miércoles, 6 de mayo de 2015

Capítulo 17

PETER

R
ufina y yo observamos un juego lleno de acción que va a tiempo extra. Todavía no puedo superar el hecho de que ella conoce las llamadas mejor que la mitad de los oficiales. Me tiene riendo; es extremadamente vocal y mantiene bien su posición.

—¿Vas a jugar futbol? —le pregunto, curioso de si esto es algo que ella y
Nicolás discutieron.

—Bueno, no voy a ser una porrista como mi mamá lo fue.

Su respuesta efectivamente me cierra la boca. Nicolás había amado tener a Eugenia en los laterales de sus partidos y admito que era un dulce placer tener a mi chica alentándome. La mejor parte eran los partidos visitantes. Las porristas nos acompañaban de regreso. Lali y yo siempre nos sentábamos en el fondo donde estaba oscuro. Mis labios nunca abandonaron una parte de su cuerpo hasta que nos deteníamos en el estacionamiento de la escuela.

Alai baja, vestida exactamente de la manera opuesta que su hermana. Estas chicas son un vivo retrato de sus padres.

—Mami dice que es hora de almorzar. —Se da la vuelta y sube corriendo las escaleras, sin esperar una respuesta.

—¿Qué piensas? ¿Debemos subir por alguna comida?

Rufina salta en mi espalda. La levanto y corro alrededor del sótano como un hombre loco para poder escuchar su risa.

—¿Podemos volver a hacer esto el próximo domingo?

Dejo de correr y la giro para apoyarla en mi cadera.

—Tengo que volver a trabajar, pero quizás podamos observar juntos un partido en la computadora.

—No tengo computadora. —No voy a dejar que eso me detenga. La beso en la mejilla y le digo que no se preocupe por ello.

Cuando llegamos arriba, todos se han congregado en la sala de estar para el almuerzo, Eugenia hizo casi todas las comidas de fútbol conocidas por el hombre. Rufina y yo arreglamos nuestros platos y nos unimos a todos para el próximo partido.

Noah está sentado en el suelo así que me siento junto a él. Noto que sonríe, pero no voy a señalar algo al respecto. Le dije que luego de ver el partido con Rufina volveríamos a salir y trabajar en su coordinación del trayecto de pase. Me encantaría encontrar una manera de prolongar mi día con él, pero sé que Lali no va a dejarme. Sigo necesitando sentarme y hablar con ella sobre Noah y algún tipo de régimen de visitas. Quizás empecemos con llamadas telefónicas cada pocas noches y puedo volver a verlo cada mes.

Lo más importante es que tenemos que decirle que soy su papá, ya sea que Lali quiera o no. Puedo imaginar que él va estar herido y probablemente no me quiera ver, pero haré lo que sea que pueda para hacer las paces con él.

No formar parte de su vida no es una opción para mí.

El plato de Noah está vacío, por lo que llevo el mío y el de él a la cocina para desecharlos. Lali llega detrás de mí, su perfume abriéndose camino hacia mis sentidos. Odio que ella pueda oler tal malditamente bien en el fútbol del domingo y yo no pueda tocarla.

—Hola —dice, sorprendiéndome. Pensé que seguramente estábamos jugando el juego de evitarnos.

—Hola —respondo, apenas mirándola. Finjo limpiar, el último movimiento cobarde para evitar una conversación incómoda.

Ella solo me mira con fijeza, sus manos tirando de las presillas de su cinturón. No puedo estar aquí y mirarla por lo que llamo a Noah y le pregunto si está listo para ir afuera. Corre hacia mí, balón en mano y corremos juntos a la puerta. Le echo una mirada a ella, su cabeza gacha, dientes empujando una profunda mella en su labio inferior, antes de dirigirme afuera.

Le enseño a Noah todo lo que sé. Estoy sorprendido de que pueda recordar incluso la mitad de toda esta mierda, pero todo regresa a mí con cada pregunta que él hace. Me doy cuenta lo afortunado que es Pablo, viviendo la vida que debería haber sido mía. Tiene a mi chica y a mi hijo y no hay una mierda que pueda hacer al respecto salvo observar desde los laterales.

