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martes, 29 de septiembre de 2015

Capítulo 12

―En serio Peter, ¡dormirás en el piso!

Él me mira mientras está de pie en la puerta de mi cuarto de baño apenas en bóxers. Dios, se ve bien.

―No dormiré en el puto piso.

―Tú quisiste venir aquí.

―¿Y?

―Así que dormirás en el suelo.

―Follamos esta noche, ¿O simplemente olvidaste eso?

Sonrío.

―Y gracias por eso, sigo sin cambiar de opinión.

―Es una lástima.

Él se sube a la cama y se desliza, yo le doy un empujón en el pecho, pero no se mueve.

―Eres un idiota.

Se encoge de hombros y yo me volteo, cuando la luz se apaga, me quedo mirando la oscura pared durante mucho tiempo. Mientras creo que está dormido, él se da vuelta y se inclina sobre mí, susurrando en mi oído:

―Realmente no te importa que esté en tu cama.

―¡Me importa!

―No seas rápida, sé que no me odias, así que deja de actuar como si lo hicieras.

―Desde luego, ¡no me gustas!

―¿Todavía estás enojada porque me fui? Pensé que era la que querías, que te dejara ir.

―Pensé que éramos amigos al menos y simplemente te olvidaste de mí.
―Mierda, estaba haciendo lo que te prometí que haría. ¿Qué es lo que quieres de mí? Te quejaste y gemiste cuando estuviste allí, deseando irte y cuando te dejo ir, ¡te enojas!

―Quiero dormir ―interrumpo.

―Está bien.

Me doy la vuelta con un gruñido y me toma una hora caer en un sueño inquieto, sólo para despertar en medio de una pesadilla sobre Manchez. Mi temor más grande en el mundo es ser atrapada por él. Me asusta como la mierda. Me levanto sollozando y aferrándome a las sábanas. Estoy jadeando y temblando. Tengo este maldito sueño todo el tiempo, y sólo se pone peor y peor.

Peter se sienta, aturdido preguntando qué sucede. No contesto.

―Hey… ―Pone un brazo alrededor de mí y me aplasta contra su pecho. Yo gimo y lloro y él me acaricia el cabello―. Fue sólo un sueño, no permitiré que te haga daño.

Yo hipo y me estiro por él, la desesperación se hace cargo. Necesito consuelo, quiero comodidad. Sólo necesito que él esté conmigo, que me acaricie y me toque hasta que todo desaparezca. Encuentro sus labios y desesperadamente tiro de él hacia mí, con un gemido desliza su lengua en mi boca para hacerla bailar con la mía. Me muevo hasta que estoy cabalgando entre sus caderas.

Su dura erección se presiona en mi interior, haciéndome temblar.

Él me agarra la cara, profundizando el beso. Mi mente está confusa y sólo quiero comodidad. Es todo lo que necesito. Sólo comodidad. Él es mi consuelo.

Él agarra mis bragas y me las retira con un movimiento rápido. No hay tiempo para juegos previos, igual que antes. Sólo nos deseamos uno al otro, lo deseo dentro de mí, empujándose hasta que duela. Agarra sus calzoncillos, los tira y baja poco a poco mi sexo húmedo sobre su pene.

―Dios ―gimo, aferrándome a él.

Siento sus piercings tocar ese sensible punto dentro de mí, y grito, meciendo las caderas y arañando su pecho.

Él gime y agarra mi trasero y lo utiliza para jalarme arriba y abajo. Me deslizo fácilmente a lo largo de su longitud, tan excitada que duele. Sus gemidos irregulares me llenan y me acicatean. Necesito todo de él. Cada pequeña cosa que pueda conseguir. Mueve las caderas hacia arriba, causando temblores violentos a través de mi cuerpo. Cuando me vengo a su alrededor, sus gruñidos llenan mis oídos.

―Me vengo… oh, mierda…

Él se impulsa profundo dentro de mí y me quejo cuando se aferra a mí y empuja las caderas hacia arriba para que lo ordeñe hasta la última gota.

