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viernes, 25 de septiembre de 2015

Capítulo 9

Cuando Peter se va, busco en la casa un teléfono. Sí, lo sé, nunca pasará, pero tengo que intentarlo, sólo quiero que mi hermana y Ava sepan que estoy bien.

Por supuesto, no encuentro uno. No encuentro mucho en realidad, y me pregunto si Peter vivirá aquí todo el tiempo, o simplemente cuando roba y seduce a mujeres estúpidas que se van con hombres extraños a comprar bebidas en clubes. Acababa de decidirme acurrucarme en el sofá y buscar una película en los canales, era tiempo de que tratara de hacer lo mejor de una mala situación. Era mejor que estar sentada en esa habitación.

Lo dejo en La matanza de Texas, encontrando la película patéticamente entretenida.

Me río y resoplo, apretándome el estómago y riendo como si no me hubiera reído en meses. Me volví loca, estoy casi segura de ello. Ya es oficial, me he puesto a mí misma en la canasta de las tuercas. Me medio levanto y encuentro algo para picar. Opto por un poco de queso y galletas, antes de acurrucarme para comer y continuar mi horrible resoplar y mi risa.

¡CORRE IDIOTA! le grito a la televisión, lanzando una galleta a través de la habitación.

Eres una chica oscura, pero tu risa es como el sol.

Oigo la voz y salto, dándome la vuelta para enfrentar a un Peter divertido. Está inclinado contra el marco de la puerta con una desequilibrada sonrisa en su rostro. Dios, es hermoso. Tan perfectamente hermoso.

No soy oscura. Me enfado, lanzándome abajo sobre el sofá.

Pude escucharte reír cuando salí del coche. Supuse que estarías viendo una comedia, no una historia acerca de un asesino de masas.

Bueno, creo que es muy entretenida, muchas gracias.

Él camina frente a la televisión y recoge la galleta que tiré.

Estás tirándole galletas a mi televisión.

Te lo mereces.  

Él cae en el sofá a mi lado.

Eso como que dolió.

No.

Él me sonríe y miro hacia otro lado, sintiendo mis mejillas enrojecer.

Es un placer verte por aquí riendo.

Sí, bueno, no quiero pasar mi vida en esa habitación.

Eso es un poco exagerado ¿no te parece?

Tal vez.

Voy por una cerveza, ¿quieres una?

Lo miro con ojos muy abiertos.

¿En serio, vamos a tomar una cerveza y sólo... sentarnos como si en realidad nos lleváramos bien?

Nos llevamos bien. ―Frunce el ceño.

Bueno, debo haberme perdido eso.

Él se pone de pie y camina hacia la cocina, y vuelve con dos cervezas. Me da una y la tomo, entonces me inclino hacia atrás y meto mis rodillas en mi pecho.

Aquí hay algo para ti, si nos hubiéramos encontrado de otra forma, ¿podríamos llevarnos bien?

Pienso en ello un momento. Si nos encontráramos en otras circunstancias, sí creo que Peter y yo nos llevaríamos bien, tenemos mucho en común.

Sí, supongo que sí.

¿Por qué?

Me encojo de hombros.

Personalidades oscuras.

Se ríe y niega.

Es la primera vez para mí, llevarme bien con alguien porque es oscura.

Bueno, a veces las cosas más simples pueden formar grandes amistades.

¿Qué estás diciendo?
Nada, ahora cállate y ve la película.

Él se inclina hacia atrás, y puedo sentir su cuerpo caliente que irradia al mío.

Sí jefa.

Cuatro cervezas y otra película después, estoy fuera de combate.


CONTINUARÁ...

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¡Hola! Primero que nada gracias por comentar!! En segundo lugar quiero decir que si tardo en subir es porque no me dan los tiempos, con la universidad y eso, y ahora voy a empezar también la autoescuela, más los entrenamientos, no tengo mucho tiempo. Pero, voy a seguir subiendo. De todas formas, quería esperar un poquito para decantarme por subir unos días u otros. Aún no estoy segura, pero en principio creo que subiré martes, jueves y viernes y algún fin de puede ser. Ayer quise subir dos capítulos pero tuve un problema y no pude, así que hoy, si me acuerdo y puedo, a lo mejor subo otro. ¡Besosss!



















miércoles, 8 de abril de 2015

Capítulo 9

PETER

P
arece que últimamente estoy cometiendo errores con cada paso. Parar en la tienda fue el error de hoy. Debería haber sabido mejor. Debería haber ido directamente a la casa de Eugenia, pero no quería aparecer con las manos vacías.

Y ahora estoy en esta situación incómoda en el patio trasero con Pablo Martínez y mi hijo. Un hijo que no sabe que soy su padre. Diablos, Lali ni siquiera ha confirmado que es mío pero puedo comprobarlo cuando lo miro, es lo mejor de mí y Lali, independientemente de cómo terminó aquí o cómo nuestras vidas han tomado diferentes caminos.