—¿Puedes venir a mi juego el viernes? —pregunta Noah con tal esperanza en su voz. Solo verlo rasga mi corazón en pedazos.

—Vamos a sentarnos —le digo mientras pongo mi mano en su hombre y lo llevo a un banco de picnic—. Sabes que vivo en Los Ángeles, ¿no? —Noah asiente—. Bueno, tengo que volver al trabajo, tengo plazos y personas que dependen de mí. Se suponía que estuviera aquí para el funeral y me fuera al día siguiente, pero entonces te conocí y realmente me gusta salir contigo y Rufina me pidió observar fútbol por lo que me quedé. Me digo a mi mismo que me iré mañana y tengo que hacer algo primero, pero entonces regreso a mi gato, sabes, porque él me extraña.

—Pero te odia.

—Sí, amigo, lo hace. —Empiezo a reír, Noah se une a mí. Cuando sus ojos azules se alzan hacia los míos, sé que tengo que hacer esto bien—. Estoy esperando poder hablar con tu mamá y quizás podamos hablar por teléfono o algo así.

—Ella dirá que no. Te odia o algo así, dice que se supone que no hable contigo. Hoy lo hice porque no gritará en frente de Eugenia.

Escuchar a mi hijo decirme que mi chica (su madre) me odia no me sentó muy bien.

Tengo que arreglarlo.

—Hablaré con tu mamá, ¿sí? No seas duro con ella. Perdió a su amigo y a veces los recuerdos son difíciles para lidiar con ellos.

Asiente y cuando me mira, un pedazo de mí muere. No quiero dejarlo incluso si nunca sabe que soy su padre. Quiero ser su amigo.

Ambos alzamos la mirada cuando la puerta de vidrio se desliza hasta abrirse. Lali sale con sus brazos alrededor de su cuerpo. Sus ojos están rojos, ha estado llorando. Quiero preguntarle la razón, pero también no quiero que me importe. Debería, pero no puedo. Ella tiene a Pablo y tengo que aceptarlo.

—Supongo que es hora de que me vaya —le digo a Noah quien parece como si estuviera a punto de arrojarle el balón a su madre.

—En realidad —dice mientras se acerca—, me estaba preguntando si querías cenar conmigo y Noah mañana en nuestra casa.

Miro más allá de ella, a la sala de estar donde Pablo está hablando animadamente con Eugenia.

—No, gracias —digo para disgusto de Noah. Levanto mi mano hacia él para detenerlo—. No soy un fan de Pablo. No estoy seguro de que pueda lograrlo en una cena con él.

Lali se da la vuelta y mira en la casa y cuando se vuelve está negando con la cabeza.

—Pablo va a estar lejos mañana por una conferencia. Solo seremos Noah y yo.

Sin Pablo. ¿Mi chica, mi hijo y yo? Apúntame.

—¿A qué hora?

—¿Qué tal cinco y media? Cierro la tienda a las cinco y camino a casa…

—Te recogeré —digo antes de realmente pensarlo. Solo tengo la Ducati
y un casco. Supongo que compraré uno mañana. Lali intenta ocultar su euforia pero su cara me dice todo lo que tengo que saber; ella ha fantaseado con estar en la moto conmigo y voy a hacer su fantasía realidad.

—Entonces supongo que te veré —le digo a Noah. Esto lo hace sonreír.

Me pongo de pie y camino unos cuantos pasos hasta Lali. Estoy más cerca de lo que debería, en especial con Pablo dentro de la casa. Me incline, mis labios rozando su mejilla.

—Te encantará el paseo, lo prometo —susurro en su oreja. Por más que quiero ver su expresión, tocarla me ha matado. Me aparto tan rápidamente como puedo y regreso a la casa.

