sábado, 18 de octubre de 2014

Capítulo 4

Lali

El fútbol americano es la vida entera de Vico. Él es una de esas personas que se mete de lleno en el juego. Si su equipo favorito pierde, estará molesto durante días. Si hablas mal acerca de cualquiera de los miembros del equipo, es que estás buscando una pelea a puños.  Yo solía temer la llegada de la temporada de fútbol cada año. Era incluso peor cuando el equipo en el que él jugaba en la secundaria perdía, lo cual no sucedía muy seguido si él jugaba.

Él se ve exactamente como papá con su cabello negro muy corto y sus oscuros ojos azules. Su cara está compuesta de rasgos angulosos y una boca gruesa que difícilmente sonríe. Ni siquiera sabrías que Vico y Pablo son gemelos si no te lo dijeran. Sí, tienen en general el mismo rostro, pero Gastón es rubio con ojos azules claros. Además, Gastón sonríe todo el tiempo y no se toma la vida tan en serio.

Vico juega en la línea ofensiva. Y es muy bueno en su trabajo. El año pasado apareció en los titulares gracias a su único sack permitido y su récord de sesenta y siete pancakes durante el último año de la secundaria. Esto
le consiguió una beca completa y una posición de tacleador izquierdo en el equipo.

Toda la familia va a verlo jugar. Lo cual incluye a mis cuatro hermanos y hermanas, más tres hijos políticos y dos nietos. Y todos llevamos jerseys con su número estampado. Es loco, pero haría cualquier cosa para apoyar a mi hermano.
                                                         
Usualmente me siento con mi iPod y leo, ahogando el sonido del juego, pero esta noche estoy en la misión de encontrar a mi chico misterioso. Y mi primera parada es Euge. Ella está en la línea lateral con su uniforme y el resto de las animadoras. Conoce a cada uno de los jugadores y espero que sepa de quién era la casa a la que fuimos anoche.

El juego aún no ha empezado, así que es mi mejor oportunidad para preguntarle.

—¡Euge! —la llamo desde el barandal en la parte baja de las gradas. Su cabello rubio da un latigazo en mi dirección y cuando me ve, pone una gran sonrisa tonta y corre hacia mí.

—Hola, cariño, esperaba encontrarme contigo antes de que te fueras a casa con tus hermanos esta mañana, ¡pero alguien no llego a casa! —me chilla, abrazándome a través del barandal.

—Sí, acerca de eso, tengo una pregunta rápida que hacerte antes de que tenga que volver a donde está mi familia —le digo agarrando sus manos.

—Dispara.

—¿De quién era la casa a la que fuimos anoche? —Trato de esconder mi emoción por descubrir el nombre de mi chico amante.

—Oh, no tengo idea, cariño. Daky solamente llamó y me invitó dándome direcciones. Ni siquiera pensé en preguntarle. ¿Por qué? —pregunta poniendo una mano en su cadera.

—Mierda, eras mi mejor apuesta. Te explicaré esta noche cuando vuelvas al dormitorio. —Suspiro de frustración. Podría preguntarle a Vico, pero probablemente lo descubriría y lo mataría.

—Bueno, está bien, pero muero por saber dónde estuviste, así que faltaré a la fiesta que hacen después. Ya tuve suficiente anoche, mi cabeza ha estado matándome todo el día. —Frunce el ceño y vuelve caminando a donde estaban las animadoras.

Hubiera podido conseguir que les preguntara a las otras animadoras, pero estoy bastante segura de que he visto a la chica que golpeé anoche en una de las prácticas de Euge. Tampoco puedo creer que hice eso. No soy propensa a la violencia, pero dame un poco de alcohol y enójame, y me tendrás lanzando puños.

Jamás volveré a beber. Sarah le dijo a papá que yo estaba con resaca así que él me dio un discurso de una hora y tuve que podar el césped. Y esas son dos cosas que odio. No puedo soportar la decepción en sus ojos y siempre me da un resfriado después de podar.

Me dirijo de vuelta a las escaleras hacia dónde está mi familia sintiéndome derrotada. Nunca descubriré quién es ese chico y eso me está matando.

—Bien, ¿qué sabía ella? —pregunta Candela, un segundo después de que me siento a su lado. 

—No sabía nada, una animadora le dio la dirección —respondo, alzando a mi sobrina Malena que viene trastabillando hacia mí. Tiene un año y es la viva imagen de mi hermano Pato. Tiene sus rizos dorados y brillantes ojos azules, pero sus mejillas son regordetas y, bueno, es una chica.

—¡Mierda, esperaba que ella supiera algo! Lo encontraremos, te lo juro, La —me dice tomando mi brazo y besando a Malena en la mejilla.

—¡Suenas como si estuvieras más involucrada que yo! —digo riendo.

—Bueno, eres mi última hermana soltera así que tengo que vivir indirectamente a través de ti. —Se ríe conmigo—. La vida de casada es aburrida y solamente tendré sexo con un hombre durante el resto de mi vida. —Alza sus cejas sugestivamente.

 —¡Ja! Está bien, Cande, te contaré cada detalle de ahora en adelante. —Sonrío con suficiencia y choco mi cadera con la suya.