¿Y quién sabía que Pablo vendría a mi rescate? Él tiene que saber que quiero patearle el culo por tocar a mi chica, pero por la forma en que ella lo mira debe estar de acuerdo con esto.

—¿Qué pasó ahí?

Dije que saldría a jugar a la pelota, pero nunca accedí a conversar. Podía ignorarlo, fingir que estamos de vuelta en la escuela preparatoria y este nuevo chico está tratando de encajar con el resto de nosotros. Teníamos nuestro grupo y estábamos unidos.

Pero no hago eso. Hoy no.

—Pensé que sería capaz de pasar por la tienda, tomar algo de la panadería, recoger algunas flores y conseguir el vino favorito de Eugenia de cuando íbamos a la escuela. Tan pronto como llegué a la caja me di cuenta de mi error. Sin disfraz. Sin falsas gafas o un sombrero para bajar sobre mis ojos. La joven cajera echó un vistazo y me reconoció. Antes de que siquiera fuera mi turno, había enviado mensajes de texto a alguien y sabía que estaba condenado. “Siento lo de tu amigo” fue lo único que dijo mientras escaneaba mis productos un poco demasiado lentamente. Cuando me detuve en el frente ahí estaban estas chicas justo detrás de mí, siguiéndome. —Lanzo la pelota a Pablo que simplemente niega con la cabeza—. Esta es la última cosa que quería para Eugenia, especialmente hoy.

—¿Ocurre a menudo?

Me quito la chaqueta y desabotono mi camisa, así no la arruinaré. Los ojos de Noah contemplan los tatuajes en mis brazos y me pregunto si alguna vez seré capaz de sentarme con él y conversar. Contarle de mí y tal vez tener una relación con él.

—No salgo mucho cuando estoy en casa. Esto ocurre en la gira, pero no estoy en un lugar el tiempo suficiente para que realmente me importe.

Puedo sentir a la gente mirándome, es algo a lo que estoy acostumbrado, pero aquí parece extraño. Cuando echo un vistazo al patio, Lali está de pie allí. Un metro cincuenta y nueve entero de ella, añade unos pocos centímetros con sus tacones. Se mantiene en buen estado después de la escuela preparatoria, sus piernas se ven más tonificadas y su estómago todavía tan plano como lo recuerdo. Pablo se aclara la garganta en el fondo y no puedo evitar reír. Estaría haciendo lo mismo si alguien estaba comiéndose con los ojos a mi novia, pero se olvida de que la tuve primero.

—¿Quieres ir a ponerte una pequeña falda y animar para nosotros, Lali?

Su cara se desploma y sé que ella no disfruta de mi pequeña broma.

Trato de no reírme de ello, pero no se lo está tragando. Ella mira a Pablo  que está furioso conmigo y niega con la cabeza. La observo mientras camina de vuelta a la casa, luciendo su culo tan firme como siempre. Sacudo la cabeza para borrar los recuerdos que estaban a punto de comenzar a incidir.

—Señor Lanzani, ¿todavía juega al fútbol? —Despego los ojos del trasero en retirada de mi ex para ver a mi hijo. Quiero extender la mano y tocarlo, pasar mis manos por su cabello y hacerle cada concebible pregunta conocida por el hombre, pero no lo hago. Tengo que hablar con Lali para que podamos arreglar esta mierda. Si ella piensa que me voy a olvidar que él existe, tiene que volver a pensar otra cosa.

—No, no tengo mucho tiempo. ¿Y tú, juegas?

Él asiente con la cabeza frenéticamente y apunta a Pablo.

—Mi papá, Pablo, entrena a mi equipo. —He sido bastante relajado con él saliendo con Lali porque la abandoné. No tengo mucho que decir,  pero, ¿mi hijo llamándole papá? No puedo permitir eso. No me dijeron que tenía un hijo.

Si lo hubieran hecho, habría estado aquí.

—¿Es así? —pregunto empujando hacia abajo la ira que está hirviendo.

Sé que no puedo culpar al niño por llamar a Pablo “papá”, que es mi culpa, pero Lali no debería permitirlo. Ella sabe que yo hubiera estado aquí si sabía de él. Hablamos de niños todo el tiempo, ambos los queríamos, así que esto no es como si me hubiera desentendido de ella.
Aunque hice lo impensable y la dejé, no es que no la amaba. Dejándola también rompí mi corazón.

Noah asiente con la cabeza y parece muy emocionado en contarme acerca de Pablo, aunque no quiero oírlo.

—Juego de mariscal de campo. Esa fue tu posición y tu récord sigue en pie desde cuando estabas en la escuela preparatoria. Nadie está ni siquiera cerca de romperlo, por lo menos eso es lo que dijo el tío Nicolás.