Enciendo mi moto, calentando el motor para que se dé una idea de en lo que se ha apuntado para mañana y arranco. Su aroma permanece en mi piel, llenando mi casco. No estoy seguro de cómo voy a manejar con Lali en la parte trasera de mi moto mañana, pero serán cinco minutos de paraíso.



CONTINUARÁ.. 

Capítulo 16

LALI

F
ui a ver a la actuación de Peter en el bar hace dos noches. Dos noches, pero no he podido dejar de pensar en él. Escucharlo cantar, aun cuando las palabras me estaban contando sobre su vida, me hacían querer correr al escenario y tomarlo entre mis brazos, pero la canción no era para mí. Estaba actuando para sus fans, dándole al Peter Page que aman. En el escenario, ese no era mi Peter. Era alguien que no conocía.

Hice lo impensable desde que lo vi tocar: descargué su álbum y lo escuché sin parar. Algunas canciones me hicieron llorar, otras reír, una cuantas me enojaron mucho. Escucharlo cantar sobre amor perdido, el amor que botó como si no significara nada. No tenía derecho de decirle al mundo sobre nosotros. Era como si me estuviera diciendo que lo lamenta sin tener que mirarme a la cara.

Lo veré hoy y no sé qué decir o cómo actuar. ¿Pretendo no haber ido a su show el viernes, actúo como si no me importara o sabrá? ¿Agustín le dijo?

Estoy segura que no me vio, dado que me quedé en la parte de atrás con Candela. Escuchamos dos canciones antes que tuviera suficiente y necesitara irme.

No podía verlo ahí arriba. No podía pretender que no me afectaba. Y lo peor de todo es que Candela lo sabía. Ella me miró con ojos tristes, y me cogió de la mano mientras salíamos del bar. No preguntó, todo lo que dijo fue el nombre de Noah y me eché a llorar.

Extraño a Peter y no quiero hacerlo. Estoy con Pablo. Él me ama. Nos vamos a casar y tal vez tener un bebé juntos. Ese es el plan. Vivimos juntos, aun cuando nunca le pedí que se mudara. Dejó de quedarse en su propia casa.

No lo discutimos. Tenía miedo de que si decía algo me dejaría como lo hizo Peter.

Entonces, ¿por qué mi corazón me está diciendo que le dé una oportunidad a Peter?

Apoyo la cabeza en la ventana mientras conducimos a casa de Eugenia. Ella nos pidió que fuéramos y pasáramos este domingo como siempre lo hemos hecho. La semana pasada no vimos fútbol, lloramos. Honestamente, no estoy de humor para celebrar con estúpidos bailes y salchichas de aperitivo cada vez que hay una anotación.
Pablo conduce con una mano y desliza la otra en la mía, su pulgar acariciando el mío. Por un breve momento recuerdo cómo fue cuando Peter tomó mi mano.

***

Ayer, Peter Lanzani, me pidió que vaya al baile de Bienvenida con él. Dijo que me llamaría anoche, pero no lo hizo. Estoy preparada para que me diga que estaba bromeando o que decidió ir con Paula Recca porque ella se abrirá de piernas. Quiero decir, sé que eso es lo que quiere un chico, ¿verdad? Están buscando algo fácil así pueden decir que lo hicieron.

Bueno, no voy a hacerlo con Peter Lanzani así que si es por eso que me invitó, le va salir el tiro por la culata.

Respiro lenta y profundamente. Voy a llegar tarde a clase pero no me importa. Peter está ahí y realmente no quiero verlo ahora. Mamá tenía razón, un chico como Peter Lanzani no quiere nada con una chica como yo. Estoy del lado equivocado de Beaumont.

Cierro mi casillero de un portazo y volteo, chocando con un cuerpo. Retrocedo y levanto la mirada. Peter me está mirando, sus ojos llenos de vida. Tira mi mano en la suya y nos conduce a las puertas dobles. Ya no voy a llegar tarde. Oficialmente estoy faltando a mi primera clase así Peter puede romper mi corazón. Al menos, técnicamente, tenía medio día para acostumbrarme a la idea de bailar con él.
 