Peter
Estoy sentado en la línea lateral completamente uniformado mirando el juego. Soy un estudiante de primer año redshirt, y estoy orgulloso de ello. Me encanta no tener ninguna de las presiones del juego, pero sí todas las
prácticas. Consigo estar en forma y mantener mis habilidades al máximo sin nada de ansiedad.

Estoy intentando conseguir un máster en derecho así que estaré estudiando por cuatro años más. Tuve excelentes calificaciones en mi año de graduación y me ofrecieron varias becas en varios lugares, pero quería quedarme en Arkansas con mi hermano menor.

Papá cree que estoy loco, pero él ni siquiera se la pasa aquí, y Bautista tendría que vivir casi por su cuenta. Mi papá es dueño de una gran compañía y viaja mucho. Desde que se estableció aquí, construyó su casa y comenzó su propia familia, pero luego mamá nos abandonó y huyó con su entrenador y desde entonces no la hemos visto. Tampoco vemos mucho a mi papá. Siempre está fuera en viajes de negocios o de vacaciones. Lo cual es un alivio, porque ninguno de los dos ha hecho algo por Bautista o por mí que no sea arruinar nuestras vidas. Así que en lugar de esperar a que ellos nos criaran, yo lo hice. Y creo que hice un buen trabajo, al menos en lo que a Bautista se refiere.

Es un buen chico con la cabeza en su lugar.

Me concentro en el juego y apoyo a Vico mentalmente. Es un buen amigo y me alegra que ahora esté en mi equipo. Nos conocimos hace un par de años cuando él aún jugaba en la línea de defensa. Rompió mi clavícula y yo le rompí el brazo. Desde entonces hemos sido buenos amigos. Hablábamos mucho por teléfono, pero debido a que jugábamos para equipos rivales, no nos veíamos en público. Yo solía bromear diciendo que él era mi amante. Nunca le pareció gracioso. El fútbol es la vida de Vico y no lo culpo. Él realmente podría llegar a alguna parte gracias a éste. 

También tiene una hermana menor que va a la universidad con nosotros. Apuesto a que puedo conseguir que me deje hablarle. Él y su gemelo son completamente sobreprotectores con respecto a ella. Hasta el punto de que no creo que la dejen moverse para hacer mucho o nada.

Ella podría conocer a mi chica misteriosa. Las chicas se enteran de todo. Al menos Maria lo hace, y no voy a preguntarle a ella. 

No tengo amigas mujeres por mi cuenta, y sé que consigo acostarme con muchas de ellas, pero nunca he establecido una relación con ninguna. Y permanezco alejado de las animadoras, ya que Maria está en el equipo. Hablando de ellas, me han estado dirigiendo miradas asesinas toda la noche, supongo que entonces saben de la nariz de Maria. Supongo que no puedo contar a Euge junto con ellas. Vico tiene un enorme flechazo por ella y no lo culpo. Es candentemente sexy y la persona más dulce del mundo. Ella y Maria no se llevan bien.

El juego casi ha terminado, con diez segundos en el cronómetro y nosotros con el balón. No importa si anotamos, porque vamos ganando veintidós a doce, lo cual nos deja con seis victorias y dos derrotas. Y con un Vico de muy buen humor.

***

Después del juego y las duchas, Vico y yo caminamos hacia mi camioneta. Betty es mi bebé. Es un Chevy Silverado 2012 con cabina extendida y un levantamiento de quince centímetros. Fue mi regalo de graduación de parte de papá. Él podrá no estar aquí, pero es excelente dando regalos.

—¿Dónde es la fiesta esta noche? —pregunta Vico cuando subimos a la cabina. El interior tiene unos agradables y lujosos asientos de cuero negro más suaves que el trasero de un bebé.
—En lo de Pablo, sus padres poseen una cabaña en el bosque. Me dijo que iba a haber una fogata y un par de barriles de cerveza. —Inserto las llaves en la ignición y hago que Betty acelere.

—Genial. ¿Podemos hacer una parada en el dormitorio de chicas? Mi hermana condujo mi auto de vuelta a la ciudad y tengo que recoger mis llaves.

—Sí, pero acerca de tu hermana… —Dejo la frase inconclusa porque no sé cómo va a reaccionar. Gira su cabeza rápidamente para mirarme. 

—¿Qué pasa con ella? No la conoces, ¿verdad?

—No, no la conozco, es sólo que necesito hacerle una pregunta. —Realmente espero que no me golpee.

—Si no la conoces, ¿por qué necesitarías preguntarle algo? —No suena molesto, solamente curioso y espero que siga así.

—Anoche me acosté con una chica, y no sé cuál era su nombre. Esperaba que ella me ayudara a encontrarla. —Hago una pausa, buscando las palabras correctas—. No es como cualquiera con quien me acosté. No puedo parar de pensar en ella y siento que me volveré loco si no descubro quién es.

Me mira como si nunca me hubiera visto antes.

—Vaya, ¿quién eres tú y qué hiciste con el Peter Lanzani que conozco? —Sacude su cabeza y se ríe—. No puedo creer que estés colado de una chica. Diablos, nunca habías dicho nada así de Maria. Sí, puedes preguntarle a mi hermana. Quiero conocer a esa chica que te tiene fuera de control.

Lo miro confuso.