Me agacho y miro a Noah y su sonrisa. Sonrío al pensar que Noah a llamado a Nicolás su tío. El jugador de fútbol en mí está emocionado de que le encante el juego. Me encantaba el juego a su edad y quería jugar todo el tiempo. El adulto en mí espera de que Lali lo tenga en otras actividades, porque hay mucho más en la vida que el fútbol.

—¿Sabes el pase de tres o el de cinco en descenso? —pregunto, curioso de lo mucho que Pablo le ha enseñado.

—Lo sé, ¿te gustaría ver? —pregunta con ansiedad. Le extiendo el balón para que lo tome, observando cómo lanza y atrapa como si hubiera nacido para ser un mariscal de campo.

—Ahí va, Pablo —grita y me recupero por el hecho de que no lo llamó papá. Veo dos rutinas y noto que tiene talento natural, es mucho mejor de lo que yo era a su edad. Solo puedo esperar que Lali le permita tomar la mejor decisión para su vida a diferencia de mi padre. Odiaría que él le guarde rencor y no tenga una relación con sus padres durante una decisión que altere su vida.

Cuando pienso en mis padres me pregunto si conocen a Noah. ¿Son parte de su vida? ¿Han estado viendo a mi hijo crecer sin mí?

—Guau, eres mucho mejor que yo a tu edad.

Noah sonríe y cuando lo hace se parece a Lali.

—Gracias. Mi mamá dice que tengo talento natural y que lo llevo en la sangre.

—Sí, creo que tu mamá tiene razón.

Pablo se marcha, dejándonos a Noah y a mí para hablar. Le pregunto si quiere sentarse y tal vez comer un poco de comida y él está de acuerdo.

Estamos sentados uno al lado del otro y veo lo que él pone en su plato. Apila un montón de verduras, galletas, queso y algo de pasta en el plato. Agrego todo lo que él agregó al suyo, porque esas son todas mis comidas favoritas también.

Hay sillas establecidas afuera y, a pesar de que es un día fresco, el sol provee justo el calor suficiente como para que podamos sentarnos aquí y relajarnos.

—Entonces, ¿qué se siente ser famoso, señor Lanzani? —Me pongo rígido al oír “señor”. De hecho, lo odio. Y odio que me pregunte sobre ser famoso porque nunca quise ser famoso.

Solo quería hacer música. Quería probar mi mano en algo diferente para ver si podía tener éxito.

—Puedes llamarme Peter —respondo—. Y ser famoso está bien. Trabajo duro y, a veces estoy lejos de donde vivo durante mucho tiempo.

—Mi amigo Bruno dice que las estrellas de rock tienen como veinte novias y viniste con tres chicas. ¿Son tuyas? —Si no lo conociera mejor pensaría que su mamá lo empujó a esto.

—No, no tengo una novia o una esposa. Tengo un gato, pero no me gusta demasiado.

Noah empieza a reír, sus piernas balanceándose en la silla. Quiero extender y poner mi mano sobre sus rodillas al igual que solía hacer con Lali.

—¿Tu gato no te gusta? ¿Por qué?

Me encojo de hombros.

—No lo sé. Es como muy malo y pienso en decirle que empaque sus maletas de gatito y se mude.

—¿Dónde está él ahora?

—Se encuentra en Los Ángeles, donde vivo. Tengo un ama de llaves que le da de comer mientras estoy fuera.

—¿Dónde duerme?

Pregunta extraña viniendo de un niño.

—Tiene una de esas cosas de palacio de gatos. Tal vez por eso me odia, porque es un palacio y no un coche de carreras o algo así.

Escuchar a reír a Noah se ha convertido rápidamente como música para mis oídos. Quiero grabar y escucharlo una y otra vez mientras escribo.

Observando lo que me inspira a escribir sobre él, capturándolo en una canción.

—Entonces, ¿qué hay de ti? ¿Tienes una novia, esposa o un gato que te odia?

—No, no tengo nada de eso. Mi mamá dice que a lo mejor después de que ella y Pablo se casen podemos tener un perro.

¿Casarse? Me muerdo de nuevo una serie de insultos que quieren volar fuera de mi boca cuando habla de Pablo y Lali. Sé que no puedo decir nada.

La abandoné, pero no voy a mentir y decir que no me hace daño verla con otra persona. No sé lo que esperaba, tal vez que se encuentre miserable y tan perdida como yo.