Abre las pesadas puertas de metal, su agarre en mi mano apretándose. Nos lleva al campo de fútbol. Oh Dios, quiere que lo hagamos bajo las gradas. ¿Quiero eso? Si no, tal vez me dirá que no puede ir al baile conmigo. Desearía haberle contado a Eugenia sobre esto antes de que se escapara con Nicolás. Sé que ellos están prontos a hacerlo. Ella habla sobre eso todo el tiempo, pero yo todavía no quiero hacerlo.

Rodeamos el campo de fútbol y nos dirigimos hacia el campo de béisbol. Quiere hacerlo en la caseta. Supongo que es mejor que detrás de las gradas porque al menos hay un banco donde puedo acostarme.

Nos metemos en la parte trasera de la caseta, lejos de la vista de la escuela. Sé que quiere ahora. Bajo la mirada y me pregunto si me mancharé las rodillas con césped.

Su mano libre ahueca mi rostro y supongo que debería estar feliz de que al menos quiere besarme primero, o tal vez esto es un tipo de prueba de lengua. Oh, como desearía poder llamar a Eugenia ahora mismo.

—¿Por qué te estás escondiendo?

Sacudo la cabeza, empujando mi cara en su mano aún más. Todavía está sosteniendo mi otra mano, probablemente tratando de evitar que me vaya.

—Eres demasiado hermosa para esconderte, Lali.

—No estoy lista —suelto. Me tapo la boca mientras mis ojos se abren como platos.

Está confundido por mis palabras y sacude la cabeza.

—Solo quiero hablar —dice—. Lamento no haber llamado anoche, mi padre me estaba sermoneando y para cuando terminó e hice toda mi tarea eran pasadas las nueve y no quería molestar a tus padres si estaban durmiendo.

Creo que estoy enamorada.

***

—Si hubiera sabido que todo lo que tenía que hacer para hacerte sonreír era tomar tu mano, lo habría hecho ayer.

No tenía la intención de sonreír, pero al pensar sobre cuán torpe era con Peter, no puedo evitarlo. Era tan comprensivo y cariñoso.

Me siento derecha y le doy a Pablo mi sonrisa más reconfortante. No voy a poder seguir echándole la culpa a Nicolás por mi mal humor por mucho tiempo. Tarde o temprano va a empezar a hacer preguntas. Preguntas que conducen a respuestas que no estoy lista para escuchar o aceptar.

Cuando nos detenemos en la entrada de Eugenia, la motocicleta de Peter está en el garaje. Cierro los ojos y me pregunto cómo sería subirme atrás, inclinarme y presionar mi pecho contra él y envolver mi brazo alrededor de su cintura

Un golpe en la ventana me asusta.

—¿Vas a entrar? —pregunta Pablo antes que pueda abrir la puerta. Cuando salgo, me toma de la mano—. ¿Estás bien?

—Sí, estoy bien —digo mientras entramos a la casa.

No estoy preparada para lo que se encuentra dentro. Noah corre pasándome (mi hijo que no me ha hablado desde el viernes) directo hacia Peter y le muestra su revista Sports Illustrated.

La vista de Peter sentado en el sofá, vestido con una camiseta de fútbol con Rufina a su lado, y mi hijo parado ahí deseoso de mostrarle algo en una revista, no es nada comparado con él inclinándose hacia adelante y olvidándose del juego solo para poder hablar con Noah.

Corro al baño antes que Pablo pueda ver mis lágrimas. No estoy siendo justa con él. Nunca me he quejado de que Peter no estuvo presente en la vida de Noah y ahora que está aquí, lo quiero. Quiero ver feliz y capaz a Noah de decir que tiene un papá, pero también sé que Pablo quiere ese título. Puede que lo merezca, pero tal vez le deba a Peter la oportunidad de dejar que Noah tome esa decisión.
 
Cuando vuelvo a la sala, la escena es cómica. Peter tiene a todos los niños a su alrededor y Pablo está sentado solo. Trato de no reírme mientras tomo asiento a su lado.