Cuando bajo de mi altura, me aparto de él y lo miro en la oscuridad. Ambos nos quedamos en silencio por un largo momento. No debería estar haciendo estas cosas, hace que no sea mejor que él.

―Lali…

―Eso no puede volver a suceder.

―¿Por qué no? ―pregunta.

―Porque no es real.

Él se queda en silencio durante un largo momento.

―¿Es lo que te parece?

―Sí, me robaste mi vida. Pasé por el infierno y sin embargo estoy tan locamente en…

―¿De qué? ―gruñe.

―No importa, está mal. No debo tener sentimientos por ti.

―¿Qué importa cómo malditamente empezó?

―¡No es real!

―Es verdad, lo que sentimos entonces no fue creado en tu mente Lali. ¿Por qué diablos no confías en tu propio juicio?

―Tengo una mente débil Peter, mi madre está en una institución porque tiene una mente débil también. No confío en que me lleve por el camino correcto.

―¿Crees que eres débil? Déjame decirte algo, eres la chica más fuerte en la que he puesto los ojos. Estás lidiando con cosas que otros no habrían podido manejar. Lo atravesaste todo y aún estás viva. Lo que sientes es real, y sentirte de la forma en que lo hiciste cuando eras chica no te hace débil de mente. No eres como tu madre…

―Tú no sabes eso ―le susurro, sintiendo mis ojos llenarse de lágrimas.

―Sí, lo creo.

―No, no…

―Sí, ¡Malditamente lo hago!

―Me tengo que ir.

―¡Lali!

―Por favor, no vuelvas a hacer eso…

―Tú empezaste, no yo.

―Bueno, lo estoy acabando ―le susurro, después giro y salgo de la habitación.


Cuando llego a la cama de Jenny y Ava, me arrastro y me derrumbo. Ellas me sostienen toda la noche, mientras sollozo mis problemas en la almohada.



CONTINUARÁ...

domingo, 19 de abril de 2015

Capítulo 12

LALI

P
or primera vez, estoy cerrando la tienda sin ninguna razón. Mi falta de sueño es evidente por las bolsas oscuras debajo de mis ojos. Pablo tocó mi frente, siempre en modo de doctor, antes de salir para el trabajo y sugirió que me tomara un día para mí. He optado por darle a Candela otro día de descanso también. Nadie necesita flores hoy de todos modos y si lo hacen, van a entender por qué cierro y volverán mañana.

Noah está mordisqueando su cereal, con los ojos pegados a sus último Sports Illustrated. Ayer los vi a él y a Peter con reserva, pero aún les permití llegar a conocerse el uno al otro. Hoy he decidido que fue suficiente. No puedo permitir que mi hijo salga lastimado cuando Peter salga de la ciudad de nuevo. Él no está pensando en quedarse, más allá si él me lo dijo o no. Solo lo sé. Lo siento en mi corazón. Él tiene una vida lejos de Beaumont, una que no incluye a Noah y probablemente nunca lo hará.

Me sirvo una taza de café y me siento al otro lado de Noah. No mira hacia arriba, completamente cautivado en cualquier artículo que está leyendo. Garantizado que es acerca del fútbol.

Traté de disuadirlo, sugiriéndole que jugara al fútbol soccer, pero él no quería oír hablar de ello. Él ha sido natural y eso me asusta. Veo mucho de Peter en él y no quiero hacerlo.

—¿Sabías que Peter Lanzani estuvo en la portada de Sports Illustrated, cuando estaba en la escuela preparatoria?

Escupí el café, el líquido caliente goteando por mi barbilla. ¿Cómo sabe eso? Pablo y yo, así como Nicolás y Eugenia, nunca hemos discutido de Peter con Noah. Ni siquiera puedo recordar un momento en el que el nombre de Peter haya surgido. Siempre hemos bordeado en torno a ese nombre. En secreto reprendo a los maestros en la escuela que siempre alaban a Peter por todo lo que ha hecho por Beaumont y el fútbol.

***
—¿Adivina qué?

Peter envuelve sus brazos a mí alrededor por detrás, acariciando mi cuello.