—¿Qué quieres decir con fuera de control? —Y realmente estoy confundido porque nunca estoy fuera de control. 

—Peter, te conozco desde hace mucho tiempo y ni una sola vez habías expresado ningún tipo de sentimiento que me permitieras ver. Sé lo incómodo que te pone hablar de eso y es genial. Sólo quiero que sepas que estoy aquí para ti. —Se ríe bajo y continúa—. Sé que es tonto o lo que sea pero siempre estás tan controlado que no eres verdaderamente real conmigo.

—No sé cómo responder a eso —lo digo porque realmente no lo sé.

—Sé que tienes a tu hermano, pero tal vez necesitas a alguien fuera de tu familia que sepa lo de tus padres para hablar acerca de ello. Mi familia también es un revoltijo y sé que me puedo poner apabullante. Mira, lo que estoy intentando decir es que no tienes que ocultarme las cosas. Me importas, eres mi hermano. Soy tu amigo de verdad, hombre, no te juzgaré ni te traeré abajo —termina y me dirige una mirada incisiva.

Bajo la mano por mi cara en señal de que estoy aún más nervioso. 

—Eso es genial, Vico, lo aprecio. Se ríe ruidosamente ésta vez. 

—No hay problema. Tengo que llamar a mi hermana y decirle que nos espere en el vestíbulo.

Conduzco mientras él saca su teléfono y la llama. Trato de no escuchar pero estoy todavía más nervioso de que no me ayude. 

—Oye, La, mira, ya casi llego a tu dormitorio. —Hace una pausa mientras ella dice algo—. Sí, nos veremos en el vestíbulo, y ponte algo de ropa. Traigo a Peter conmigo. —Frunce el ceño mientras ella dice otra cosa—. Sólo ponte unos pantalones. Sé que estás alistándote para dormir. Pero él viene porque necesita un favor. —La pausa es aún más larga ésta vez y va apareciendo una típica sonrisa de suficiencia en su rostro—. Tendrás que descubrirlo por ti misma señorita remilgada. Adiós. Te veo en cinco minutos.



CONTINUARÁ...

Capítulo 3

Lali



—Cariño, ¿te sientes bien? Te ves un poco verde —pregunta Sarah. Sé que no está gritando porque Sarah no grita, pero suena como si lo estuviera haciendo. En este momento tener los ojos abiertos hace que me duela la cabeza.

—Sí, Sarah, estoy genial. —Trato de sonar alegre, pero estoy segura de que no lo pareció. Ella me mira y sacude la cabeza. La oigo levantarse de la silla de la sala de estar y entrar en la cocina. Oigo como los armarios se abren y cierran y, después de diez minutos, vuelve a entrar en la sala de estar con un vaso que contiene un líquido maloliente. 


—¿Qué es eso? —pregunto.

—Lo que necesitas para sentirte mejor. —Me entrega el vaso y sale de la habitación. Lo huelo y mi estómago se retuerce. Siempre he sido un peso ligero y no importa lo poco que beba, siempre termino con resaca. Me aprieto la nariz con mis dedos y pego unos tragos. No pasa mucho tiempo y me siento mucho mejor. Ahora que me siento mejor, me sorprendo. Ella ni siquiera se enoja conmigo por estar con resaca. De acuerdo, voy a preguntarle a papá, si ella se convirtió en una persona comprensiva.

Estoy tratando de esperar pacientemente a que mi hermana Candela venga hasta aquí, pero no creo lograrlo. Vive aquí en la ciudad con su esposo Agus y su hijo de tres años, Mateo. La llamé al segundo en que llegué aquí y le dije que se diera prisa porque tenía que hablar con ella. Lo que pasa es que Candela no se da prisa a menos de que estés muriendo, y eso tampoco es algo seguro.

Yo había llegado tarde a mi cita con Vico y Pablo para venir hasta aquí. Me regañaron y se enfadaron mucho conmigo. No sé si saben que casi duermo con alguien anoche o que sólo tenía resaca. No me he mirado en el espejo así que no tengo ni idea de cómo luzco. En el momento en el que entré por la puerta tuve que hablar con papá y Sarah. Ahora que soy libre, voy a tomar una ducha y cambiarme de ropa.

Mis padres viven en una casa de dos pisos, con ocho dormitorios y seis baños. En el primer piso todo el suelo es de madera y las paredes de un color cálido, con muebles caros que combinan. Las escaleras están alfombradas con felpa blanca y las subo de dos en dos hasta la parte superior, donde giro a la izquierda hacia mi habitación, que es la segunda puerta. Al entrar me siento inmediatamente feliz de estar en casa de nuevo. Euge ama el rosa por lo que nuestro dormitorio es un dolor de cabeza.

Mi cama con dosel, que he tenido desde que me mudé, está hecha con un edredón de Jack y Sally. La alfombra azul oscuro es suave bajo mis pies mientras cruzo la habitación para acostarme en mi cama. Miro los carteles que están colgados por todas partes. Tengo una serie de carteles que incluyen grupos como Lady Gaga, Kurt Cobain, Brand New, Machine Head y Disturbed. También tengo muchos pósters de libros. Stained por Ella James, The Secret of Ella and Micha por Jessica Sorensen, Twist por Dannika Dark, y el mejor de todos es Onyx por Jennifer L. Armentrout. Tengo que tener a mi Daemon con sus dulces ojos. Cubren mis paredes tan bien que casi no se ve la pintura azul pálido.

