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miércoles, 4 de marzo de 2015

Extra de Beautiful Disaster

Primer día de San Valentín de Lali y Peter

El espejo se quejó mientras limpiaba la condensación con una toalla. Había pasado tiempo extra bajo el agua caliente de la ducha, al igual que había pasado mucho tiempo conduciendo desde casa hasta clase, y mucho más tiempo extra encontrando el regalo perfecto para Peter. Nada sobre hoy sería apresurado. Disfrutaría cada momento con mi esposo.

Mi esposo. Incluso después de casi un año, el título seguía sonando tan extraño y tan natural al mismo tiempo. Si alguien me hubiera dicho alguna vez cuando llegué a la universidad que yo terminaría casada antes de que terminara mi primer año, les habría roto los dedos. Algunas personas no son del tipo de casarse.

Yo soy una de ellas, también Peter. De alguna forma, sin embargo, no solo lo hicimos funcionar, el año pasado fue el más feliz de mi vida.

La toalla se cayó al suelo, y mire hacia abajo, inspeccionando las oscuras, elegantes líneas en mi piel. Mis dedos tiraron suavemente, haciendo estirar la tinta, y luego soltándola, recorriendo cada delicada curva con la punta del dedo. Yo era todavía la Sra. Lanzani, y ninguna vez me he lamentado de coincidir con mi recuerdo de conseguir un tatuaje, o mi alocada idea de escapar a Las Vegas y casarme. Pero aquella ciudad olvidada de Dios fue el escenario perfecto para los dos para dejar ir nuestros demonios y empezar de nuevo.

Dejando todo eso atrás era tan simbólico, y no podía imaginarme haciéndolo de otra manera.

Justo después de que termine de secarme el cabello, mi móvil sonó contra la esquina del lavabo. El nombre de América iluminó la pantalla.

— ¿Hola?

— ¡Hey! No puedo hablar mucho. Nico acaba de llegar a casa y no deja de molestarme. Solo te quería desear un feliz día de San Valentín ya que ustedes no van esta noche. Tan solo porque están recién casados no significa que no puedan ir a más fiestas de fraternidades, lo sabes.

—Lo sé, pero eso nunca fue realmente algo de Pit, y definitivamente tampoco es lo mío. Nosotros no queremos pasar nuestro primer día de San Valentín en una fiesta, Euge.

—No te olvides, de la fiesta del año pasado en Sig Tau por San Valentín que provocó una reunión contigo y el señor Lanzani.

El recuerdo regresó con vivos detalles.

-…Y al absoluto y horrible horror de perder a tu mejor amiga porque fuiste lo suficientemente estúpido para enamorarte de ella.

¡Bueno, yo te pertenezco!...Te pertenezco.-

La voz de Eugenia me sacudió de nuevo al presente. —No me juzgues. Por lo menos ya no somos estudiantes de primer año más, y Nicolás no tiene que correr alrededor como un estúpido.

Me reí ante la visión, y entonces miré mi reloj. Peter estaría en casa en cualquier momento. —Los buenos viejos tiempos.

—En fin... como dije, no puedo estar mucho al teléfono, pero olvidé de mencionarlo anteriormente en clase, en parte porque estaba intentando mantenerme arriba con el Dr. Hunter a 300 millas por hora de conferencia, y estás en cada clase individual con tu estúpido marido, así que ya no tenemos más privacidad.

Sonreí. Coordinar nuestros horarios hizo fácil el transporte y el estudio, pero yo no tenía ni idea. Poner un anillo en mi dedo dejo algo relajado a Peter, pero él no tenía un total de uno-ochenta por nada. Los pasos realizados hacia mí fueron pocos y distantes entre sí, pero Peter era Peter, y respecto a lo que él me exigía como su amiga, y después como su novia, era diez veces mayor como su esposa.

—Feliz día San Valentín para ti y Shep, Mare. ¿Todavía les gusta el nuevo apartamento?

Ella suspiró —Lo amo.

— ¿Tienes ya el anillo?

—Diablos, no.