—¿Qué? —le pregunto mientras pongo mis libros en el estante en mi casillero. Le echo un vistazo a nuestra foto de la graduación de Junior, Peter en su esmoquin negro y yo en mi vestido rojo a la rodilla.

—Alguien va a estar en la portada de Sports Illustrated.

Me doy vuelta y envuelvo mis brazos alrededor de él. Yo sé que él quería esto desde el año pasado, cuando estuvo a punto de romper el récord estatal por pases de área y está cerca de nuevo este año.

—Estoy tan orgullosa de ti.

—No podría haberlo hecho sin mi chica —dice antes de besarme de lleno en los labios, un gran no-no en el pasillo.

—Deberíamos ir a celebrar.

—¿Qué estás pensando? —pregunta sugestivamente.

Me encojo de hombros, empujando mis dedos en su cabeza recién afeitada.

Sus ojos se cierran mientras masajeo su cuero cabelludo. Le encanta cuando hago esto.

—¿Están tus padres en casa? —pregunta y cuando sacudo la cabeza negando, pone una de mis manos en las de él y nos conduce fuera de la escuela.

***

—¿Cómo lo sabes? —pregunto apenas capaz de pronunciar las palabras sin atragantarme.

—Vi la tapa en el museo en nuestro viaje de campo.

—¿Es ahí donde conociste a Peter el otro día? —Me pica la curiosidad.

Cuando Peter se presentó en la tienda no tenía ni idea de cómo se enteró de Noah.

Noah asiente.

—Yo estaba molesto por algo que tenían por Nicolás y él estaba en el baño. Hablamos y le dije que él era el hombre besándote en el video. ¿Era tu novio?

¿Debo contestar o desviar la conversación? O solo debo salir y decirle que él es su padre y que nos abandonó totalmente cuando estaba embarazada, aunque nunca se lo dije. Sí, eso no funcionaría.
—No quiero que hables más con Peter Lanzani.

—¿Por qué no? —dice Noah sin expresión.

—Porque… porque yo lo digo, por eso. —Me levanto y vuelvo a la cocina y vuelco mi café. Ya no sabe muy bien y no está haciendo su trabajo.

Solo quiero meterme en la cama y olvidar que esta conversación nunca empezó.

Noah golpea su revista sobre la mesa, derramando el resto de su cereal. Él se sienta allí, haciendo caso omiso, sin moverse un centímetro para limpiar su desorden.

—¿Vas a limpiar eso? —pregunto antes de tirarle un paño de cocina. El enojo brilla en sus ojos. Sé que lo he disgustado, pero él es demasiado joven para comprender la magnitud de esta situación. Peter lo va a lastimar.

—No —dice él, sin hacer contacto visual.

—¿Perdón?

Él empuja su silla y recoge su revista. Se vuelve y me mira con una expresión que nunca he visto a mi niño precioso. Su cara es de color rojo, su respiración es dificultosa.

—Me agrada Peter —grita.

Estoy sorprendida por su arrebato. Si así es como él va a ser después de dos encuentros no hay manera de que pueda dejar a Peter entrar en su vida.

—Peter no vive aquí, Noah, y una vez que se haya ido no lo volverás a ver. Déjalo así.

—¿Por qué lo odias?

No lo odio, ése es el problema y me gustaría haberlo odiado, pero él es un trastorno y ya está arruinando las cosas en mi casa y yo no quiero eso. No puedo permitir eso.

—Yo no lo odio —murmuro. Aprieto mis manos en mis sienes para con suerte evitar el dolor de cabeza inminente.

—Solías besarlo, y mucho. He visto los DVD’s. ¿Cómo puedes besar a alguien tanto y no gustarte? —Noah se para frente a mí, con los brazos agarrando su revista. Sus ojos están enfocados en mí y todo lo que veo es Peter.

—Eso fue hace mucho tiempo, Noah. La gente cambia. He cambiado y también lo ha hecho Peter. Ya no somos amigos y no quiero que hables con él. Yo soy el adulto aquí y hago las reglas. Peter Lanzani está fuera de límites.