Entonces veo el cartel que he estado evitando observar desde que entré a la habitación. El mismo cartel que él tiene en su habitación. No quiero pensar en él en absoluto. La noche anterior fue tan descabellada que todavía no puedo creer que ocurriera. Quiero decir, ¡casi pierdo mi virginidad con un chico y ni siquiera sé su nombre! Dios, caí sentada en el territorio de putas.

Un golpe suena en mi puerta. Dios, espero que sea Candela. 

—¡Adelante! —grito.

La puerta se abre y entra mi hermana. Tiene su cabello negro recogido en un moño alto y su ceja está arqueada a lo largo de sus ojos. Me estremezco, porque no sé ni por dónde empezar. Es la única con la que puedo hablar sobre esto. No es uno de mis hermanos y puede guardar un secreto. Ana, que dios la bendiga, es una chismosa y no lo entendería. Fue virgen hasta el día en que se casó con Cris.
—De acuerdo, me di prisa en prepararme para venir aquí así que escúpelo —dice dando golpecitos con el pie en el suelo.

—Casi pierdo mi virginidad anoche —rechino.

—¿QUÉ? —grita.

—¡Shhhh! ¿Quieres a Vico y Gastón aquí? Dios, me matarían y luego a él —digo, sentándome en la cama.

 —Lo siento, sólo que me sorprendió, es todo. Cielos, La, ¿cómo demonios pasaste a los gemelos?—Se sienta en la cama conmigo.

Así que le cuento que Euge me invitó a la fiesta y nos dieron de beber un poco, antes de que Vico me viera y tratara de que me fuera. Le dije que me iba y lo dije en serio, pero luego esa chica loca tiró su bebida sobre mí. Y que él me llevó a su cuarto para conseguir una camiseta seca y todo lo que sucedió allí. No sé quién estaba en la puerta, pero el vodka me hizo desmayarme mientras esperaba que él se deshiciera de ellos. Me desperté esta mañana con mi cuerpo enroscado alrededor de su pecho y mi cabeza contra su cuello. Él tenía sus brazos alrededor de mí y su cara enterrada en mi cabello.

—Así que me asusté y salí de allí antes de que él despertara. Dejé mi camiseta allí. —Hago una pausa y dejo escapar un suspiro porque esto va a ser el ejecutor del tiro—. Ah, y no sé su nombre o incluso cómo llegar a su casa para recuperar mi camiseta.

Candela me está mirando como si nunca me hubiese visto antes.

 —¿No sabes cómo se llama? Siento que te enseñé a ser mejor que eso.

—Lo sé, y estoy totalmente avergonzada de mí misma. No sé por qué hice lo que hice. Le echo la culpa al alcohol —digo riendo de mi broma. Ella no lo encuentra divertido y me frunce el ceño. 

—¿Estás segura de que nada más pasó? Quiero decir, él podría haberse aprovechado de ti mientras estabas desmayada. Niego con la cabeza.

—No, no lo hizo. Quiero decir, nunca lo he hecho o cualquier otra cosa, pero estoy segura de que sabría si algo del tamaño de un pene hubiese estado por allí, Candela.

—Sí, tienes razón. Estarías adolorida. —Se frota la sien como si esto le ayudara a resolver mis problemas—. Bueno, tienes dos opciones. O te olvidas de tu camiseta y de lo que pasó o descubres quién es.

—Oh, voy a averiguar quién es. Esa es mi camiseta favorita y tal vez me gusten los tipos como él. —Tartamudeo al decir la última parte.
—¿Realmente, La, crees que te gusta? Oh, esto es genial. Espero que sea una persona decente porque a ti nunca te ha gustado nadie. —Sonríe de oreja a oreja—. Mamá cree que eres lesbiana y que tienes miedo de decírselos.

—¿Qué? ¿Por qué piensa eso? —pregunto. Estoy totalmente sorprendida por eso.

—Supongo que es porque usas un montón de negro y nunca has tenido un novio. Le he dicho que ese no es el caso, pero piensa que estoy mintiendo por ti. —Pone los ojos en blanco y me rio.

—¿También le dijiste que cuando sus hijos sacan a relucir sus grandes nudillos asustan a todos los chicos en los que me fijo? —Vuelvo a caer en la cama y tiro mi almohada hacia la pared—. Quiero decir, ya es lo suficientemente malo que ellos sean tan sobreprotectores, y ahora han hecho que tu mamá piense que soy lesbiana. Lo cual no es algo malo, pero simplemente no lo soy.

—Lo sé, cariño, pero ya sabes cómo es ella. Eres diferente al resto de nosotros en varios niveles. —Empiezo a enfadarme, pero ella me tranquiliza—. Eres especial para todos y cada uno de nosotros, Lali, incluso para mamá. Trajiste luz a esta casa y amor a esta familia. —Le doy una expresión confusa y continúa—. Mamá y papá estaban siempre peleando y yo tenía miedo de que se divorciaran. Recuerdo el día en que entraste en casa con tu bolso de Hello Kitty y tus grandes ojos asustados. Mamá dejó ir todo su odio y sigo sin saber que pasó pero hiciste que arreglaran todos sus problemas.