Me reí. Nicolás estaba feliz por nosotros cuando volvimos, pero él se atemorizó cuando Eugenia esperaba su proposición. Por suerte para él, Eugenia tenía una gran aversión por casarse antes de los treinta años con él.

—Peter llegará pronto.

—Si— respiró — mejor me voy, también. Te quiero.

Puse el teléfono de vuelta sobre el lavabo y fruncí el ceño, sabiendo que tendría que correr, ahora. Justo cuando terminaba de rizarme el cabello, la perilla de la puerta hizo una serie de balanceos y una especie de ruidos, era una señal de que Peter estaba en casa.

Docenas de pequeños de clics ruidosos se escuchaban a través del suelo, y luego se transfirieron a la puerta. Toto se sentaba en el sillón, esperando y mirando hacia la ventana cada día a esta hora. Una vez que la llave entraba en la cerradura, Toto treparía de la silla a la puerta, esperando celebrar la llegada de Peter.

Peter me recogía después de clases y después iba a trabajar unas pocas horas en la tarde. La última pelea de Peter generalmente lo mantendría cómodo por un tiempo, pero a causa del fuego en Hellerton, no le pagaron. Mis ahorros se agotaron debido a las payasadas de Carlos del año pasado, y el círculo desapareció desde el incendio. Peter prometió no pelear, de todos modos, pero habíamos pasado de vivir bien, a vivir de los préstamos estudiantiles y empleos a tiempo parcial. No era horrible, pero era un ajuste.  

Ambos dábamos clases privadas por la tarde- yo ayudando a estudiantes a luchar con algebra y con difíciles variables de cálculo, Peter realizaba tutoría en todo lo demás- pero la mayoría de las facturas se pagaron con el dinero que él hizo por trabajos escritos. Trabajos ilegales y arriesgados pagaban mejor, y los viejos hábitos mueren duramente.

Las botas de Peter habían hecho tres pisadas en el suelo del apartamento y después se retiraron. Un sonido de forcejeo hizo que las esquinas de mis labios se levantaran. La primera nevada de la temporada paso con dos pulgadas de nieve medio derretida y lodosa en el suelo, y él sabe que limpie esta mañana así no tendría que hacerlo después de clases. Él estaba limpiando sus botas.

— ¡Bebe! ¿Estás en casa?

— ¡Estoy en casa!— Entoné, tirando hacia arriba mis pestañas con el aplicador de rímel.

El toco la puerta del baño.

— ¡No entres!

El gimió. — ¡No te he visto en todo el día!

— ¡Me viste hace tres horas!

Después de una pequeña pausa Peter golpeteo la puerta con los dedos —Veo un regalo ahí afuera, ¿supongo que es para mí?

—No, es para Toto

— ¡Eso no es lindo!

Me reí —Si, Pit, es para ti.

—Tengo algo para ti, también, así que apresura tu trasero.

—La perfección toma tiempo.

—Si te hubieras visto en la mañana, sabrías que eso no es verdad.

15 minutos después, estaba escurriendo un vestido rojo tipo baby doll prestado de Eugenia por encima de mi cabeza, y después camine hacia la sala donde Peter estaba. Él estaba mirando la televisión con el control en una mano y una botella de cerveza en la otra. Mi cara era neutral estaba sorprendida por el hecho de que él estaba llevando una corbata. Era oficial: lo había visto todo.

Peter me dio una ojeada desde la esquina de su ojo y se volvió.

—Maravilloso. Soy afortunado, un hombre afortunado—dijo, caminando hacia mí hasta que estuve en sus brazos, sus labios tomaron los míos cuidadosamente, y después viajaron por mi mejilla en vertical, pasando cuidadosamente por mi cuello hasta mi clavícula.

—Estas llevando una corbata—dije suavemente.

Él se apartó y miró abajo. — ¿Me veo como un idiota?

—No, te ves... Estoy considerando sugerir que nos quedemos así.

Él sonrío y orgullosamente corrió su mano abajo hacia la corbata. —Qué bien, ¿eh? —Él agarro mi mano. —Eso suena jodidamente increíble, pero tenemos una reservación. Vamos.

Él me llevó afuera de la mano, haciendo una pausa en la puerta para ayudarme con mi abrigo.