—No estás siendo justa. Me gusta y es bueno en el fútbol como yo. Él puede ayudarme a ser mejor y él dijo ¡que iba a venir a mi juego hoy!

Se me parte el corazón al ver sus lágrimas, pero prefiero tener un día de lágrimas que los meses de lágrimas que va a llorar cuando Peter lo deje. Le extiendo la mano a Noah, pero él se aleja y sale corriendo a su habitación.

Voy a tener que encontrar una manera de aguantar a Peter y decirle que no puede ir al partido. Lo que él necesita es ignorar a Noah por el bien de todos. Será más fácil de esa manera. Al menos eso es lo que me digo a mí misma.

Cuando suena el timbre de la puerta me apresuro a dejar entrar a Eugenia. Ella me da una mirada y sacude la cabeza, tirando de mí en sus brazos.

—¿Qué voy a hacer? —le pregunto a Eugenia. La guío a la cocina, nos sentamos. Ella está frente a mí, tomando mi mano cuando yo debería estar sosteniendo la de ella. Debería ser su roca en estos momentos. Acaba de perder a su marido y aquí estoy quejándome con ella.

—No estoy segura de que pueda responder eso por ti —dice ella, con los ojos llenos de compasión. Realmente tengo que dejar de pensar en mí misma y empezar a pensar en ella.

—Lo siento. No debería estar vertiendo esto en ti. Tienes suficiente a lo que hacer frente. —Quito mi mano y comienzo a limpiar nuestro desorden.

La invité a desayunar, no a solucionar problemas.

—Soy tu amiga, Lali. Puedes verter cualquier cosa en mí.

Sacudo la cabeza y la dejo sentada en la mesa. Ella viene y se para junto a mí mientras el fregadero se llena con jabonosa agua caliente.

—Lo recuerdo todo con tanta claridad. Es como si todos mis recuerdos son este libro brillante y colorido convertido en una pesadilla. Soñé con él anoche y no he hecho eso desde que Noah tenía dos años. Dejé de leer las revistas y de buscar los videos musicales, porque necesitaba un corte limpio y ahora él está aquí por los próximos días y no hay nada que pueda hacer para evitar que esta noche vaya al juego de Noah.

—¿Has pensado en sentarte con él y hablar acerca de Noah? —pregunta y comienzo a lavar los platos. Empapo mis manos en el agua y disfruto de la sensación de la quemadura del agua caliente.

—No creo que pueda. —Suspiro e inclino mi cabeza contra la suya—. Pablo quiere que Peter firme unos documentos de adopción o algo así, pero no sé. Pablo y yo no hemos discutido sobre esto y me temo que es una reacción visceral por lo de Peter apareciendo en la ciudad.

Eugenia toma mis manos entre las suyas y las saca del agua. Estamos goteando agua y burbujas de jabón en la parte delantera de nuestra ropa y en el suelo. Ella las mantiene apretadas, con los ojos llenos de lágrimas.

—Perdí a mi marido la semana pasada y no fui capaz de decirle adiós. Se te ha dado una segunda oportunidad y si tomas esa oportunidad solo acerca de Noah o para encontrar un cierre por ti misma, se lo debes a los tres encontrar un término medio. Si Noah alguna vez averigua que Peter es su padre y que no le dijiste mientras él tiene esta única oportunidad de conocerlo, nunca te lo perdonará, Lali, y nunca te lo perdonarás a ti misma.

—Peter lo va a lastimar —le digo a través de las lágrimas.

—Peter puede sorprenderte si le das una oportunidad.

***
Terminamos de pasar el resto de la tarde en su casa evitando el tema de Peter. Eugenia decidió que quería hacer frente a la habitación masculina en el sótano y estamos marcando las cosas que ella piensa que a los amigos de Nicolás les gustarán. Cuando veo el nombre de Peter en la lista tengo que luchar contra las lágrimas (es como si ella lo hubiese perdonado por todo sin pensarlo dos veces) porque Peter está consiguiendo el trofeo de Nicolás al Jugador Más Valioso que él se ganó en la universidad.