CONTINUARÁ... ¡Hola! ¿Qué os va pareciendo la novela? Yo cuando la leí me gustó mucho, espero que a vosotros también :). Bueno, quiero deciros que siento publicar tan salteado, pero estoy en el último tramo de mi último año antes de la uni y por lo tanto llenísima de cosas (de hecho mañana tengo un examen, pero necesitaba un respiro de estudiar jeje). Y también quería deciros que no tengo ninguna novela adaptada para hacer subir después de esta, pero si tengo varias en mente. Sin embargo, yo soy la persona más indecisa que podáis encontraros por lo que subiré una encuesta o algo así para que decidáis vosotros. Todas las que propondré las he leído, y son geniales. Pero aún hay tiempo para esto, porque Forever My Girl tiene 37 capítulos (si no me confundo) y todavía vamos por el nueve. Hoy solo subo este ya que, como ya he dicho, mañana tengo examen. Y aunque intentaré subir mañana, lo dudo porque tengo repaso y entreno. ¡Ah! Y cuando tenga un poquito más de tiempo, subiré A beautiful wedding para descargar, aunque ya adelanto que no creo que sea muy pronto. Muchas gracias por firmar. ¡Un beso! 


miércoles, 4 de febrero de 2015

Capítulo 9

CAPÍTULO 9

ANTES

LALI
Un zumbido me sacó de mi profundo sueño. Las cortinas mantenían todo fuera menos un poco del sol que las rodeaba. La cobija y sábanas colgaban de la cama tamaño King. Mi vestido cayó de la silla hasta el suelo, uniéndose al traje de Peter que se encontraba regado por la habitación, y solo podía ver uno de mis tacones.

Mi cuerpo desnudo estaba enredado con el de Peter, después de la tercera vez que consumamos nuestro matrimonio, nos desmayamos exhaustos.

De nuevo el zumbido. Era mi teléfono en la mesa de noche. Me estiré sobre Peter y lo abrí, viendo el nombre de Bauti.

Adam arrestado.

John Savage en la lista de muertos.

Eso era todo lo que decía. Me sentí enferma mientras borraba el mensaje, preocupada de que quizás Peter no diera más detalles porque la policía se encontraba con Pablo ahora, quizás diciéndole a su padre que Peter podría estar involucrado. Miré la hora en mi teléfono. Eran las diez en punto.

John Savage era una persona menos que investigar. Una muerte más por la que Peter se sentiría culpable. Intenté recordar si vi a John antes del incendio. Fue noqueado. Quizás nunca se levantó. Pensé en esas chicas asustadas que Bauti y yo vimos en el pasillo del sótano. Pensé en Hilary Short, a quien conocía de la clase de cálculo, y sonreía mientras se encontraba de pie al lado de su nuevo novio, cerca de la pared opuesta del Auditorio Keaton, cinco minutos antes del incendio. Qué tan larga era realmente la lista de muertos y quién se encontraba en ella era algo que intenté no pensar.

Tal vez todos deberíamos ser castigados. La verdad era que todos fuimos responsables porque fuimos irresponsables. Hay una razón por la cual los jefes de bomberos despejan este tipo de eventos y se toman medidas de seguridad.

Ignoramos todo eso. Encender la radio o la televisión sin ver las imágenes en las noticias era imposible, así que Peter y yo las evitábamos cuando era posible. Pero toda esta atención de los medios significaba que los investigadores estarían más motivados para encontrar a quien culpar. Me preguntaba si su búsqueda detendría a Adam, o si buscarían sangre. Si yo fuera uno de los padres de esos estudiantes muertos, puede que sí.

No quería ver a Peter ir a la cárcel por el comportamiento irresponsable de alguien, y para bien o para mal, eso no traería a nadie de regreso. Hice todo en lo que pude pensar para mantenerlo fuera de problemas, y negaré que estuviera esa noche en el Auditorio Keaton hasta con mi último respiro.

La gente hacía cosas peores por aquellos a quienes amaban.

—Peter —dije, empujándolo. Se encontraba boca abajo, con su cabeza enterrada debajo de la almohada.

—Uggggghhhhh —gruñó—. ¿Quieres que te haga el desayuno? ¿Quieres huevos?

—Son pasadas las diez.

—Todavía califica como almuerzayuno. —Cuando no respondí, ofreció de nuevo—: Bien, ¿un sándwich de huevo?

Me detuve, y luego lo miré con una sonrisa. —¿Cariño?

—¿Sí?

—Estamos en Las Vegas.

Peter levantó la cabeza y encendió la lámpara. Después de que las últimas veinticuatro horas se asentaran, su mano salió de debajo de la almohada y
enganchó su brazo a mi alrededor, tirándome debajo de él. Situó su cadera entre mis muslos, y luego inclinó la cabeza para besarme; suavemente, tiernamente, dejando que sus labios permanecieran en los míos hasta que se sentían cálidos y hormigueantes.

—Todavía puedo conseguirte huevos. ¿Quieres que llame al servicio a la habitación?

—Realmente tenemos que llegar al avión.

Su rostro cayó. —¿Cuánto tiempo tenemos?

—Nuestro vuelo es a las cuatro. La salida es a las once.

Peter frunció el ceño, y miró por la ventana. —Debería haber reservado un día extra. Deberíamos estar acostados en la cama o al lado de la piscina.