Febrero había sido particularmente brutal. Si no estaba lloviendo o cayendo granizo, el cielo estaba descargando nieve a metros de profundidad. Peter me ayudó a bajar las escaleras, por lo que me sentí segura de no resbalarme en mis tacones de aguja, pero cuando llegamos a la acera, me levantó en sus brazos.  

Entrelacé mis dedos en su cuello, ajustando mi nariz entre el lóbulo de su oreja. Él se sentía increíble. Cuanto más pensaba en ello, más pensaba que deberíamos quedarnos en casa.

Después de una hora y media, nosotros estamos sentados en la barra de Rizuli, un restaurante local de comida italiana. Peter me llevo a comer a la competencia del restaurante de los padres de Parker, eso fue lo que pasó por mi mente, pero decidí no mencionarlo.

El sitio estaba lleno, pero afortunadamente encontramos un par de asientos vacíos en la barra mientras esperábamos una mesa.

Tomé un sorbo de mi pajita, y observé a Peter con el ceño fruncido— ¿Que está mal?

—Quería que esta noche fuera especial. Esto es un poco sencillo.

— ¿sencillo? Este es uno de mis restaurantes favoritos.

—sí, pero un poco... corriente. Quería que nuestro primer San Valentín juntos, no lo sé, fuera extraordinario, ¿supongo? Mira a toda esta gente aquí, haciendo las mismas cosas que nosotros.

—Eso no es una cosa mala.

Una mujer gritó sobre las docenas de conversaciones tarareando en toda la habitación.

— ¿Lanzani?

—Vamos— dijo Peter bajándose del taburete. Me tendió la mano —vámonos.

— Pero, — dije apuntando a la mujer. —Ella nos ha llamado por nuestro apellido

Peter sonrió, su hoyuelo se hundió en su mejilla. —Vamos, Pidge.
Sin decir una palabra, me bajé y tomé su mano, siguiéndolo fuera. Sólo se detuvo para tomar la cena, y luego continuó. Giro tras giro, Peter se dirigía a la universidad.

—No me vas a llevar a la fiesta de Sig tau, ¿verdad?

La cara de Peter demostraba disgusto.  

Tenía una idea de a dónde nos dirigíamos cuándo estábamos a cuadras de distancia, pero no fue hasta que Peter estacionó el coche en frente del Bartlen Hall que sabía exactamente lo que estaba haciendo.

—Estas bromeando, ¿verdad?

—Nop —dijo, cerrando de golpe la puerta del conductor y después corriendo hacia mi lado para abrirme la puerta.

Peter tomó mi mano, y rápida y tranquilamente hicimos nuestro camino a la parte posterior del edificio.

—No—dije, mirando la ventana del sótano abierta.

Peter ya se había respaldado y saltó antes de que pudiera protestar más. — ¡Vamos Pigeon!

La nieve estaba aún esparcida por el suelo. Iba a estar húmeda y fría y al instante de mal humor. — ¡de ninguna manera!

La mano de Peter salió disparada desde la oscuridad del sótano como un gato llegando por debajo de una puerta. — ¡Será como en los viejos tiempos!

—No simplemente no, Peter. ¡Diablos no!   

— Se está poniendo solitario aquí abajo.

— ¡Esto es una idea horrible!

— ¡Estas arruinando mi plan!

— ¡Estás loco! Este ni siquiera es mi vestido, ¡y estas pidiéndome que lo arruine!

— Es un poco temprano en la noche para eso.

Podría casi escucharlo intentando no reírse. Crucé mis brazos. Después de una larga pausa, la voz de Peter, baja y desesperada, flotaba por la ventana. — ¿Por favor?

Rodé mis ojos. —Bien.

Dos pasos hacia atrás, un chillido, y una caída después, me encontraba en los brazos de Peter en el sótano de Bartlen. La construcción donde nos encontramos por primera vez.

Finalmente uno de los salones abrió a una habitación grande y familiar y sin los chicos borrachos de la fraternidad gritando hombro a hombro. Parecía más grande, y menos... sudorosa.