CONTINUARÁ...

viernes, 20 de febrero de 2015

Capítulo 12

CAPÍTULO 12

ANIVERSARIO

LALI
Gotas de agua en mi piel, mezclándose con el protector solar y magnificando la textura de mí bronceado estómago. El sol caía sobre nosotras, y todos los demás en la playa, provocando una danza de calor en ondas en la parte superior de la arena entre los brillantes parches de toallas de playa.

—Señora —dijo el camarero, inclinándose con dos bebidas. El sudor goteaba de su piel oscura, pero sonreía—. ¿Lo carga a la habitación?

—Sí, gracias —le dije, tomando mi margarita de fresa congelada y firmando el recibo.

Eugenia tomó la suya y agitó el hielo con su pequeño pajita. —Esto. Es. El Cielo.

Todos nos merecíamos un poco de cielo para recuperarnos del año pasado.

Después de asistir a decenas de funerales, ayudar mucho a Peter con su culpa, y desplegar más preguntas de los investigadores. Los estudiantes que se encontraban en la lucha mantuvieron el nombre de Peter fuera al hablar con las autoridades, pero los rumores se extendían, y tomó mucho tiempo para que la detención de Adam fuera suficiente para las familias.

Tomó un montón convencer a Peter para que no se entregara. La única cosa que parecía detenerlo era el que le rogase que no me dejara sola, y el saber que Bauti sería acusado por interferir en la investigación. Los primeros seis meses de nuestro matrimonio estaban lejos de ser fáciles, y nos pasamos un montón de largas noches discutiendo sobre lo que era correcto hacer. Tal vez era incorrecto para mí mantener a Peter en prisión, pero no me importaba. No creía que era más culpable que cualquiera que había elegido estar en ese sótano esa noche. Nunca me arrepentiría de mi decisión, al igual que nunca me arrepentiría de mirar directamente a los ojos de ese detective y mentir hasta mis huesos para salvar a mi marido.

—Sí —dije, mirando el agua subir por la arena y luego retroceder—. Tenemos que agradecerle a Peter. Estuvo en el gimnasio con el mayor número de clientes que pudo encajar alrededor de sus clases seis días a la semana de las cinco de la mañana hasta las diez de la noche. Todo esto fue gracias a él. Porque te aseguro que no fue el dinero de mis tutorías lo que nos trajo hasta aquí.

—¿Agradecerle? ¡Cuando me prometió una boda real, no sabía que quería decir un año después!

—Eugenia —la regañé, girándome hacia ella—. ¿Podrías ser más malcriada? Estamos en una playa, bebiendo margaritas congeladas en St. Thomas.

—Supongo que me dio un poco de tiempo para planificar tú despedida de soltera y la renovación de tus votos —dijo, tomando un sorbo.

Sonreí, girándome hacia ella. —Gracias. Lo digo en serio. Y esta es la mejor despedida de soltera en la historia de las despedidas de soltera.

Candela se acercó y se sentó en la silla al otro lado de mí, su corto cabello castaño de duendecillo brillaba bajo el sol. Sacudió el agua salada de él, para aligerarlo. —¡El agua está tan cálida! —dijo, empujando hacia arriba las gafas de sol de gran tamaño—. Hay un tipo allí que enseña a los niños a hacer windsurf5. Está estúpidamente caliente.

—Tal vez puedes hablarle para que sea nuestro stripper más tarde —dijo Eugenia, con la cara seria.

María frunció el ceño. —Eugenia, no. Peter estaría furioso. Lali, esta no es realmente una despedida de soltera, ¿recuerdas?

Eugenia se encogió de hombros, dejando que sus ojos se cerraran detrás de sus gafas de sol. Aunque María y yo nos acercamos demasiado desde que me mudé, ella y Eugenia aún no se hallaban en los mejores términos. Probablemente debido a que ambas decían exactamente lo que pensaban.

—Culparemos a Candela —dijo Eugenia—. Peter no puede enojarse con ella. Tiene una deuda eterna con ella por dejarlo entrar a Morgan esa noche que se encontraban peleados.