Besé su mejilla. —Mañana tenemos clases. Ahorraremos e iremos a algún lado después. No quiero pasar nuestra luna de miel en Las Vegas, de todas formas.

Su cara se retorció con disgusto. —Definitivamente no quiero pasarla en Illinois.

Le concedí eso asintiendo. No podía discutir eso. Illinois no era el primer lugar que venía a mi mente cuando pensaba en la luna de miel. —St. Thomas es hermoso. Ni siquiera necesitamos pasaporte.

—Eso es bueno. Desde que ya no peleo, necesitaremos ahorrar de donde podamos.
Sonreí. —¿Ya no lo haces?

—Te lo dije, Pidge. No necesito todo eso cuando te tengo a ti. Cambiaste todo. Eres el mañana. Eres el apocalipsis.

Mi nariz se arrugó. —No creo que me guste esa palabra.

Sonrió y rodó en la cama, sólo a unos centímetros de mi costado izquierdo.

Yaciendo sobre su estómago, sacó las manos de debajo suyo, poniéndolas bajo su pecho y apoyó la mejilla en el colchón, observándome por un momento, sus ojos mirando fijamente los míos.

—Dijiste algo en la boda… que éramos como Johnny y June. No entendí la referencia.

Sonrió. —¿No conoces a Johnny Cash y June Carter?

—Más o menos.

—Ella luchó contra él con uñas y dientes, también. Lucharon, y él se comportó como un estúpido acerca de un montón de cosas. Arreglaron las cosas y pasaron el resto de su vida juntos.

—¿Oh, sí? Apuesto a que no tenía un papá como Carlos.

—Nunca volverá a lastimarte, Pigeon.

—No puedes prometer eso. Justo cuando empiezo a acomodarme en un lugar, él aparece.

—Bueno, vamos a tener trabajos regulares, estamos en quiebra como cualquier otro estudiando universitario, así que no tendrá razones para olfatear por dinero. Necesitaremos cada centavo. Es algo bueno que todavía tenga algunos ahorros para nosotros.

—¿Alguna idea de dónde aplicarás para un trabajo? Yo pensé en tutorías. Matemáticas.

Peter sonrió. —Serás buena en eso. Quizás sea tutor de ciencias.

—Eres muy bueno en eso. Puedo ser tu referencia.

—No creo que cuente si viene de mi esposa.

Parpadeé. —Oh, Dios mío. Eso suena loco.

Peter se rió. —Cierto. Me encanta. Me voy a encargar de ti, Pidge. No puedo prometer que Carlos nunca te lastimará de nuevo, pero puedo prometer que haré lo que pueda para evitarlo. Y si lo hace, te amaré hasta superarlo.

Le ofrecí una pequeña sonrisa, y luego me estiré para tocarle la mejilla. —Te amo.

—Te amo —respondió enseguida—. ¿Fue un buen padre… antes de todo eso?

—No lo sé —dije, mirando hacia el techo—. Supongo que creo que lo fue.

¿Pero qué sabe un niño sobre ser un buen padre? Tengo buenos recuerdos de él. Bebió por lo que puedo recordar y apostaba, pero cuando su suerte era buena, era amable. Generoso. Muchos de sus amigos eran hombres de familia… también trabajaban para la mafia, pero tenían hijos. Eran buenos y no les importaba que Carlos me llevara. Pasé un montón de tiempo detrás de escena, viendo cosas que la mayoría de los niños no logran ver porque en ese entonces me llevaba a todos lados. —Sentí una sonrisa arrastrarse, y luego cayó una lágrima—. Sí, supongo que lo fue, a su manera. Lo amaba. Para mí, él era perfecto.

Peter tocó mi sien con su dedo, limpiando tiernamente la humedad. —No llores, Pidge.

Sacudí la cabeza, intentando hacer como si no pasara nada. —¿Ves? Todavía puede herirme, incluso cuando no está aquí.

—Estoy aquí —dijo, tomando mi mano. Todavía me miraba fijamente, su mejilla contra las sábanas—. Diste vuelta mi mundo, y obtuve un nuevo comienzo… como un apocalipsis.

Fruncí el ceño. —Todavía no me gusta.

Se levantó de la cama, envolviendo las sábanas en la cintura. —Depende de cómo lo mires.

—No, no realmente —dije, observándolo caminar al baño.

—Salgo en cinco.

Me estiré, dejando que mis extremidades se extendieran sobre la cama, y luego me senté, peinando mi cabello con los dedos. El inodoro se vació y luego se encendió el grifo. No bromeaba. Estaría listo en unos minutos y yo seguía desnuda en la cama.

Colocar mi vestido y su traje en el equipaje de mano demostró ser un desafío, pero finalmente lo logré. Peter salió del baño y rozó sus dedos con los míos mientras pasaba a su lado.
 