Yo podía casi escuchar la voz de Adam a todo volumen a través del megáfono, y sentí una corriente de energía explotar una vez que Peter entro en la habitación. Pensé en lo de mi sangre rociando mi cárdigan, y mis ojos viajando desde mi cachemir hasta un par de botas negras.

Peter me llevó al centro de la habitación. El recuerdo de él limpiando la sangre de mi cara y alejando a todo aquel que se me acercara se reprodujo en mi mente.  

—Pidgeon, — dijo Peter, casi al mismo tiempo en que él dijo la palabra en mi memoria.

—Es aquí donde todo empezó.

—Donde te vi por primera vez. Cuando volviste todo mi jodido mundo al revés. — Él se inclinó hacia abajo y me besó en la mejilla, y luego me entregó una pequeña caja. —No es mucho. He estado ahorrando para ello, sin embargo.

Lo abrí, y una ancha, y ridícula sonrisa atravesó mi rosto. Era una encantadora pulsera.

—Es la historia de nosotros—, dijo.

Un suéter, un par de dados, una perla verde con tréboles en ella. Miré a Peter.
—Se supone que eso significa nuestra apuesta—, dijo él, juntando los dados, —y esto es por la primera noche que bailamos, dijo él, señalando una perla roja.

El siguiente dije era una moto, el siguiente un corazón. — ¿Por la primera vez que te dije te amo?

— Sip —el parecía complacido de que lo imagine por mi cuenta.

— ¿Y esta?— dije, señalando una baraja de cartas. — ¿Por la noche de Poker con tu padre?— Peter sonrió de nuevo. El siguiente era un pavo, y yo reí. El próximo dije era una planicie negra.

— Por el tiempo que pasamos separados. El momento más oscuro de mi vida.
La siguiente era una llama. No me gusta pensar en el fuego, pero era una parte de nuestra historia, y era una parte de nosotros. La siguiente cuenta era un anillo.

Levanté la vista hacia él. —Esto es hermosamente asombroso.

—Hay espacio para más. Este es solo el comienzo de nuestra historia, Pidge.

Me puse el brazalete alrededor de la muñeca. Peter me ayudó con el cierre, y después el jugueteó con su móvil por un momento, lo colocó en una mesa pequeña a unos metros de distancia. Él puso mis manos sobre sus hombros, y luego la música empezó a sonar. Era la canción que bailamos en mi fiesta de cumpleaños del año anterior.

—No tenía idea—dije.

— ¿Qué?

—Que eras tan sentimental

— Tú lo hiciste.

Apoyé la cabeza en su hombro, feliz de que esta vez pudiera besarlo cuando la canción terminara. Una vez que la música se detuvo, toqué mis labios con los suyos, y le entregué un saco rojo claro.

—Debí haberte dado esto primero, la pulsera era algo difícil de seguir. —No importa lo que sea, Pigeon. Ya me has dado todo lo que siempre quise.



FIN

¡Hola! Esto es lo que os dije el otro día, es como una especie de especial que hizo la escritora para San Valentín cuando salió el libro. El próximo día ya subo la sinopsis de la próxima nove y quizás el capítulo 1. ¡Besos!

lunes, 1 de diciembre de 2014

Epílogo

Peter me apretó la mano cuando contuve la respiración. Traté de mantener mi cara tranquila, pero cuando me encogí, su dominio se hizo más fuerte. El techo blanco estaba empañado en algunos lugares por manchas de filtración. Aparte de eso, la habitación estaba impecable. Ningún desorden, no había utensilios esparcidos. Todo estaba su lugar, lo que me hizo sentir medianamente a gusto con la situación. Había tomado la decisión. La llevaría a cabo.

—Bebé… —dijo Peter, frunciendo el ceño.

—Puedo hacer esto —le dije, mirando a las manchas en el techo. Salté cuando dedos tocaron mi piel, pero traté de no tensarme. Podía ver la preocupación en los ojos de Peter cuando comenzó el zumbido.

—Pigeon —comenzó Peter de nuevo, pero negué con la cabeza con desdén.

—Está bien. Estoy lista. —Sostuve el teléfono lejos de mi oído, haciendo una mueca tanto por el dolor como por la conferencia inevitable.

