miércoles, 6 de mayo de 2015

Capítulo 17

PETER

R
ufina y yo observamos un juego lleno de acción que va a tiempo extra. Todavía no puedo superar el hecho de que ella conoce las llamadas mejor que la mitad de los oficiales. Me tiene riendo; es extremadamente vocal y mantiene bien su posición.

—¿Vas a jugar futbol? —le pregunto, curioso de si esto es algo que ella y
Nicolás discutieron.

—Bueno, no voy a ser una porrista como mi mamá lo fue.

Su respuesta efectivamente me cierra la boca. Nicolás había amado tener a Eugenia en los laterales de sus partidos y admito que era un dulce placer tener a mi chica alentándome. La mejor parte eran los partidos visitantes. Las porristas nos acompañaban de regreso. Lali y yo siempre nos sentábamos en el fondo donde estaba oscuro. Mis labios nunca abandonaron una parte de su cuerpo hasta que nos deteníamos en el estacionamiento de la escuela.

Alai baja, vestida exactamente de la manera opuesta que su hermana. Estas chicas son un vivo retrato de sus padres.

—Mami dice que es hora de almorzar. —Se da la vuelta y sube corriendo las escaleras, sin esperar una respuesta.

—¿Qué piensas? ¿Debemos subir por alguna comida?

Rufina salta en mi espalda. La levanto y corro alrededor del sótano como un hombre loco para poder escuchar su risa.

—¿Podemos volver a hacer esto el próximo domingo?

Dejo de correr y la giro para apoyarla en mi cadera.

—Tengo que volver a trabajar, pero quizás podamos observar juntos un partido en la computadora.

—No tengo computadora. —No voy a dejar que eso me detenga. La beso en la mejilla y le digo que no se preocupe por ello.

Cuando llegamos arriba, todos se han congregado en la sala de estar para el almuerzo, Eugenia hizo casi todas las comidas de fútbol conocidas por el hombre. Rufina y yo arreglamos nuestros platos y nos unimos a todos para el próximo partido.

Noah está sentado en el suelo así que me siento junto a él. Noto que sonríe, pero no voy a señalar algo al respecto. Le dije que luego de ver el partido con Rufina volveríamos a salir y trabajar en su coordinación del trayecto de pase. Me encantaría encontrar una manera de prolongar mi día con él, pero sé que Lali no va a dejarme. Sigo necesitando sentarme y hablar con ella sobre Noah y algún tipo de régimen de visitas. Quizás empecemos con llamadas telefónicas cada pocas noches y puedo volver a verlo cada mes.

Lo más importante es que tenemos que decirle que soy su papá, ya sea que Lali quiera o no. Puedo imaginar que él va estar herido y probablemente no me quiera ver, pero haré lo que sea que pueda para hacer las paces con él.

No formar parte de su vida no es una opción para mí.

El plato de Noah está vacío, por lo que llevo el mío y el de él a la cocina para desecharlos. Lali llega detrás de mí, su perfume abriéndose camino hacia mis sentidos. Odio que ella pueda oler tal malditamente bien en el fútbol del domingo y yo no pueda tocarla.

—Hola —dice, sorprendiéndome. Pensé que seguramente estábamos jugando el juego de evitarnos.

—Hola —respondo, apenas mirándola. Finjo limpiar, el último movimiento cobarde para evitar una conversación incómoda.

Ella solo me mira con fijeza, sus manos tirando de las presillas de su cinturón. No puedo estar aquí y mirarla por lo que llamo a Noah y le pregunto si está listo para ir afuera. Corre hacia mí, balón en mano y corremos juntos a la puerta. Le echo una mirada a ella, su cabeza gacha, dientes empujando una profunda mella en su labio inferior, antes de dirigirme afuera.

Le enseño a Noah todo lo que sé. Estoy sorprendido de que pueda recordar incluso la mitad de toda esta mierda, pero todo regresa a mí con cada pregunta que él hace. Me doy cuenta lo afortunado que es Pablo, viviendo la vida que debería haber sido mía. Tiene a mi chica y a mi hijo y no hay una mierda que pueda hacer al respecto salvo observar desde los laterales.