—Eso no quiere decir que quiero estar en el lado equivocado de la rabia Lanzani —dijo Candela, estremeciéndose.
Me burlé. —Sabes que él no ha arremetido en mucho tiempo. Tiene bajo control su ira ahora.

Candela y yo compartimos dos clases ese semestre, y cuando la invité al apartamento para estudiar, Peter la reconoció como la chica que lo dejó entrar a nuestro dormitorio. Como Peter, su hermano también era miembro de la fraternidad Sigma Tau, así que ella era una de las pocas chicas bonitas en el
campus con la que Peter no se había acostado.

—Peter y Shepley estarán aquí mañana por la tarde —dijo Eugenia—. Tenemos que hacer nuestra fiesta esta noche. No crees que Peter esté sentado en casa sin hacer nada, ¿verdad? Vamos a salir y vamos a jodidamente pasar bien el rato, te guste o no.

—Eso está bien —le dije—. Simplemente sin strippers. Y no demasiado tarde. Esta boda tendrá público. No quiero verme con resaca.

Candela levantó la bandera al lado de su silla, y casi inmediatamente un camarero vino.

—¿En qué puedo ayudarla, señorita?

—Una piña colada, por favor.

—Por supuesto —dijo, retrocediendo.

—Este lugar es ostentoso —dijo Eugenia.

—Y te preguntas por qué nos tomó un año ahorrar para esto.

—Tienes razón. No debería haber dicho nada. Pit quería que tuvieras lo mejor. Lo entiendo. Y fue agradable que mamá y papá pagaran mi pasaje. De seguro no habría sido capaz de llegar de otro modo.

Me reí.

—Me prometiste que podía ser una dama de honor y hacer todo lo que me hiciste perder el año pasado. Los veo pagando como regalo de boda y regalo de aniversario para ti, y un regalo de cumpleaños para mí todo en uno. Si me preguntas, lo consiguieron barato.

—Todavía es demasiado.

—Lali, te quieren como a una hija. Papá está muy emocionado sobre caminar contigo hacia el altar. Déjalos hacer esto sin arruinar el espíritu —dijo Eugenia.

Sonreí. Mark y Pam me trataron como familia. Después de que mi padre me colocó en una situación peligrosa el año pasado, Mark decidió que necesitaba un nuevo padre —y se nominó a sí mismo. Si necesitaba ayuda con la matrícula o los libros o una aspiradora nueva, Mark y Pam se aparecían en mi puerta. Ayudarme también les dio una excusa para visitarnos a Eugenia y a mí, y era obvio que disfrutaban la mayor parte de eso.

Ahora no sólo tenía al revoltoso clan Lanzani como familia, sino que también tenía a Mark y Pam. Había pasado de pertenecer a nadie, a ser parte de dos familias maravillosas que eran increíblemente importantes para mí. Al principio, me hizo sentir ansiosa. Nunca he tenido mucho que perder antes. Pero con el tiempo, me di cuenta de que mi nueva familia no iba a ir a ninguna parte, y aprendí cuánto bien podía venir de la desgracia.

—Lo siento. Voy a tratar de aceptar esto amablemente.

—Gracias.

—¡Gracias! —dijo Candela, tomando su bebida de la bandeja. Firmó la cuenta y comenzó a sorber el brebaje con sabor a fruta—. ¡Estoy muy emocionada de ir a esta!

—También yo —dijo Eugenia, mirando en mi dirección. Apenas me había perdonado por casarme sin ella. Y, honestamente, esperaba que nunca tratara de sacar el mismo movimiento conmigo. Pero el matrimonio seguía siendo un largo camino que recorrer para ella.

Ella y Nicolás iban a conseguir su propio apartamento, pero ambos decidieron que a pesar de que se hallaban siempre alrededor del otro, Eugenia se quedaría en Morgan, y Nicolás se mudaría a Helms, el dormitorio de hombres.

Mark y Pam eran los más contentos con este arreglo. Amaban a Nicolás, pero estaban preocupados de que el estrés de las cuentas y los trabajos del mundo real afectaran a Nicolás y a Eugenia en el enfoque de la escuela. Eugenia se esforzaba, incluso en los dormitorios.