— ¡Te voy a matar, Lali Espósito! —Exclamó Eugenia—. ¡Matar!
—Técnicamente, es Lali Lanzani, ahora —dije, sonriéndole a mi nuevo marido.

— ¡No es justo! —Se quejó ella, la ira hundiéndose en su tono—. ¡Se suponía que debía ser tu dama de honor! ¡Se suponía que debía ir de compras por el vestido contigo y lanzar una fiesta de despedida de soltera y sostener tu ramo!

—Lo sé —dije, viendo desvanecerse la sonrisa de Peter cuando hice una mueca de dolor otra vez.

—No tienes que hacer esto, lo sabes —dijo, sus cejas se unieron entre sí.

Apreté sus dedos con mi mano libre.

—Lo sé.

—¡Eso ya lo dijiste! —Gritó Eugenia.

—No estaba hablando contigo.

—Oh, estás hablando conmigo —se quejó ella—. Por supueeesto que estás hablando conmigo. Nunca vas a oír el final de esto, ¿me oyes? ¡Nunca, jamás te perdonaré!

—Sí lo harás.

—¡Tú! ¡Eres una...! ¡Eres simplemente egoísta, Lali! ¡Eres una terrible mejor amiga!

Me eché a reír, haciendo que el hombre sentado a mi lado se sacudiera.

—No se mueva, Sra. Lanzani.

—Lo siento —dije.

— ¿Quién fue ese? —Gruñó Eugenia.

—Ese fue Griffin.

— ¿Quién diablos es Griffin? Déjame adivinar, ¿invitaste a un desconocido a tu boda y no a tu mejor amiga? —Su voz se hacía más aguda con cada pregunta.

—No. Él no fue a la boda —dije, aspirando una bocanada de aire.

Peter suspiró y se movió nervioso en su silla, apretando mi mano.  

—Se supone que debo hacer esto, ¿recuerdas? —le dije, sonriéndole a través del dolor.

—Lo siento. No creo que pueda soportar esto —dijo, con voz llena de angustia. Relajó su mano, mirando a Griffin—. Date prisa, ¿quieres?

Griffin negó con la cabeza.

—Cubierto de tatuajes y no puede soportar que su novia consiga una simple inscripción. Terminaré en un minuto, camarada.

El ceño fruncido de Peter se profundizó. —Esposa. Ella es mi esposa.

Eugenia jadeó una vez procesada la conversación en su mente. — ¿Te estás haciendo un tatuaje? ¿Qué está pasando contigo, Lali? ¿Respiraste humos tóxicos en el incendio?

Miré hacia abajo a mi estómago, a la confusa mancha negra justo en el interior de mi hueso de la cadera y sonreí.

—Pit tiene mi nombre en su muñeca —aspiré otra bocanada de aire cuando el zumbido continuó. Griffin secó la tinta de mi piel y empezó de nuevo. Hablé a través de mis dientes—: Estamos casados. Quería algo, también.

Peter sacudió la cabeza. —No tenías que hacerlo.

Entrecerré los ojos. —No empieces conmigo. Hemos hablado de esto.

Eugenia se echó a reír una vez. —Te has vuelto loca. Te voy admitir en el asilo al llegar a casa. —Su voz era aún perforante y exasperada.

—No es tan loco. Nos amamos el uno al otro. Hemos estado viviendo prácticamente juntos dentro y fuera de todo el año. ¿Por qué no?

— ¡Porque tienes diecinueve, idiota! ¡Porque te fuiste y no le dijiste a nadie, y porque no estoy allí! —Exclamó.

—Lo siento, Euge, me tengo que ir. Nos vemos mañana, ¿de acuerdo?

— ¡No sé si quiero verte mañana! ¡No creo que quiera ver a Peter nunca más! —Se burló.

—Te veré mañana, Euge. Sabes que quieres ver mi anillo.

—Y tu tatuaje —dijo, con una sonrisa en su voz.