—¿Puedes venir a mi juego el viernes? —pregunta Noah con tal esperanza en su voz. Solo verlo rasga mi corazón en pedazos.

—Vamos a sentarnos —le digo mientras pongo mi mano en su hombre y lo llevo a un banco de picnic—. Sabes que vivo en Los Ángeles, ¿no? —Noah asiente—. Bueno, tengo que volver al trabajo, tengo plazos y personas que dependen de mí. Se suponía que estuviera aquí para el funeral y me fuera al día siguiente, pero entonces te conocí y realmente me gusta salir contigo y Rufina me pidió observar fútbol por lo que me quedé. Me digo a mi mismo que me iré mañana y tengo que hacer algo primero, pero entonces regreso a mi gato, sabes, porque él me extraña.

—Pero te odia.

—Sí, amigo, lo hace. —Empiezo a reír, Noah se une a mí. Cuando sus ojos azules se alzan hacia los míos, sé que tengo que hacer esto bien—. Estoy esperando poder hablar con tu mamá y quizás podamos hablar por teléfono o algo así.

—Ella dirá que no. Te odia o algo así, dice que se supone que no hable contigo. Hoy lo hice porque no gritará en frente de Eugenia.

Escuchar a mi hijo decirme que mi chica (su madre) me odia no me sentó muy bien.

Tengo que arreglarlo.

—Hablaré con tu mamá, ¿sí? No seas duro con ella. Perdió a su amigo y a veces los recuerdos son difíciles para lidiar con ellos.

Asiente y cuando me mira, un pedazo de mí muere. No quiero dejarlo incluso si nunca sabe que soy su padre. Quiero ser su amigo.

Ambos alzamos la mirada cuando la puerta de vidrio se desliza hasta abrirse. Lali sale con sus brazos alrededor de su cuerpo. Sus ojos están rojos, ha estado llorando. Quiero preguntarle la razón, pero también no quiero que me importe. Debería, pero no puedo. Ella tiene a Pablo y tengo que aceptarlo.

—Supongo que es hora de que me vaya —le digo a Noah quien parece como si estuviera a punto de arrojarle el balón a su madre.

—En realidad —dice mientras se acerca—, me estaba preguntando si querías cenar conmigo y Noah mañana en nuestra casa.

Miro más allá de ella, a la sala de estar donde Pablo está hablando animadamente con Eugenia.

—No, gracias —digo para disgusto de Noah. Levanto mi mano hacia él para detenerlo—. No soy un fan de Pablo. No estoy seguro de que pueda lograrlo en una cena con él.

Lali se da la vuelta y mira en la casa y cuando se vuelve está negando con la cabeza.

—Pablo va a estar lejos mañana por una conferencia. Solo seremos Noah y yo.

Sin Pablo. ¿Mi chica, mi hijo y yo? Apúntame.

—¿A qué hora?

—¿Qué tal cinco y media? Cierro la tienda a las cinco y camino a casa…

—Te recogeré —digo antes de realmente pensarlo. Solo tengo la Ducati
y un casco. Supongo que compraré uno mañana. Lali intenta ocultar su euforia pero su cara me dice todo lo que tengo que saber; ella ha fantaseado con estar en la moto conmigo y voy a hacer su fantasía realidad.

—Entonces supongo que te veré —le digo a Noah. Esto lo hace sonreír.

Me pongo de pie y camino unos cuantos pasos hasta Lali. Estoy más cerca de lo que debería, en especial con Pablo dentro de la casa. Me incline, mis labios rozando su mejilla.

—Te encantará el paseo, lo prometo —susurro en su oreja. Por más que quiero ver su expresión, tocarla me ha matado. Me aparto tan rápidamente como puedo y regreso a la casa.

Enciendo mi moto, calentando el motor para que se dé una idea de en lo que se ha apuntado para mañana y arranco. Su aroma permanece en mi piel, llenando mi casco. No estoy seguro de cómo voy a manejar con Lali en la parte trasera de mi moto mañana, pero serán cinco minutos de paraíso.



CONTINUARÁ.. 

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