Peter me observa por el rabillo del ojo y sonríe burlonamente cuando Pablo pone su brazo a mí alrededor. Se le acaban las sonrisas cuando ve que me jala más cerca y sé que Pablo se está preguntando por qué estoy tan rígida y no caí en la curva de su brazo.

—Bueno, odio terminar esta fiesta, pero le prometí a la señorita Rufina que veríamos al menos un juego —dice Peter, causando que Rufina salte y Noah ponga mala cara.

Peter se agacha y susurra algo en el oído de Noah y sonríe.


Al ver la cara iluminada de Noah, me doy cuenta que tengo que poner a un lado mi enojo y hacer lo correcto para mi hijo y darle a Peter una oportunidad. Mi decisión lastimará a Pablo, pero es algo que debo hacer por Noah.


CONTINUARÁ... Hoy es mi cumple y estoy generosa, así que sino me duermo en un ratito más subo otro! Besos!

Capítulo 15

PETER

N
o quería decírselo así porque sabía que no sería capaz de manejar la imagen que tenía frente a mí. Sus ojos caen, retrocede y su pecho comienza un sube y baja mientras trata de recuperar el aliento. Se me parte el corazón al verlo, es peor que la noche que rompí con ella. Esa noche tomé el camino cobarde.

***
—Me alegro que estés aquí, debes estar cansado. —Su mano encuentra la mía y trata de llevarme dentro de su dormitorio pero no me muevo—. ¿No quieres entrar?

Quiero, pero no puedo. Si entro nunca la dejaré y nada cambiará. Mi vida será el mismo patrón una y otra vez, y si no cambio me volveré loco.

Sacudo la cabeza ligeramente, pero es suficiente para llamar su atención.

—¿Algo está mal, Peter?

Mi garganta comienza a cerrarse, mi corazón… se siente como si estuviera a punto de salirse repentinamente de mi pecho. Sé que estoy haciendo lo correcto, pero, ¿por qué se siente tan mal?

—He salido de la escuela.

La primera mirada de lo que está a punto de convertirse en enojo se propaga por su rostro. Me desvié del plan. El plan de todo americano donde me convierto en un jugador de fútbol de la NFL5 y vivimos en un barrio tranquilo donde criamos a nuestros dos hijos, un niño y una niña, y ella va a mis partidos y nunca se pierde uno porque es mi porrista personal.

—Bien, ¿por qué?

—Yo… um… no puedo…

—¿No puedes qué? Estás asustándome, bebé. Entra y hablaremos. Llamaremos a tu entrenador y lo solucionaremos.

Siento una sensación de alivio cuando dice que vamos a llamar a mi entrenador. Esto es exactamente lo que no quiero y sé que he tomado la decisión correcta. No quiero jugar al fútbol nunca más.
—No puedo estar contigo nunca más, Mariana. —No puedo mirarla cuando digo esas palabras. Me doy la vuelta y me alejo, ignorando su voz mientras grita mi nombre. Corro pasillo abajo, zigzagueando entre la gente que acaba de presenciar cómo rompimos mi chica y yo.

***

Quiero dar un paso adelante, envolverla en mis brazos y decirle que esa noche cometí el error más grande de mi vida cuando la dejé aquí. Debería haberla tomado, empacado sus maletas y llevado conmigo. Los dos días de viaje a Los Ángeles hubieran sido mucho mejor con ella acurrucada en mis brazos por la noche mientras dormíamos en la cama de la camioneta. Mi desayuno de Doritos y Coca-Cola hubiera sido el mejor que he tenido nunca porque hubiera estado conmigo.

Pero en lugar de eso, pasé dos días conduciendo con lágrimas surcando mi rostro porque le hice la cosa más horrible que jamás había hecho. Rompí mi propio corazón cuando le dije que me iba.

—La…

Levantó su mano y paré de hablar. Cuando levanta la mirada, es esa noche de nuevo. Su maquillaje estaba corriéndose por su cara, negro y pesado, dejando un camino de dolor arruinando su belleza.