Colgué y cerré el teléfono, entregándoselo a Peter. El zumbido se reanudó de nuevo, y mi atención se centró en la sensación de ardor seguido por el segundo dulce de alivio cuando limpiaba el exceso de tinta. Peter empujó mi teléfono en su bolsillo, agarrando mi mano entre las suyas, inclinándose hasta tocar su frente con la mía.

— ¿Te asustaste así de mucho cuando te hiciste tus tatuajes? —Le pregunté, sonriendo a la expresión de aprehensión en su rostro.

Se movió, parecía sentir mi dolor mil veces más que yo. —Uh... no. Esto es diferente. Esto es mucho, muchísimo peor.

— ¡Listo! —Dijo Griffin con un gran alivio en su voz como el reflejado en el rostro de Peter.

Dejé que mi cabeza cayera hacia atrás en la silla.

— ¡Gracias a Dios!

— ¡Gracias a Dios! —suspiró Peter, acariciando mi mano.

Miré hacia abajo a las hermosas líneas negras en mi piel enrojecida e inflamada:

Sra. Lanzani
—Vaya —dije, levantándome sobre los codos para tener una mejor visión. El ceño fruncido de Peter al instante se convirtió en una sonrisa triunfal

—Es hermoso.

Griffin negó con la cabeza. —Si tuviera un dólar por cada esposo tatuado nuevo que trae a su esposa aquí y se lo toma peor de lo que ella lo hace… bueno. No tendría que tatuar a nadie nunca más.

—Sólo dígame cuánto le debo, grandísimo idiota —murmuró Peter.

—Voy a dejar su factura en el mostrador —dijo Griffin, entretenido con la réplica de Peter.

Miré alrededor de la habitación al cromo brillante y los carteles de las muestras de tatuajes en la pared, y luego de vuelta a mi estómago. Mi apellido nuevo relucía en gruesas letras negras elegantes. Peter me miraba con orgullo, y luego miró hacia abajo a su anillo de boda de titanio.

—Lo hicimos, bebé —dijo en voz baja—. Todavía no puedo creer que seas mi esposa.

—Créelo —dije, sonriendo.
Me ayudó a levantarme de la silla y favorecí mi lado derecho, consciente de que cada movimiento que hacía causaba que mi jeans rozara mi piel en carne viva. Peter sacó su billetera, firmó el recibo con rapidez antes de que me llevara de la mano al taxi que esperaba fuera. Mi celular volvió a sonar, y cuando vi que se trataba de Eugenia, lo dejé sonar.

—Nos va a hacer sentir miserable por un largo tiempo, ¿cierto? —dijo Peter con el ceño fruncido.

—Hará puchero por veinticuatro horas, después de que vea las fotos, lo superará.

Peter me lanzó una sonrisa maliciosa. — ¿Estás segura de eso, Sra. Lanzani?

— ¿Alguna vez vas a dejar de llamarme así? Lo has dicho cientos de veces desde que salimos de la capilla.

Él negó con la cabeza mientras sostenía la puerta del taxi abierta para mí. —Voy a dejar de llamarte así hasta que esto termine siendo real.

—Oh, es real de acuerdo —dije, deslizándome a la mitad del asiento para dejarle espacio—. Tengo recuerdos de la noche de boda para probarlo.
Se apoyó en mí, corriendo su nariz por la piel sensible de mi cuello hasta que llegó a mi oído.

—Desde luego que sí.

—Ay... —dije cuando se presionó en contra de mi vendaje.

—Oh, maldita sea, lo siento, Pidge.

—Estás perdonado —sonreí.

Rodamos hacia el aeropuerto de mano en mano, y me reí cuando vi a Peter mirar a su anillo de boda sin disculpas.

Sus ojos tenían la expresión pacífica a la que me estaba acostumbrando.

—Cuando lleguemos al apartamento, creo que finalmente me daré cuenta, y voy a dejar de actuar como un idiota.

— ¿Me lo prometes? —sonreí.

Me besó la mano y la acunó en su regazo entre sus manos. —No.

Me reí, apoyando mi cabeza sobre su hombro hasta que el taxi redujo la velocidad hasta detenerse frente del aeropuerto. Mi celular volvió a sonar, mostrando el nombre de Eugenia una vez más.