—Sólo espero no tener problemas. No me gusta la idea de estar de pie delante de toda esa gente mirándonos.

Eugenia exhaló una risa. —Elvis no fue invitado, pero estoy segura de que aun así será hermosa.

—Todavía no puedo creer que Elvis estuvo en tu boda —dijo Candela, riendo.

—No el que está muerto —dijo María sin expresión.

—Él no fue invitado en esta ocasión —dije, mirando a los niños tomando clases de windsurf y haciéndolo por su cuenta.

—¿Cómo fue? ¿Casarse en Las Vegas? —preguntó Candela.

—Fue... —dije, pensando en el momento en que nos fuimos, casi exactamente un año atrás—, estresante y aterrador. Estaba preocupada. Lloré. Fue bastante perfecto.

La expresión de Candela era una combinación de disgusto y sorpresa. —Así suena.



PETER
—Vete a la mierda —le dije, disgustado.

—¡Oh, vamos! —dijo Nicolás, temblando de risa—. Solías decir que yo era el único sometido.

—Vete a la mierda otra vez.

Nicolás apagó el motor. Había aparcado el Charger en el lado más alejado del estacionamiento de Cherry Papa’s. Casa de las más gordas y sucias strippers de la ciudad. —No es como si fueras a llevarte a una de ellas a casa.

—Se lo prometí a Pidge. Sin strippers.

—Te prometí una despedida de soltero.

—Amigo, vamos a casa. Estoy lleno, cansado, y tenemos que coger un avión en la mañana.

Nicolás frunció el ceño. —Las chicas han estado tumbadas en una playa en St. Thomas durante todo el día, y ahora es probable que estén de fiesta en un club.
Sacudí la cabeza. —No vamos a clubs sin el otro. Ella no haría eso.

—Lo haría si Eugenia lo planeó.

Sacudí la cabeza de nuevo. —No, jodidamente no lo haría. No voy a entrar en el club de striptease. O bien eliges otra cosa, o me llevas a casa.

Nicolás suspiró y entrecerró los ojos. —¿Qué hay con eso?

Seguí su línea de visión a la próxima cuadra. —¿Un hotel? Nico, te amo, hombre, pero no es una despedida de soltero real. Estoy casado. E incluso si no lo estuviera, todavía no tendría sexo contigo.

Nicolás sacudió su cabeza. —Hay un bar allí. No es un club. ¿Está eso permitido en tu larga lista de reglas del matrimonio?

Fruncí el ceño. —Solo respeto a mi esposa. Y sí, imbécil, podemos entrar ahí.

—Increíble —dijo, frotándose las manos.

Atravesamos la calle, y Nicolás abrió la puerta. Estaba completamente oscuro.

—Uh... —comencé.

De repente, las luces se encendieron. Los gemelos, Tato y Tyler, lanzaron confeti en mi cara, la música comenzó a sonar a todo volumen, y luego vi la peor cosa que jamás había visto en mi vida: Bautista en una tanga, cubierto de unos diez kilos de brillo corporal. Llevaba una barata peluca amarilla, y Cami se reía en voz alta, animándolo.

Nicolás me empujó el resto del camino. Mi papá se hallaba a un lado de la sala, de pie junto a Pepo. Ambos sacudían sus cabezas. Mi tío Jack se encontraba al otro lado de Pepo, y luego el resto de la habitación estaba llena de hermanos Sigma Tau y jugadores de fútbol.

—Dije sin strippers —expresé, mirando atónito como Bautista bailaba por la habitación como Britney Spears.

Nicolás se echó a reír. —Lo sé, hermano, pero parece que el espectáculo comenzó antes de llegar aquí.

Era un choque de trenes. Mi cara se frunció con disgusto mientras miraba a Bautista golpear y moler su camino a través del cuarto; a pesar de que yo no quería. Todos en la sala lo animaban. Figuras de cartón de tetas colgaban del techo, y había incluso un pastel de pechos en una mesa al lado de mi padre. Había estado en varias despedidas de soltero antes, y ésta tenía que ganar algún tipo de premio por la más rara.