—¿Qué pudo ser tan importante para que simplemente me abandonaras?

Suspiro, no estoy seguro de cómo explicar a Betty y el día que cambió mi vida.

—Ya te lo dije, necesitaba algo diferente.

—¿No era yo?

—No. —Sacudo la cabeza para enfatizar mi punto—. No eras tú. Nunca has sido tú. Me odio a mí mismo por no llevarte conmigo. Debería habértelo pedido, pero no creí que vinieras y no quería que me dijeras que no.

—Así que, ¿simplemente rompiste mi corazón y me dejaste para criar un bebé por mi cuenta?

—Dios. Maldita sea, La. Si hubiera sabido del bebé me hubiera quedado y pensado en algo. Me hubiera casado contigo y vuelto a la escuela.

—¿Pero hubieras sido feliz?

No puedo contestarle y lo sabe. Mi silencio es suficiente.

Toma una respiración profunda y asiente.

—Así que te fuiste a California y te convertiste en un gran músico. ¿Sabes qué es lo gracioso? No pensé que te gustara mucho la guitarra. Sé que la tocabas mientras me cantabas, pero siempre pensé que estabas bromeando. Ese tipo de cosas me hacen una novia de mierda.

—¿No pensabas que era bueno?

Sacudió la cabeza.

—No, no es eso. Solo pensaba que era una broma para ti, algo que hacías para irritar a tu padre.

—Siempre he tocado. Me calma y me ayuda a expresar lo que estoy sintiendo. Cuando dejé la universidad, toqué más y más. Fui a una noche de micrófono abierto del campus y toqué. Lo amé, amé cada segundo de ello y decidí decírtelo, pero no escuchabas. Solo querías hablar sobre fútbol, y tus clases, y lo que estaba haciendo Nicolás y Eugenia. No me escuchaste cuando traté de decirte que mi cabeza iba a explotar y que me despertaba cada noche con el corazón acelerado porque estaba tan malditamente solo y odiaba la escuela. Mis tres mejores amigos estaban en universidades diferentes y estaba a estados de distancia con nadie.

Lali se apoya contra el mostrador, mirándome. Era la primera vez que en realidad me miraba y no tenía el ceño fruncido. Su cara surcada por las lágrimas es bella. Quiero secarlas. Tomar los últimos diez años y borrarlos.

Quiero empezar de nuevo.

»Mira, solamente vine aquí a hablar de Noah, pero nos hemos desviado un poco del camino y no me gusta verte llorar.

—¿Lo haces? —Mira hacia arriba como si se tratara de una broma para mí.

No puedo evitar sonreír ante lo inocente que se ve.

—El hecho de que esa noche me fuera no significa que las cosas cambiaran para mí.

La sorpresa da vueltas por su cara. Me mira, probablemente preguntándose si le estoy diciendo la verdad. Lo hago, pero eso es lo más cerca que voy a llegar de admitirlo.

—Tengo un concierto en Agustín, así que mejor me voy. Te veré más tarde, La. —Dudo antes de alejarme. Daría cualquier cosa por sentir sus brazos a mí alrededor, por oírla decir que me patearía el trasero una vez más. Porque sus labios toquen los míos, aunque sea solo por un momento. Sería suficiente para durar otros diez años.

***

El aparcamiento está lleno cuando llego a Agustín. Nos encontramos anoche en la tienda y me pidió que le hiciera un favor. Realmente no le podía decir que no, ya que solía comprarnos cerveza. Además, ¿qué tiene de malo pasar un poco de tiempo en un concierto de bar entre amigos?

Con la guitarra atada a mi espalda, abro la puerta.

La multitud es pequeña y perfecta. Agustín me ve y se acerca para encerrarme en sus largos brazos.

—Muchas gracias, Peter. —Me da una palmadita en la espalda. Su sonrisa agradecida.

—Cualquier cosa por ti, pero, uh, ¿no lo has anunciado?