—Es implacable. Déjame hablar con ella —dijo Peter, alcanzando mi teléfono.

— ¿Hola? —Dijo, esperando que acabara la corriente estridente en el otro extremo de la línea. Él sonrió—. Porque soy su marido. Puedo responder su teléfono, ahora. —Me miró, y luego abrió la puerta del taxi, ofreciéndome su mano—. Estamos en el aeropuerto, Eugenia. ¿Por qué no Nico y tú nos recogen y puedes gritarnos a ambos en el camino a casa? Sí, todo el camino a casa. Debemos llegar en torno a las tres. Muy bien, Euge. Nos vemos entonces. —Hizo una mueca con las duras palabras de ella y luego me pasó el teléfono—. No estabas bromeando. Está enojada.

Le pagó al taxista y luego tiró su bolsa al hombro, tirando de la manija de mi equipaje para rodarlo. Sus brazos tatuados se tensaron mientras empujaba mi bolso, con la mano libre buscando a la mía.

—No puedo creer que le hayas dado luz verde para que nos tenga por una hora entera —dije, siguiéndolo a través de la puerta giratoria.

—Realmente no crees que voy a dejar que le grite a mi esposa, ¿verdad?

—Te estás poniendo muy cómodo con ese término.

—Creo que es hora de que lo admita. Sabía que ibas a ser mi esposa más o menos a partir del segundo en que te conocí. No voy a mentir y decir que no he estado esperando el día que lo pudiera decir... así que voy a abusar del título. Deberías acostumbrarte a él, ahora —dijo esto con la mayor naturalidad posible, como si estuviera dando un discurso practicado.

Me reí, apretándole la mano. —No me importa.

Me miró por el rabillo de su ojo. — ¿No? —Negué con mi cabeza y me jaló a su lado, besando mis mejillas—. Bien. Te vas a hartar de esto durante los próximos meses, pero sólo dame un respiro, ¿de acuerdo?

Lo seguí por los pasillos, escaleras mecánicas, y las líneas de seguridad. Cuando Peter caminó a través del detector de metales, un timbre fuerte se disparó. Cuando el guardia del aeropuerto le pidió a Peter que se quitara su anillo, su rostro se tornó grave.

—Lo sostendré, señor —dijo el oficial—. Sólo será por un momento.

—Le prometí que nunca me lo quitaría —dijo Peter a través de sus dientes.

El oficial extendió la palma de su mano, paciencia y divertida simpatía arrugaba la fina piel alrededor de sus ojos.

Peter a regañadientes, se quitó el anillo, lo estrelló en la mano del guardia, y luego suspiró cuando caminó por la puerta, esa vez sin activar la alarma. Caminé a través de ella sin novedad, entregándole mi anillo también. La expresión de Peter era tensa, pero cuando se nos permitió pasar, sus hombros se relajaron.

—Está bien, bebé. Está de regreso en tu dedo —le dije, riendo ante su reacción exagerada.

Me besó en la frente, jalándome a su lado mientras nos dirigimos a la terminal. Cuando capturé la mirada de los que pasábamos, me pregunté si era obvio que estábamos recién casados, o si simplemente notaban la sonrisa ridícula en el rostro de Peter, un fuerte contraste con su cabeza rapada, brazos tatuados y músculos sobresalientes.


El aeropuerto era un hervidero de turistas emocionados, de pitidos y zumbidos de las máquinas tragamonedas en el aire, y la gente serpenteando en todas direcciones. Le sonreí a una joven pareja tomada de la mano, viéndose tan excitados y nerviosos como Peter y yo lo hicimos cuando llegamos. No me cabe duda de que se irían sintiendo la misma mezcla de alivio y desconcierto que sentimos, llevando a cabo lo que habían venido hacer.  

En la terminal, eché un vistazo a través de una revista, y toqué suavemente la rodilla violentamente rebotando de Peter. Su pierna se congeló y me sonrió, manteniendo mis ojos en las fotografías de las celebridades. Estaba nervioso por algo, pero esperé a que me dijera, sabiendo que estaba trabajando a nivel interno.