Dientes limpios, cabello peinado, me cambié y a las once salíamos. Peter tomó fotografías del techo del vestíbulo con su teléfono, y luego echó un último vistazo antes de salir hacia la larga línea de taxis. Incluso en la sombra hacía calor, y mis piernas ya se hallaban pegadas a mis vaqueros.

Mi teléfono zumbó en el bolso. Lo comprobé rápidamente.

Policías acabn de irse. Papá stá con Tim, pero les dije que estaban en Vegas casándose. Creo que se lo creyeron.

¿D vrdad?

¡Sí! Deberían darme un Oscar por esa mierda. JS.

Di un largo suspiro de alivio.

—¿Quién era? —preguntó Peter.

—Eugenia —dije, dejando que el teléfono se deslizara de nuevo en mi bolso—. Está enojada.

Sonrió. —Apuesto a que sí.

—¿A dónde? ¿El aeropuerto? —preguntó Peter, estirando su mano hacia mí.

La tomé, girándola lo suficiente como para que pudiera ver mi apodo en su muñeca—. No, estoy pensando que necesitamos hacer una parada rápida antes.

Una de sus cejas se levantó. —¿En dónde?

—Ya lo verás.


CONTINUARÁ...


martes, 16 de diciembre de 2014

Capítulo 9

9
APLASTADO


La expresión de Nicolás cambió. Estaba como pez en el agua cuando Adam lo llamó por una nueva pelea. Sus dedos chocaron contra su teléfono, pulsando, enviando mensajes a todas las personas de su lista. Cuando Nicolás desapareció detrás de la puerta, los ojos de Eugenia se ampliaron junto a su sonrisa.

—¡Aquí vamos! ¡Será mejor que nos arreglemos!

Antes de que pudiera decir nada, Eugenia sacó a Lali por el pasillo. El alboroto era innecesario. Le patearía el culo al chico, valdría la pena por el alquiler y las cuentas de los próximos meses y la vida volvería a la normalidad. Bueno, más o menos normal. Lali se mudaría de nuevo a Morgan Hall y yo me encarcelaría para no matar a Pablo.

Eugenia le gritaba a Lali que se cambiara, y ahora Nicolás y estaba con el teléfono apagado y las llaves del Charger en la mano. Se inclinó hacia atrás para mirar por el pasillo y entonces puso los ojos en blanco.

—¡Vamonos! —gritó.

Eugenia corrió por el pasillo, pero en lugar de unirse a nosotros, se metió en el cuarto de Nicolás. Él volvió a poner los ojos en blanco, pero también sonreía.

Unos momentos más tarde, Eugenia salió de la habitación de Nicolás con un corto vestido verde y Lali salió del pasillo con unos vaqueros ajustados y una camiseta amarilla, sus tetas rebotando cada vez que se movía.

—Oh, diablos, no. ¿Estás tratando de matarme? Tienes que cambiarte, Pidge.

—¿Qué? —Bajó la mirada a sus vaqueros. Ese no era el problema.

—Está preciosa, Pit, ¡déjala en paz! —espetó Eugenia.

Conduje a Lali por el pasillo. —Consigue una camiseta y un par de zapatillas. Algo cómodo.

—¿Qué? —preguntó, con la confusión distorsionando su rostro—. ¿Por qué?

Me detuve en la puerta. —Porque voy a estar más preocupado acerca de quién está mirando tus tetas con esa camisa en lugar de Hoffman —dije. Llámenlo sexista, pero era verdad. No sería capaz de concentrarme y no iba a perder una pelea por encima del par de tetas de Lali.

—¿Pensé que habías dicho que no te importaba un comino lo que los demás pensaran? —dijo, echando humo.

Realmente no lo entiende.

—Ese es un escenario diferente, Pigeon. —Miré hacia sus pechos y con orgullo ajustó un sujetador blanco de encaje. De repente, cancelar la pelea se convirtió en una idea tentadora, aunque sólo fuera para pasar el resto de la noche tratando de encontrar una manera de conseguir que estuviera desnuda y contra mi pecho.
Saqué mi vista de sus pechos, haciendo contacto visual de nuevo.

—No puedes llevar esto a la pelea, así que por favor... sólo... por favor, simplemente cámbiate —dije, empujándola hacia la habitación y dejándome afuera antes de que mandara todo a la mierda y la besara.

—Peter —gritó desde el otro lado de la puerta. Se oyeron golpeteos al otro lado de la puerta y después de lo que, probablemente, fueron zapatos volando por la habitación, finalmente la puerta se abrió. Llevaba una camiseta y un par de Converse. Seguía sexy, pero al menos no estaría demasiado preocupado sobre quién estuviera baboseando por ella para ganar mi maldita pelea.

—¿Mejor? —dijo sin aliento.

—¡Sí! ¡Vámonos!