Me quedo estupefacta y de piedra. No sabía que habían estado peleando antes de que yo me mudara. Los recuerdo siempre felices. 

—¿Estás segura? Siempre parecían felices para mí.

—Estoy segura, cariño. Los arreglaste. Papá dejó de estar fuera de casa todo el tiempo y mama sonrió por primera vez en años. Y tampoco son los únicos. —Ella toma mi barbilla y la empuja hacia arriba para que pueda mirarla a los ojos—. Lali, yo salía con chicos y bebía mucho porque no quería lidiar con ellos. Me ayudaste porque los arreglaste. Mi casa estaba feliz de nuevo. Pato fumaba una tonelada de marihuana y solía estar fuera todo el tiempo también. Ana fingía que nada malo sucedía, lo que no era bueno para ella, y odio pensar en lo que hubiera sucedido si se divorciaban. ¿Y los gemelos? Reaccionaban golpeando a los chicos en la escuela y a ellos mismos hasta que entraste en su vida y dejaron de ser unos matones.

En este punto, estoy llorando porque no tenía idea de que eso estuviera pasando antes de que yo me mudara. Bueno, sabía sobre los gemelos porque estaba en la misma escuela que ellos.

—¿Por qué lloras, La? No era mi intención molestarte. Sólo quería que supieras que eres la persona más especial de esta familia. —Me da un abrazo y me seco las lágrimas antes de manchar su camiseta.


—Lo sé, Cande, estas son lágrimas de felicidad, te lo juro. —Le sonrío y finalmente siento que pertenezco a esta familia.


Peter

Ella se había ido cuando me desperté. Y se había ido como un ladrón en la noche.  Siento que me robó el corazón, así que tal vez sea una ladrona. Sé que no la conozco, o algo así, demonios, ni siquiera conseguí su nombre y eso me da vergüenza por incluso haberla tocado.

Me hizo algo, algo que no puedo olvidar o ignorar. Todavía siento sus manos en mi cuerpo y escucho los suaves gemidos que salían de sus labios. Nunca había estado con alguien tan receptivo, era como si estuviera tan perdida en mí como yo lo estaba en ella. Maria no era virgen cuando la conocí y era del tipo que follaba como si no lo disfrutara en absoluto. No es necesario decir que no teníamos relaciones sexuales muy a menudo. Y todos los encuentros al azar que he tenido en las últimas ocho semanas sólo eran para calmar el ansia.

Ella es diferente y no puedo sacarla de mi cabeza. Nunca amé a Maria, quiero decir, ¿cómo podría amar a una perra como ella? Lo intenté y creo que no debería haber estado con ella durante tanto tiempo. Simplemente sentí que era lo que se esperaba de mí. Yo era el mariscal de campo en nuestro equipo de fútbol de la escuela secundaria y ella era la capitana de las animadoras y sé que suena como un cliché, pero es lo que era.

Cuelgo su camiseta en la puerta de mi armario después de lavar con una esponja toda la cerveza que había en ella. No puedo evitar mirarla e imaginarla a ella. Es tan pequeña que me siento como pie grande a su lado. No es mi tipo en absoluto. Voy por las rubias con piernas largas y curvas. Ella no es nada de eso con su negro cabello largo y rizado y un metro y medio de altura. Donde me he excedido con grandes tetas y culos, las partes de ella entran perfectamente en mi mano. Me encanta. 

Mi hermano menor, Bauti, irrumpe en mi habitación asustándome. Tiene dieciséis años y se comporta exactamente así. Su pelo largo y rubio está recogido en una cola de caballo. Su rostro, que es muy parecido al mío, luce con un poco de picardía. Oh, mierda, sabe algo de mí. Él pasea hasta mi cama y se acuesta en el extremo. 
—Entonces, ¿quién era esa chica que estaba saliendo a hurtadillas esta mañana?

—No lo sé —digo con honestidad. Sé que no me cree.

—En serio, ¿quién era? No dejas que ellas pasen la noche aquí. —Me conoce mejor que nadie y a veces odio eso.

—En serio, Bauti, no tengo ni idea de quién era. No le pregunté su nombre. —Me estremezco por mi estupidez. Podría golpearme a mí mismo por ser un idiota. ¿Quién toca a una mujer, que lucía como ella, y ni siquiera sabe su nombre?

Me mira como si acabara de romper su iPod.

 —Peter, estoy sin palabras. ¿En qué diablos estabas pensando? ¡Oh, ya sé que no estabas pensando! —Me golpea en la parte posterior de mi cabeza. Ruedo mis ojos y le doy un empujón.

—Mira, no es así en absoluto. Quiero encontrarla. —Hago una pausa e imagino su rostro en mi mente—. No, tengo que encontrarla.

—Maldita sea, hermano, si no te conociera mejor diría que estás enamorado. —Me mira como si me hubiese salido otra cabeza.

—No estoy enamorado, Bauti, pero si alguna vez la encuentro y la conozco mejor, no creo que pase mucho tiempo para que eso suceda. —Lo miro y haré que me ayude. Odio sentirme fuera de control y esta chica me tiene amarrado.