—Sí, lo he hecho —dice rascándose la cabeza—. Pero todo el mundo pensaba que estaba tomándoles el pelo.

Empiezo a reír. Esa es la cosa más divertida que he escuchado en mucho tiempo.

—Está bien. Vamos a pasar un buen rato.

Sigo a Agustín al bar y disfrutamos algunas cervezas legales por primera vez. La gente se amontona alrededor, ignorándome y eso me gusta. Unos pocos se detienen a saludar, pero están hablando con Peter Lanzani, no Page.

Agustín me dice que está casado y que ahora está domesticado. Me parece difícil de creer, pero lo felicito. Me invita a cenar y me doy cuenta que mi tiempo aquí casi ha terminado. Le digo que tal vez en otro momento porque tengo que regresar el lunes. Pone cara pensativa, pero me dice que entiende que soy un músico de lo grande y todo eso.

Desearía entender.

Finalmente voy al pequeño escenario. Yo, mi guitarra, un taburete y una botella de cerveza. No hay luces brillando en mi rostro. No hay chicas gritonas tirándome su ropa interior. Mi banda no está detrás quejándose del sonido, y cuando miro a la izquierda del escenario, no hay nadie de pie esperando que dé un espectáculo perfecto.

Soy solo yo en un bar con un centenar de personas, más o menos.

Agustín baja las luces y veo unas cuantas cámaras salir. El flash me ciega, pero estoy acostumbrado a ello.

—Así que, soy Peter Page. —La multitud estaba en silencio hasta que hablé. Algunos de los clientes me llaman tío, otros silban y eso me recuerda por qué me subo al escenario noche tras noche. Amo este sentimiento. Amo el momento en que mi dedo rasga la guitarra para el primer acorde que escribí y la multitud se vuelve loca. Me encanta salir y ver a la gente cantando mis canciones como si fueran las suyas propias.

Mientras toco, la gente se empareja y baila. Esta es la primera vez en años que he hecho un solo en un bar y recuerdo por qué me gustaba tanto.

Los fans están involucrados, son parte del espectáculo. Cuanto más largo es mi concierto, más aparecen. Agustín está haciendo un gran negocio esta noche y se mantiene suministrándome una cantidad constante de cerveza a pesar que está llevándose botellas medio vacías.

Alguna chica grita que me ama, le digo “gracias”. Incluso con algo tan inocente como eso, nunca he dicho o diré a los fans que los amo. Solo he amado a una persona en mi vida y esas palabras están reservadas para mi chica y ahora para mi hijo.

Sentado aquí me doy cuenta que quiero ser un padre para Noah.

Quiero que me vea así y sepa que hay más en la vida que el fútbol. Él puede ser un artista, un músico o incluso vivir debajo de un puente y yo todavía apoyaría su decisión, si me lo permitiera.

Cuando levanto la vista, Agustín está abrazando a alguien, y junto a ellos se encuentra la pelirroja que vi con Lali el otro día en su tienda. Cuando Agustín retrocede, veo que es Lali a la que está abrazando. Ella se queda en la parte de atrás, apenas puedo distinguirla en la oscuridad, pero puedo sentirla. Ella vive en mi piel.

—Acabo de escribir esta canción chicos, así que son los primeros en oírla. Me disculpo si es un poco ruda.

Busco, esperando ver su rostro. Canto el primer verso en su dirección, mis ojos fijos en el último lugar en que la vi. Mi segundo verso me desgarra, abriendo tantas heridas.


Los brazos de una extraña,

un ardiente beso,

tratando de llenar el vacío,

de la única que extraño.




Susurros de perfume,

pestañas y encaje,

pero solo puedo oír tu voz,

estoy tan fuera de lugar.




Todos estos calmantes,

eso es todo lo que son.

Calmantes.



Acabo la última frase incapaz de mirar a la parte posterior de la habitación para comprobar si todavía sigue allí. Esta canción era para ella, una forma de decirle lo que soy sin ella sin tener que decirle las palabras.


CONTINUARÁ... Más tarde si puedo subo otro!