Nicolás y Eugenia ya estaban en el Charger, saliendo de la plaza de aparcamiento. Me puse mi casco y esperé hasta que Lali estuviera segura antes de sacar la Harley a las oscuras calles.
Una vez que llegamos a la escuela, pasé por la acera con mis luces apagadas, aparcando detrás de Jefferson.

Cuando llevé a Lali a la entrada trasera, sus ojos se abrieron y se echó a reír. —Estás bromeando.

—Esta es la entrada VIP. Debes ver cómo entra todo el mundo. —Salté por la ventana abierta en el sótano y esperé en la oscuridad.

—¡Peter! —Medio gritó, medio susurró.

—Aquí abajo, Pidge. Sólo pon los pies primero, te atraparé.

—¡Estás completamente loco si crees que voy a saltar en la oscuridad!

—¡Te atraparé! ¡Lo prometo! ¡Ahora trae tu culo aquí!

—¡Esto es una locura! —susurró.

En la penumbra, vi sus piernas moverse a través de la pequeña abertura rectangular. Incluso después de todas sus cuidadosas maniobras, logró caer en vez de saltar. Un pequeño chillido resonó en las paredes de cemento y, entonces, cayó en mis brazos. Más fácil que nunca de atrapar.

—Caes como una chica —dije, poniéndola en pie.

Caminamos por el oscuro laberinto del sótano hasta que llegamos a la habitación contigua a la sala principal, donde se realizaba la pelea. Adam gritaba por encima del ruido con su megáfono y brazos sobresalían por encima del mar de cabezas, agitando dinero en el aire.

—¿Qué estamos haciendo? —preguntó, sus pequeñas manos envolviéndose apretadamente alrededor de mi bíceps.

—Espera. Adam tiene que dar su presentación antes de entrar.

—¿Debo esperar aquí, o debo entrar? ¿A dónde voy cuando comience la pelea? ¿Dónde están Nico y Euge?
Parecía extremadamente inquieta. Me sentí un poco mal por haberla dejado sola.

—Fueron al otro lado. Sólo sígueme, no te mandaré a ese agujero de tiburones sin mí. Quédate junto a Adam, él evitará que te aplasten. No puedo cuidar de ti y lanzar golpes al mismo tiempo.

—¿Aplastada?

—Va a venir más gente aquí esta noche. Brady Hoffman es de State. Ellos tienen su propio Círculo allí. Será nuestra gente y su gente, así que el lugar será una locura.

—¿Estás nervioso?

Le sonreí. Era especialmente hermosa cuando se preocupaba por mí.

—No. Aunque tú si pareces un poco nerviosa.

—Tal vez —dijo.

Quería inclinarme y besarla. Algo para aliviar esa expresión de corderito asustado en su cara. Me pregunté si estaba preocupada por mí la primera noche que nos conocimos, o si era sólo porque ahora me conocía que se preocupaba por mí.

—Si te hace sentir mejor, no dejaré que me toque. Ni siquiera dejaré que lo haga ni una vez por sus fans.

—¿Cómo vas a lograr eso?

Me encogí de hombros. —Normalmente dejo que me den un golpe, para que parezca justo.

—¿Tú...? ¿Dejas que las personas te golpeen?

—¿Qué tan divertido sería si masacro a alguien y nunca consigo que me den un puñetazo? No es bueno para los negocios, nadie apostaría contra mí.

—¡Qué gran mierda! —dijo, cruzando sus brazos.

Levanté una ceja. —¿Piensas que estoy bromeando?

—Me cuesta creer que sólo recibas un golpe cuando dejas que te golpeen.

—¿Te gustaría apostar sobre eso, Lali Espósito? —Sonreí. La primera vez que dije las palabras, no era mi intención usarlas a mi favor, pero cuando sonrió de una manera igual de malvada, una de las ideas más malditamente brillantes que jamás se me hubieran ocurrido cruzó por mi mente.

Sonrió.

—Acepto esa apuesta. Creo que él te dará uno.

—¿Y si no lo hace? ¿Qué ganaré? —pregunté. Se encogió de hombros al mismo tiempo que el rugido de la multitud nos rodeaba. Adam mencionaba las reglas a su normal y estúpida manera.

Dejé brotar una ridícula sonrisa en mi cara.

—Si ganas, no tendré sexo por un mes. —Levantó una ceja—. Pero si yo gano, tienes que quedarte conmigo durante un mes.

¿Qué? ¡Me estoy quedando contigo, de todos modos! ¿Qué tipo de apuesta es esa? —gritó por encima del ruido. Ella no lo sabía. Nadie se lo había dicho.

—Hoy arreglaron las calderas de Morgan —dije con una sonrisa y un guiño.

Un lado de su boca apareció. No lo hizo perturbador. —Cualquier cosa vale la pena para verte intentar la abstinencia, para variar.