—Demonios, Peter, nunca pensé que vería el día. Cielos, ¿no estuviste con Maria por como seis años? —Asiento con la cabeza ante su pregunta—. Ni una sola vez te veías como ahora.

—¿Cómo qué?

—Como que no tienes ni idea de que hacer. Has tenido el control de tu vida entera y ahora algo está fuera de ella. ¡A mí, personalmente, me encanta! Eres demasiado serio todo el tiempo. —Se ríe moviéndose para salir de la cama—. Te ayudaré a encontrarla. Cuando lo hagamos, te la robaré. —Sé que está bromeando, pero igual le tiro una almohada en la espalda. He gastado mucho tiempo hoy pensando en ella y es momento de prepararme para el partido de esta noche. 


CONTINUARÁ... por la noche subo otro.

jueves, 16 de octubre de 2014

Capítulo 2

Peter


—Amigo, ésta fiesta está encendida —dice Nico a mi derecha. Los cuerpos se balancean al ritmo de la música. Creo que es una canción de Lady Gaga, ella es sexy y todo, pero prefiero algo no tan pop. 

Comienzo a responder pero su rostro se llena de asombro. 

—¿Qué sucede, amigo? —grito por sobre la música.

—Mi hermana menor acaba de entrar. ¿Cómo demonios se enteró de ésta fiesta? Ella ni si quiera se junta con este grupo. —Frunce el ceño y comienza a caminar en esa dirección.

—Espera, ¿cuál es el problema? Déjala que se divierta, hombre. —Casi rio por la expresión de su rostro. Por la forma en la que habla de su hermana menor, creerías que tiene doce en lugar de dieciocho.

—Puede divertirse en su dormitorio lejos de todos éstos jugadores de fútbol americano fogosos. —Mira con desagrado algo y me giro para ver qué es. Personalmente, no veo nada, pero qué más da. No voy a detenerlo.

Mientras lo veo caminar, un par de manos cálidas hacen su camino bajo mi polo. Sé que es Maria incluso antes de mirar por sobre mi hombro para encontrarla. Nadie tiene pechos tan grandes como los de ella, y justo ahora los está presionando contra mi espalda. 
—¿Qué quieres, Maria? —le pregunto a pesar de que ya sé qué es lo que quiere. 

—Sólo te quiero a ti, dulzura —ronronea en mi oído. 

Mis manos recorren sus brazos hasta llegar a sus manos, y las alejo de mí. 

—Lo siento, pero ya no estoy en el menú. Se ve completamente enojada conmigo y veo su cara tornarse roja. 

—No puedes rechazarme, soy tu novia.

Alzo una ceja y sonrío.

Salimos durante toda la secundaria y juntos decidimos venir a estudiar aquí para que pudiéramos estar juntos, pero la semana en la que empezamos clases, ella decidió que quería salir con otras personas. 

—No, no lo creo. Recuerdo que me botaste hace más de ocho semanas.

Sus opacos ojos se encienden en llamas. Sé qué hará toda una escena, y ya estoy cansado de su drama. Honestamente, fue un alivio cuando me dejó. 

—¡Yo no te boté! ¡Estábamos en una pausa! —me grita a la cara.

—Sí, lo hiciste. Ahora vete porque esta noche no tengo tiempo para tu loca mierda, perra. —Puede que llamarla perra haya sido demasiado.

—¿Acabas de llamarme perra? ¡Nadie me llama perra! —Cuando creo que va a irse, toma el vaso de una chica que está cerca y procede a arrojármelo. Pero no sólo me da en la cara, sino que también a una chica que intentaba interponerse.

Y esa chica luce molesta. No puede medir más de metro y medio, porque la sobrepaso notoriamente. Su largo cabello está pegado a su cara, y el líquido gotea por entre su escote empapando su camisa oscura. No sé qué era lo que me esperaba que hiciera, pero no era el pequeño acto de encajarle a Maria un puñetazo en la cara. 

—¡Es mi camiseta favorita! ¡La firmó M. Shadows, y tú la arruinaste! ¡Te voy a matar! —Aquella cosita está gritándole a Maria en la cara. Y Maria tiene aquella expresión de ciervo a punto de ser atropellado en su rostro, sumándole a eso la sangre que gotea de su nariz rota. No creo que nadie jamás se le haya enfrentado, y ella no sabe cómo tomarlo.
                                                          
—Está bien, calmémonos un poco, alejémonos de la princesa perra y vayamos a conseguirte algo de ropa seca. —Envuelvo mi brazo alrededor de su cintura y descubro que ella no pesa nada. Lo cual es un cambio con respecto a Maria, que es casi tan alta como yo y bastante voluptuosa, lo cual no es malo, solamente diferente—. Maria, deberías ir al hospital a que te arreglen eso.  —Le sonrío con suficiencia y le hago un gesto de despedida con la mano.

Tomo la mano de la pequeña chica y la halo a lo largo de las escaleras para que subamos a mi habitación. Abro la puerta, la halo a ella hacia adentro y cierro. Dejé la luz encendida hace rato y me sorprende que aún no haya ninguna pareja haciendo sus cosas aquí. Soy un maniático del orden, y no encuentro nada fuera de su lugar. Mi cama con su edredón azul está tendida y mi escritorio en la esquina tiene todos los papeles en orden. 

