoy en una cita.

—¿Tal vez podamos reunirnos más tarde?

Antes de que yo pueda decir algo, Peter dice:

—Estoy en una especie de cita por siempre, entonces no gracias.

Ella se ve molesta y me fulmina con la mirada. Lo siento chica, él es mío. Si tengo que llevar una camisa reclamándolo, lo haré. Ella saca un tubo de lápiz labial y lo hace girar hasta que está mostrando el color rojo brillante.

—Firma aquí. –Ella corre sus dedos sobre la parte superior de sus pechos.
Peter sacude su cabeza.

—Papel o nada —dice él volviéndose hacía mí atrayéndome en sus brazos. No puedo menos que lanzarle una mirada de complicidad y sonreír mientras me aferro a sus hombros. Ella está de pie allí, su pierna indicando que ella solamente espera otra oportunidad para abalanzarse sobre mi hombre.

Solo sentamos un poco antes de que más personas se acerquen y lo molesten, pidiendo fotos o autógrafos. Las mujeres le traen bebidas, pero las aparta. Él me dice que nunca acepta bebidas de alguien porque así es como Victorio terminó con Kyle. Él conoció a esa mujer detrás del escenario y se despertó en su casa. Nueve meses más tarde ella abandonó a Kyle. No puedo imaginarme dejando a Noah. Él es mi vida y por largo tiempo mi único recuerdo de lo que Peter y yo teníamos.

Peter me lleva de regreso a la pista de baile. Él solicita una serie de canciones al DJ, la mayoría son suyas. Canciones que he memorizado y sé que son sobre mí, nuestro amor y las cosas que quiere hacer conmigo.

Cuando el reloj marca las doce sus labios reclaman los míos, sólidos y confidentes, como si él hubiera estado esperando por este momento siempre.

Sé que yo lo he hecho.

—¿Estás lista para salir aquí? —dice contra mis labios. Él no espera una respuesta. Él tira de mí a través de la multitud que lo aclama. Cuando estamos fuera él se apresura hacia el auto. Me empuja contra él, y envuelve mis piernas alrededor de él. Lo siento buscando a tientas la puerta. El cuero es frío contra mi piel cuando me deja en el asiento.

–Espera un momento.

Peter sube en el auto y lo enciende. Él coloca mi mano sobre su erección, suspirando cuando lo aprieto ligeramente. Él se retira de la zona de estacionamiento, la grava salpicando detrás del auto y nos conduce a casa tan rápido como puede. Mis nervios están en llamas cuando llegamos al camino de entrada. No he movido mi mano y sin embargo siento como si esta fuera nuestra primera vez una vez más.

Excepto que esta vez estamos en su casa, no un hotel. Salgo del auto y lo encuentro por la parte delantera. Caminamos de la mano hacia la oscura casa. Solo las velas en la ventana alumbran el camino a través de la oscuridad.

Él se inclina, colocando un brazo bajo mis piernas, otro detrás de mi espalda. Él toma los pasos despacio, sus ojos penetran los míos. Puedo ver el deseo, sentirlo en el modo que él me sostiene. Él empuja la puerta del dormitorio para abrirla, pateándola para cerrarla cuando estamos dentro.

Me deja sobre su cama y se para frente a mí, apartando mi cabello de mi hombro. Él se arrodilla dejando que sus manos recorran mis piernas, enviando un temblor sobre mi piel.

Levanta cada pie y quita mis zapatos. Sus dedos bailan a lo largo de mi piel hasta que él alcanza el dobladillo de mi vestido. Me paro, forzándolo a retroceder medio paso.

Mis manos se deslizan sobre su pecho cubierto, dedos que trabajan los botones. Estoy tan impaciente por ver su pecho, uno que he extrañado durante tantos años. Cierro mis ojos cuando llego al último botón, mis manos apartan la tela. Permito a mis manos explorar la sensación de los apretados montículos de sus abdominales mientras mis dedos memorizan cada plano.

Sus manos restringen las mías cuando llego a su pecho.

—Abre tus ojos.