Después de unos minutos, su rodilla se balanceó de nuevo, pero esta vez lo detuvo por su cuenta, y luego, lentamente, se dejó caer en su silla.

— ¿Pidge?

— ¿Sí?

Unos cuantos minutos pasaron, y luego suspiró.

—Nada.

El tiempo pasó demasiado rápido, y parecía que apenas nos habíamos sentado cuando nuestro número de vuelo fue llamado a bordo. Una línea se formó rápidamente, y nos pusimos de pie, esperando nuestro turno para mostrar nuestros boletos y caminar por el largo pasillo hacia el avión que nos llevaría a casa.

Peter vaciló. —No puedo deshacerme de este sentimiento —dijo en voz baja.

— ¿Qué quieres decir? ¿Cómo un mal presentimiento? —dije, de repente nerviosa.

Se volvió hacia mí con preocupación en sus ojos. —Tengo ésta loca sensación que una vez que lleguemos a casa, me voy a despertar. Como si nada de esto fuera real.

Deslicé mis brazos alrededor de su cintura, pasando mis manos sobre los músculos magros de su espalda.

— ¿Es eso lo que te preocupa?

Bajó la mirada a su muñeca, y luego miró a la banda de plata gruesa en su dedo izquierdo.
—No puedo evitar la sensación de que la burbuja va a estallar, y voy a estar acostado en mi cama solo, deseando que estés allí conmigo.

— ¡No sé qué voy a hacer contigo, Pit! Me he desecho de alguien por ti, dos veces, he empacado y he ido a Las Vegas contigo, dos veces, he ido literalmente a través del infierno y de regreso, me casé contigo y me marqué con tu nombre. Me estoy quedando sin ideas para que sepas que soy tuya.

Una pequeña sonrisa adornó sus labios.

—Me encanta cuando dices eso.

— ¿Que soy tuya? —Le pregunté. Me incliné hacia arriba en las puntas de mis pies, presionando mis labios contra los suyos—. Soy. Tuya. La Señora de Peter Lanzani, por siempre y para siempre.

Su pequeña sonrisa se desvaneció mientras miraba hacia la puerta de embarque y luego hacia abajo a mí. —Voy a seguir jodiendo, Pigeon. Vas a hartarte de mis estupideces.

Me eché a reír. —Estoy harta de tus estupideces, ahora. Aun así me casé contigo.


—Pensé que una vez que nos casáramos, me sentiría un poco más tranquilo acerca de perderte. Pero siento que si subo a ese avión...

— ¿Peter? Te amo. Vamos a casa.

Sus cejas se juntaron. —No me vas dejar, ¿verdad? ¿Incluso cuando soy un dolor en el trasero?

—Juré ante Dios... y Elvis... que no lo haría, ¿cierto?

Su ceño se aligeró un poco. — ¿Esto es para siempre?

Una de las esquinas de mi boca se elevó. — ¿Te haría sentir mejor si hacemos una apuesta?

Otros pasajeros comenzaron a caminar alrededor de nosotros, aunque lentamente, observaban y escuchaban nuestra conversación ridícula. Al igual que todas las otras veces, estaba manifiestamente consciente de las miradas indiscretas, pero esta vez era diferente. Lo único que podía pensar era en que la paz regresara a los ojos de Peter.

— ¿Qué clase de marido sería si apostara en contra de mi propio matrimonio?
Sonreí. —Del tipo estúpido. ¿No escuchaste a tu padre cuando te dijo que no apostaras contra mí?

Él levantó una ceja. —Así que estás así de segura, ¿eh? ¿Apostarías en ello?

Envolví mis brazos alrededor de su cuello y sonreí contra sus labios. —Apostaría mi primer hijo. Así de segura estoy.

Y luego volvió la paz.

—No puedes estar tan segura —dijo, la ansiedad ausente en su voz.

Levanté una ceja, y mi boca se elevó hacia un lado.


— ¿Quieres apostar?



FIN

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Aquí tenéis el epílogo. Espero que hayáis disfrutado y os haya gustado. Más tarde subiré la nove para descargar y la sinopsis del próximo libro. ¡Besos!