—Siéntate en la cama. Puedo encontrar algo en lo que no quedarás nadando.

—Lo dudo, eres enorme —lo dice justo antes de ruborizarse—. ¡Por Dios! Lo siento, no quiero que me malentiendas. —Miro hacia atrás para verla y veo su rostro ruborizándose con un hermoso rosado.  En ese momento me doy cuenta de lo hermosa que es, con su cara en forma de corazón y sus ojos miel. Me siento atraído por sus labios, que son únicos.  El superior es casi invisible y el inferior es más grueso, con aquella apenas perceptible peca al lado derecho de su boca. No puedo evitar pensar en lo fácil que sería morderla y chuparla con mis propios labios. Después de ello, limpiaría toda la cerveza de su pálida piel con mi lengua.

Maldita sea, tengo que sacar mi cabeza de aquel sucio lugar. 

—Entonces, ¿cómo conseguiste que M. Shadows firmara tu camiseta? —le pregunto, tratando de poner mi cabeza en su lugar. Las ocho cervezas que tomé antes están nublando mi juicio.

—Oh, entré por detrás del escenario el año pasado durante el Edgefest cuando estaban tocando. También tengo una foto con los demás de la banda en mi pared en casa. —Luego, parece algo confusa—. ¿Sabes quiénes son Avenged Sevenfold?

Me rio y señalo el póster de Nightmare que está en la puerta del armario. 

—Sí, tengo todos sus álbumes. También fui al Edgefest el año pasado pero no fui por detrás de escena ni nada por el estilo. ¿Aunque no pensaste que era algo enfermo? Con el solo de batería y todas las luces destellantes y la forma en la que se veían en 3D en la multitud.

Ella sonríe y casi caigo sobre mis rodillas. Su rostro se ilumina completamente y juro que es un ángel.

—¡Dios mío, no sabía lo de 3D, estaba tras de escena! Eso fue algo locamente genial.


Todavía estoy algo atónito cuando ella hala la camiseta sobre su cabeza. Tiene un top de encaje blanco debajo, el cual está mojado y se puede ver a través de él. Mis pantalones comienzan a apretarme en la parte de la ingle cuando logro ver el sujetador negro que está debajo. Mientras comienza a caminar hacia mí, creo que debo estar soñando. Cuando llega a donde estoy, me quita la camiseta que encontré de las manos y se la pone. Había olvidado que encontré mi camiseta de fútbol juvenil. En ese entonces tenía alrededor de 12 años, y a ella le queda perfecta. De alguna manera me siento bien a verla usándola. 


Lali

Me encanta aquella mirada posesiva de su rostro. Aún no puedo creer que me quité la camiseta en frente de él, tuvo que ser el alcohol, porque nunca haría algo así en mis 5 sentidos. Tal vez seis tragos de vodka estuvieron algo de más. 

Examino su rostro, y juro que lo conozco de alguna parte, es que me es tan familiar. Su cabello castaño cortado a máquina mide como tres centímetros desde su cuero cabelludo, y tiene los más hermosos ojos cafés, que me recuerdan al chocolate. Tiene pómulos altos, una mandíbula fuerte con una barba de pocos días, y una nariz perfectamente recta. Veo las líneas de expresión alrededor de sus gruesos labios y me pregunto a qué sabrán. No he besado muchos chicos en mi vida, pero entraría aún siendo inexperta solamente para sentir sus labios contra los míos.

La temperatura de la habitación se eleva y desearía sólo llevar puesto el top mientras el sudor aparece en mi frente. Tal vez es sólo porque su cuerpo es ardiente. Quiero recorrer su amplio pecho con mis manos y también sus brazos. Puedo ver los músculos a través de las mangas de la camiseta y son enormes. Sacudo mi cabeza para alejar esos pensamientos, quiero decir, estoy cuerda todo el tiempo, no me pongo caliente y húmeda sólo por un tipo que ni si quiera conozco.

—Creo que ahora debemos cambiar tu camiseta. —Pestañeo pensando que no pude haber sido yo quien dijo eso.  Me sonríe y alza una ceja de forma presuntuosa 

—¿Con que es así, nena? ¿Vas a ayudarme?

Me da un escalofrío cuando me llama nena y me pregunto por qué me gustó que lo hiciera. 

—Hmmm, no lo creo. —Le sonrío con inocencia—. Imagino que no estarás tan ebrio como yo.

—No, pienso que estoy más ebrio que tú y estoy bastante seguro de que necesito tu ayuda. —Toma mi mano y la pone en el dobladillo de su suéter. No puedo creer que él esté coqueteando conmigo, y aún menos puedo creer que yo también le esté coqueteando.  Halo la camiseta de sus abdominales, los cuales están marcados, y luego de sus pectorales, que están muy bien definidos, luego la halo de su cabeza para dejarla en el suelo. Y no sé si pueda culpar al alcohol cuando comienzo a mover mis manos sobre su estómago y las subo hacia su pecho y sigo hasta abrazar su fuerte cuello.
Él sonríe y pone sus manos en la parte posterior de mis muslos, alzándolos para que mis piernas rodeen su cintura. Cuando sus labios encuentran los míos, me da un escalofrío y mi piel se pone como de gallina. Se siente lo mejor del mundo cuando su lengua juguetea con la mía y nuestros labios se mueven en sincronía. El beso se extiende infinitamente y apenas puedo respirar. Empieza a caminar hacia adelante y luego caigo.