—Oye —dijo Bautista, sin aliento y sudando. Sacó unos mechones de pelo amarillo de su cara.

—¿Perdiste una apuesta? —pregunté.

—De hecho, lo hice.

Tato y Tyler se encontraban al otro lado de la habitación, golpeando sus rodillas y se reían tan fuerte que apenas podían respirar.

Le di una palmada al culo de Bautista. —Te ves caliente, hermano.

—Gracias —dijo. La música empezó y sacudió sus caderas hacia mí. Lo alejé, y sin inmutarse, bailó por la habitación para entretener a la multitud.

Miré a Nicolás. —No puedo esperar para ver cómo le explicas esto a Lali.

Sonrió. —Ella es tu esposa. Tú lo harás.

Por las próximas cuatro horas, bebimos y hablamos, y vimos a Bautista hacer un completo ridículo de sí mismo. Mi padre, como era de esperar, se fue antes de tiempo. Él, junto con mis otros hermanos, tenía que tomar un avión.

Todos volaríamos a St. Thomas en la mañana para la renovación de mis votos.

Durante el último año, Lali hizo tutorías, y yo hice un poco de entrenamiento personal en el gimnasio local. Habíamos conseguido ahorrar un poco después de los costos escolares, la renta y el pago de su automóvil para viajar a St. Thomas y quedarnos unos días en un hotel agradable. Teníamos un montón de cosas que podríamos haber hecho con el dinero, pero Eugenia seguía hablando de eso y no nos dejaría abandonar la idea. Luego, cuando los padres de Eugenia nos dieron el regalo de bodas/regalo de cumpleaños de Eugenia/regalo de aniversario, tratamos de decir no, pero Eugenia fue insistente.

—Muy bien, chicos. Voy a estar muerto mañana si no me voy a dormir.

Todo el mundo gimió y se burlaron de mí con palabras como sometido y azotado, pero la verdad era que todos estaban acostumbrados al nuevo y más doméstico Peter Lanzani. No había puesto mi puño en la cara de alguien en casi un año.

Bostecé y Nicolás me dio un puñetazo en el hombro. —Vamos.

Condujimos en silencio. No estaba seguro de lo que Nicolás pensaba, pero no podía jodidamente esperar para ver a mi esposa. Ella me había dejado el día anterior, y era la primera vez que estábamos separados desde que nos casamos.
Nicolás se detuvo en el apartamento y apagó el auto. —Servicio a la puerta, perdedor.

—Admítelo. Lo extrañas.

—¿El apartamento? Sí, un poco. Pero te extraño peleando y nosotros haciendo toneladas de dinero.

—Sí. A veces lo hago, también. Nos vemos en la mañana.

—Te recojo aquí a las seis y media.

—Nos vemos.

Nicolás se alejó lentamente mientras yo subía los escalones, en busca de las llaves del apartamento. Odiaba volver a casa cuando Lali no se hallaba aquí. No había nada peor después de conocernos, y era lo mismo ahora. Tal vez aún más miserable porque Nicolás y Eugenia ni siquiera se encontraban allí para molestarme.

Empujé la llave y abrí la puerta, cerrándola tras de mí y lanzando mi billetera en la barra de desayuno. Ya había llevado a Toto al hotel para mascotas para ser atendido mientras no nos encontrábamos aquí. Estaba jodidamente silencioso. Suspiré. El apartamento había cambiado mucho en el último año. Los carteles y señales de bar desaparecieron, y las fotos de nosotros y pinturas aparecieron. Ya no era un piso de soltero, pero era un buen cambio.

Fui a mi habitación, me desnudé hasta quedar en mi bóxer Calvin Klein, y me metí en la cama, enterrándome bajo el edredón floral azul y verde; algo más que nunca habría visto el interior de este apartamento si no fuese por Lali. Acerqué su almohada y apoyé la cabeza. Olía como ella.

El reloj marcaba las dos de la madrugada. Estaría con ella en doce horas.




CONTINUARÁ... quedan dos caps más y termina!