Cuando lo hago, las deja ir. Él quería ver mis ojos cuando finalmente descubriera lo que él había estado ocultando. Sobre su pectoral izquierdo hay tinta y mucha de ella. Es oscura, sólido negro. Mi dedo perfila los bordes, siguiendo el laberinto.
—¿Qué es esto?

—Esto es un diseño tribal —contesta él sin vacilación.

—Traza aquí —dice mientras él mueve mis dedos a lo largo de su tatuaje.

Hago lo que me pide, mi mente me dice lo que mi corazón ya conoce.

—Esto dice…

—Esto dice, La. —Coloco un beso de boca abierta sobre mi nombre. Él tira de mis caderas. Puedo sentirlo, su necesidad evidente a través de sus vaqueros. Ha estado así toda la noche, esperando pacientemente para traernos de vuelta aquí para que finalmente podamos estar juntos.

Peter me da vuelta, envolviendo su brazo alrededor de mi cintura. Él roza su erección contra la curva de mi trasero. No puedo evitar presionarme en él.

Él empuja mi vestido fuera de mi hombro, sus labios presionándose contra la piel expuesta. Inclino mi cabeza, apoyándome sobre su hombro mientras sus manos frotan mis pechos. Mi mano se extiende hacia atrás, entrelazándose por su cabello.

Él se aleja de mí, labios quemando un rastro hacia abajo por mi espalda. Dedos jalan mi vestido, empujándolo hacia abajo de mis piernas. Estoy desnuda excepto por la tanga que llevo puesta. Siento sus dientes tirar del lado de mis bragas. Me doy vuelta. Tengo que verlo, tocarlo.

Él me levanta y me pone sobre la cama, avanzando lentamente sobre mí. Me arqueo hasta sentir su piel sobre la mía. Arrastro mis dedos por su cabello. Él me mira, respirando temblorosamente. La intensidad de su mirada hace hormiguear mi piel con anticipación. Su pulgar cepilla la bajo la curva de mi pecho.

Se recuesta, desnudo. Me siento y froto mi mano sobre su pecho, abdominales y finalmente a su protuberancia. Sus ojos ruedan hacia atrás en su cabeza cuando lo toco. Él avanza lentamente sobre mí, empujándome otra vez en el colchón. Envuelvo mis brazos alrededor de sus hombros, urgiéndolo.

Se coloca sobre mí, su peso y calor una agradable sensación.

—Te amo, La —dice contra mis labios. Él sostiene mis manos sobre nuestras cabezas, su frente que toca la mía. Nuestras bocas caen abiertas en éxtasis, recuerdo como se mueve, trabajando su cuerpo en el mío. Grito, agarrándome de sus manos. Mis piernas se mueven sobre sus caderas, guiándolo y sosteniéndolo donde más lo necesito.

Gimo cuando él flexiona sus caderas, yendo más profundo. No puedo dejar de mirarlo, sus ojos observándome, aprendiendo de nuevo cuán buenos somos juntos. Cuando él deja ir mis manos, cavo en sus costillas, animándolo a moverse más rápido.

Peter se mueve hasta quedar en sus rodillas, moviendo mi cuerpo por el empuje y la atracción de mis piernas.

—Tengo que mirarte —dice él jadeando.

Mis manos restringen sus antebrazos, resistiendo mientras él nos mueve al ritmo. Deja caer mis piernas, moviéndose para besarme. Él le hace el amor a mi boca mientras se mueve más rápido, más fuerte, llevándome al borde.

—¡Peter! —Necesito más.

Él conoce mi cuerpo y gruñe cuando mi orgasmo asume el control. Mis dedos se enroscan, mis uñas se clavan en su trasero cuando levanto mis caderas para encontrar sus últimas embestidas.

Él se apacigua, derrumbándose encima de mí. Me quedo allí, mis músculos débiles y cansados, pero completamente satisfechos y con ganas de hacer esto otra vez. Acaricio su espalda, haciéndolo temblar. Beso su cuello, sus mejillas y finalmente los labios.

—Te amo, Peter. Te amo tanto.

Me mira y sonríe. Se inclina sobre su codo, sin moverse de donde está enclavado entre mis piernas. Él podría quedarse allí para siempre para lo que me importa. Aleja mi cabello húmedo de mi rostro y besa mi nariz.