Aterrizo en la cama antes de darme cuenta de que está encima de mí. Descansa parte de su peso en sus antebrazos, que están cerca de mi cabeza, y sus dedos acarician mi cabello.  Me pregunto por qué no está besándome, entonces veo sus intensos ojos cafés. 

—Eres muy hermosa, nena —dice finalmente y luego posa sus labios sobre los míos.

Mis manos agarran su cuello, aferrándose al beso de mi vida. Sus labios sueltan los míos de nuevo, para poder levantarse sobre sus rodillas. No puedo evitar pensar cuán hermoso es, con su piel bronceada y sonrojada. Él agarra el dobladillo de mi camiseta tirándola, así que me levanto para que pueda halarla de mi cabeza. Tanto la camiseta como el top que llevaba debajo caen al suelo, dejándome en sujetador y pantalones de mezclilla. Así que voy un paso más allá y desabrocho los ganchos de la parte de atrás del sujetador y lo boto al suelo junto a mis camisetas.


Se pasa la mano por la cara y exhala un chorro de aire. Entonces me empuja hacia abajo y sus manos se ahuecan sobre mis pechos desnudos. De nuevo me encuentro sin aliento cuando sus labios devoran los míos. Después, los besos se alejan de mi boca y empiezan a bajar por mi cuello en forma de lametones y mordiscos, y hago todo lo posible para no gemir. Cuando llega a mi pezón derecho y lo chupa con su boca, sólo puedo gemir.

—Haz ese sonido de nuevo, nena —me dice mientras se mueve hacia mi pezón izquierdo y lo hago. Lo suelta con un pop y hace el mismo camino de subida a mi boca, y me besa de nuevo. 


Peter

No puedo creer que esto esté pasando. Quiero decir, sé que estoy bastante ebrio pero ésta es la chica más atractiva que alguna vez he visto y ahora está en mi cama con el torso desnudo. Sus pechos son perfectos, del tamaño correcto como puñados con pequeños pezones rosados. Su vientre es plano y tiene un tatuaje asomándose bajo sus pantalones de mezclilla, y no puedo estar seguro pero creo que dice “Sin palabras”. Supongo que simplemente tendré que averiguarlo. Desabotono sus pantalones de mezclilla y halo la cremallera hacia abajo. Muevo mis manos hacia su cintura  y levanta su cadera para que yo pueda tirar de ellos.
Caray, su tatuaje realmente dice sin palabras, y sus pantaletas coinciden con el sujetador que se quitó. Lo tengo tan duro que realmente duele, así que me muevo para quitarme los pantalones de mezclilla y mi bóxer se va con ellos. Cuando éstos caen al piso, dejándome desnudo, vuelvo a donde estaba con ella en la cama. Me recuesto en mi lado junto a ella y se mueve justo cuando yo lo hago, y nuestros labios se encuentran de nuevo. Sus manos se mueven alrededor de mi cuello y me dan escalofríos por su ligero tacto. No puedo creer lo encendido que estoy. Nunca ha sido así con nadie más.

Muevo mi mano bajo sus pantaletas y deslizo mis dedos hacia adentro. Ella arquea su espalda cuando introduzco uno de mis dedos dentro de ella, y suelta un gemido en mi boca. Y en ese momento alguien golpea en la puerta.

—Mierda, espera un minuto, nena, y me desharé de ellos —le digo. Asiente con su rostro hermosamente sonrojado mientras me levanto para ponerme el bóxer y abrir la puerta. Apago la luz antes de abrir ya que ella está prácticamente desnuda. Abro la puerta y veo a Nico. 

—¿Qué pasa, hombre?

—Tengo que irme, así que necesito mi chaqueta. Imaginé que estarías echándote un polvo, pero necesito mis llaves. —Él sonríe. 

—Mierda, olvidé que la habías dejado aquí. —Me giro y la alzo de la perilla interna de la puerta—. Aquí tienes —le digo cuando se la entrego.

—¿Quién está ahí? —me pregunta inclinando su cabeza hacia mi habitación a oscuras—. Oh, y, ¿quién rompió la nariz de Maria?

—Ummm, ¿podemos hablar de eso luego? Estoy en medio de algo. —Le doy una mirada que claramente dice “vete ahora mismo”. Él se aleja de la puerta sosteniendo la chaqueta sobre su hombro. 

—Lo lamento hombre, ya mismo me salgo de tu cabeza. Te veré mañana en el juego. —Se gira y baja por las escaleras.

Sacudo mi cabeza y vuelvo a mi habitación. Cierro la puerta y vuelvo a prender la luz para poder ver cada centímetro de ella. Ella yace allí, con los brazos sobre su cabeza dormida. Me rio entre dientes en voz baja para no despertarla. Apago la luz de nuevo y me meto en la cama a su lado y la halo hacia mí. Suspira en sueños y pone sus brazos alrededor de mí. No pasa mucho tiempo antes de me quede dormido.


CONTINUARÁ...