—¿Múdate conmigo? Tú y Noah múdense aquí y seremos una familia. Quiero que llames a esta tu casa. Quiero hacer cosas normales contigo como ir de compras a la tienda de comestibles y encontrarnos para el almuerzo en el trabajo.

—Eso suena como el sueño americano.

—No, mi chica, este es nuestro sueño. Si tú lo quieres, te lo daré.

—Lo quiero.

La sonrisa de Peter estaba iluminando la oscura habitación. Nos besamos durante un tiempo antes de que él ruede y me tire encima de él.




CONTINUARÁ... ¡¡Penúltimo capítulo!! Entre las 20:00 y las 21:00 (hora española) subo el último!! 

Capítulo 34

PETER
A
bro la puerta antes de que ella tenga la oportunidad de abrirla. Mi día ha sido una mierda absoluta sin ella. No sé cómo me acostumbré tan rápido a ella estando aquí, pero lo hice. Despertar a su lado durante estos últimos días ha sido algo más allá de las palabras. Sostenerla en mis brazos, mientras duerme y sentir su cuerpo contra el mío, indescriptible. Muchas veces he querido tomarla, reclamarla como mía, pero me he contenido. Tengo que hacer esto bien. Es solo que no sé cuánto tiempo más podré aguantar. Ella es seductora y está llamando mi nombre.

Me empapo de ella, cada centímetro de su tonificado cuerpo. Hubo un tiempo en mi vida en el que se me permitía explorarla libremente, en el que ella me habría rogado que la tocara. Quiero revivir esos recuerdos y hacerlos mi realidad.

Sus tacones son más bajos que los que la mayoría de las mujeres usan. Me gusta esto. Me permite acercarla a mí y mirarla desde arriba, lo que planeo hacer toda la noche. Sus piernas están desnudas, guiándome al vestido que sé que ella eligió con Eugenia y con el que me provocaba. Visiones de mis manos yendo por debajo del dobladillo, agarrando su trasero y jalándola hacia mí inundan mi mente. Tengo que cerrar los ojos por un minuto para aclarar mis pensamientos, porque si no lo hago, no nos iremos de esta casa. Está vacía esta noche y no tengo ningún reparo en tomar ventaja de eso.

Su pequeño vestido es una de esas cosas de un solo hombro, dándome una gran oportunidad de poner mis labios por todo su hombro y cuello. No es que una manga o un tirante me habrían detenido, pero con tanta libertad puede que no necesite un cóctel para festejar la llegada del Año Nuevo. Voy a estar bebiéndola a ella.

No hay nadie más sexy que la mujer parada frente a mí.

Pensé en esta noche por unos días. No sabía dónde llevarla. Una parte de mí quería llevarla a Los Ángeles y presumir de ella. He sido invitado a algunas fiestas para esta noche y cualquiera de ellas me habría concedido la posibilidad de desfilarla alrededor. Pero eso significa paparazzis y no estoy seguro de si ella está lista o si se da cuenta de lo que va a significar el estar conmigo. Cuando pienso en su fotografía extendida por todos los periodicuchos de farándula, eso me pone enfermo. Necesito contratar a alguien para manejar el lado público de mi vida ahora que he despedido a María.

Decidí llevarla a Agustín. De mal gusto, lo sé, pero está cerca y si decidimos beber podemos caminar a casa. Aunque, con la forma en que ella luce esta noche, puede que hagamos una parada en algunos patios traseros muy bien conocidos.

Sus ojos brillan cuando sonríe. Le tomo la mano, jalándola dentro de la casa. Hay tantas cosas que quiero preguntarle y sin embargo, las palabras parecen tan inútiles en este momento, sobre todo cuando podemos comunicarnos con nuestros cuerpos. Extiendo la mano y deslizo los dedos suavemente por su cabello, apartando sus largos flequillos de su rostro. Ella suspira cuando ahueco su mejilla. Lucho contra el impulso de inclinarme y besarla. Una vez lo haga, nuestra noche se intensificará y quiero disfrutar de ella. Quiero llevarla a una cita. Soy un hombre egoísta. Quiero que las cabezas volteen cuando entre con ella de mi brazo.

—Dios, estás preciosa —digo en voz baja.

—Eres tan jodidamente ardiente. —Sus ojos se ensanchan mientras se tapa la boca. Le quito la mano de la boca.

—¿Eso crees?

—No seas engreído.

Mi reacción es acercarla y hacerle sentir lo que me hace. Sus párpados revolotean, haciendo que cierre mis ojos. Con mi frente contra la suya, mis manos se arrastran sobre su trasero. Su respiración se detiene cuando la empujo hacia mí. Su pequeño jadeo envía ondas de calor a través de mi cuerpo. Si no la dejo ir, voy a tomarla justo aquí en el suelo.

Le prometí una cita.

Doy un paso lejos de ella a regañadientes. Sus ojos brillan con deseo. Definitivamente planeo dárselo. Tomo su mano en la mía y la llevo fuera de la casa. Necesito aire fresco y un lugar lleno de gente o de otra forma no voy poder atravesar la noche sin desnudarla o al menos subirle ese vestido suyo.

En el auto pongo su mano en mi muslo. Es un error. Tengo el presentimiento de que esta noche será una larga lista de errores. Sus dedos se rozan contra mí cada vez que cambio la velocidad. Y estoy encontrando un montón de razones para cambiar la velocidad.

La siento tensarse cuando estacionamos en Agustín. La emoción que era evidente de camino aquí se ha ido. Ella está molesta.

Me inclino y jalo su rostro hacia el mío, mis labios encontrando los suyos. Ella se suaviza contra mí. La sostengo cerca de mí, mi mano ahuecando su rostro.

—¿No es lo que esperabas?

—No, está bien. —Ella se aleja de mí, con sus manos frotando la parte delantera de su vestido. Su anterior sonrisa ahora enmascarada con indiferencia.

—Quería llevarte a Los Ángeles. Hay todas esas fiestas y sé que la pasarías bien, pero yo no sería capaz de mantener las manos fuera de ti y los paparazzi estarían todos encima de ti. —Mi dedo traza la parte superior de su vestido—. Quería darte toda mi atención esta noche. —Ella mira hacia abajo a mi dedo mientras acaricia la curva de sus pechos.

Me mira.

—No quiero compartirte, La. Ese día va a venir muy pronto, probablemente antes de lo que pensamos. Solo quiero una noche en la que pueda abrazarte, bailar contigo y tocarte sin que la gente esté encima de mí por eso.

—La última vez que estuviste aquí la gente te tomó fotos —me recuerda.

Me aparto de ella y sigo a un grupo de personas hacia Agustín. Nunca esperé que ella quisiera el brillo y el glamour que ofrece mi vida. Debería haberle preguntado lo que quería antes de traerla aquí. Tal vez debería haber sabido que ella querría una probadita de la vida de una celebridad. Diablos, antes ya le negué la oportunidad una vez, tal vez debería lanzarla a ella.

—Lali, te puede dar todo lo que quieras, pero no te puedo ofrecer paz y tranquilidad todo el tiempo. Hemos tenido suerte con los paparazzi. Sabes que estoy haciendo que me instalen un portón y una cerca de concreto porque quiero que nuestra casa sea privada. Quiero que Noah sea capaz de jugar al aire libre. Necesitamos seguridad. No quiero renunciar a lo que soy, pero quiero una vida contigo y esta noche quiero que sea aquí en nuestra ciudad natal, porque el año que viene yo podría estar de gira o nosotros podríamos estar en una fiesta en algún lugar. Solo quiero una noche.

—¿Con qué Peter estoy saliendo esta noche?

Sonrío. Nunca pensé que escucharía esa pregunta saliendo de su boca.

—No era consciente de que habían dos.

—Definitivamente hay dos.

—Hmm… bueno ¿cuál quieres? —Mi voz es profunda, peligrosa. La estoy tentando, esperando su respuesta, aunque sé lo que va a decir.

—Page —responde ella seductoramente.

—¿Quieres a la estrella de rock, al chico malo?

Ella asiente.

¿Quién soy yo para negárselo?

Salgo del auto y cierro la puerta. Vacilo, mirando su sombra en el asiento delantero. Peter Page jamás tendría una mujer en su auto, mucho menos abrir la puerta para ella, pero ella es mi chica. Doy un paso a su lado y le abro la puerta. No puedo evitar mirar boquiabierto sus piernas mientras ella sale del auto, con su mano en la mía. La beso brevemente antes de jalarla detrás de mí dentro de Agustín.

En el interior, el lugar está lleno. Agustín trajo a un DJ para la noche con la esperanza de incrementar las ventas. Definitivamente lo ha hecho. Lali y yo llegamos al bar primero. Pido una bebida para cada uno. Whisky para mí y alguna bebida afeminada para ella. Agustín saluda y me dice que tiene una mesa reservada para nosotros. No es algo que yo quisiera, pero lo tomaré como que no hay lugar para sentarse.

Guiando a Lali a través de la multitud de gente, mi nombre es gritado: las mujeres me miran con lujuria en sus ojos y la gente me da una palmada en la espalda. Se ha corrido la voz de que este es mi lugar para pasar el rato.

Bueno para Agustín. Malo para mí.

Nuestro reservado se encuentra en un rincón oscuro, lo cual me gusta. Lali se desliza primero y la sigo, sentándome tan cerca de ella como puedo.

Dejo caer el brazo por encima de su hombro, deslizando mis dedos por debajo de la parte superior de su vestido. Su mano está en mi muslo, acariciando mi pierna. Si ella mantiene ese ritmo, no vamos a estar aquí mucho tiempo.

Me mira, con los ojos llenos de expectación. Detesto lo que estoy a punto de hacer con ella, pero ella lo pidió.
Me inclino, mi nariz deslizándose por su mandíbula hasta que llego a su oreja. La muerdo suavemente. Escuchar su jadeo me apremia. Chupo el lóbulo de su oreja en mi boca. Mi mano se arrastra por su pierna, empujando sus muslos para separarlos ligeramente.

—¿Eso es lo que haces en una cita? —pregunta ella ansiosamente.

—Yo no salgo en citas —contesto rápidamente.

—¿Nunca? —pregunta mientras su voz se quiebra. Beso mi camino hacia su boca antes de contestar.

—Yo follo. —Capturo sus labios con los míos antes de que pueda decir nada. Sus labios y su lengua reaccionan inmediatamente a los míos. Mis dedos alcanzan sus bragas. Son de seda. Y están húmedas. Saco mi mano y dejo de besarla.

No puedo sentarme aquí en este reservado con ella así, dispuesta a dejarme hacerle cosas en público. Tomo su mano y la saco a la pista de baile.

Quiero más para nosotros cuando estemos juntos de nuevo.

—¿Hice algo mal? —pregunta cerca de mi oído. Ella tiene que gritar sobre la música.

Niego con la cabeza.

—No sé si puedo ser Peter Page a tu alrededor. Él no trata a las mujeres muy bien.

Ella me responde restregándose contra mí, animándome, mostrándome que no le importa. Dios, la amo, pero esto no puede pasar así.

Comienza Purple Rain. Es la primera canción que bailamos en el baile  de bienvenida. Es perfecta para nosotros. Envuelvo mis brazos alrededor de su cintura, con las manos descansando sobre su trasero. Ella pone sus manos en mi cabello. Cerrando los ojos dejo que la música nos mueva, nos guíe. Quiero que ella sienta el efecto que tiene en mí. Necesita saber que la deseo, que mi cuerpo la ansía.


Abro los ojos y veo a la mujer que contiene todas mis fantasías. Su dedo traza el contorno de mis labios antes de que se incline y me muestre lo mucho que me desea. Nos besamos como los adolescentes cachondos que una vez fuimos, en un bar lleno de gente que solíamos conocer.



CONTINUARÁ... ¡Hola!! Siento no haber subido ayer, pero estuve menos de media hora en casa, asíi que no pude. Pero bueno, aquí estamos con otro capítulo!! Y hoy ya, sí o sí, acabo con esta nove (quedan dos caps más) y mañana se termina la votación, volveré a subir la sinopsis y el lunes empiezo con la nueva novela. Gracias por comentar!! Un beso!