Su respuesta envió una descarga de adrenalina a través de mis venas que sólo había sentido alguna vez durante una pelea. La besé en la mejilla, dejando que mis labios permanecieran contra su piel sólo un momento más antes de caminar hacia la sala. Me sentía como un rey. De ninguna manera ese hijo de puta me iba a tocar.

Tal como había anticipado, era sólo una sala donde estaban de pie, y empujones y gritos se ampliaron una vez que entramos. Asentí a Adam en dirección a Lali, para señalarle que estuviera atento a ella. Lo comprendió de inmediato. Adam era un bastardo codicioso, pero una vez fue el monstruo invicto en el Círculo. No tenía nada de qué preocuparme siempre y cuando la vigilara. Él lo haría, así que no me distraería. Adam haría cualquier cosa, siempre y cuando eso significara hacer una tonelada de dinero.

Se hizo un camino despejado mientras caminaba hacia el Círculo y, entonces, la puerta humana se cerró detrás de mí. Brady se puso cara a cara conmigo, jadeando y temblando como si acabara de tomarse un Red Bull y un Mountain Dew.

Por lo general, no tomaba esta mierda en serio y hacía un juego de mentalizar a mis adversarios, pero la pelea de esa noche era importante, así que puse mi cara de jugador.

Adam hizo sonar la bocina. Me equilibré, di unos pasos hacia atrás y esperé a que Brady cometiera su primer error. Esquivé su primer golpe y luego otro.
Adam extrajo algo de atrás. Estaba insatisfecho, pero lo había previsto. A Adam le gustan las peleas para entretener. Era la mejor manera de obtener más cabezas en los sótanos. Más gente significaba más dinero.

Incliné mi codo y envié mi primer golpe a la nariz de Brady, duro y rápido. En una noche normal de pelea, la contendría, pero quería terminar con esto y pasar el resto de la noche celebrándolo con Lali.

Golpeé a Hoffman otra vez, y después esquivé algunos golpes suyos, cuidándome de no estar tan emocionado para dejar que me golpeara y cagarlo todo. Brady tomó un segundo impulso y volvió por mí, pero no le llevó mucho tiempo lanzarme otro golpe que no pudo aterrizar. Esquivaba golpes de Bautista de forma más rápida de lo que esta perra podía lanzar.

Mi paciencia se había acabado y atraje a Hoffman a la columna de cemento en el centro de la sala. Me paré frente a esta, vacilando sólo lo suficiente para que mi oponente pensara que tenía una ventaja para clavar mi cara con un golpe devastador. Lo esquivé mientras ponía todo en su último lanzamiento y golpeó con el puño directo al pilar. La sorpresa se registró en los ojos de Hoffman justo antes de que se doblara.

Esa fue mi señal. Inmediatamente lo ataqué. Un ruido sordo señaló que Hoffman finalmente cayó al suelo y después de un breve silencio, la sala estalló.

Adam lanzó una bandera roja en el rostro de Hoffman y, a continuación, me vi rodeado de gente. La mayor parte del tiempo disfruto de la atención y las malditas felicitaciones de los que apuestan por mí, pero esta vez sólo estaban siendo un obstáculo. Intenté mirar a través del mar de gente para encontrar a Lali, pero cuando por fin eché un vistazo a donde se suponía que debía estar, se me encogió el estómago. Se había ido.

Las sonrisas se volvían caras de sorpresa mientras empujaba a la gente fuera de mi camino.

—¡Maldita sea, muévanse! —grité, empujando más fuerte cuando el pánico se apoderó de mí.
Finalmente, llegué a la sala de lámparas, buscando desesperadamente a Lali en la oscuridad. —¡Pigeon!

—¡Estoy aquí! —Su cuerpo se estrelló contra el mío y eché mis brazos alrededor de ella. En un segundo me sentí aliviado y al siguiente estaba irritado.

—¡Casi me matas del susto! ¡Casi tuve que empezar otra pelea para llegar a ti! ¡Finalmente llego y te has ido!

—Me alegro de que hayas vuelto. No tenía ganas de tratar de encontrar mi camino en la oscuridad.

Su sonrisa me hizo olvidar todo lo demás y recordé que era mía. Al menos por un mes más.

—Creo que has perdido la apuesta.

Adam entró pisando fuerte, miró a Lali y luego a mí, fijamente. —Tenemos que hablar.

Le guiñé un ojo a Lali. —No te muevas. Ya regreso. —Seguí a Adam a la habitación de al lado—. Sé lo que vas a decir...

—No, no —gruñó Adam—. No sé lo que estás haciendo con ella, pero no jodas con mi dinero.

Me reí una vez. —Esta noche hiciste una cuenta. Te lo compensaré.

—¡Por supuesto que lo harás! ¡No permitiré que eso vuelva a suceder! —Adam estrelló el dinero en mi mano y a continuación chocó sus hombros junto a mí al pasar.

Metí el fajo de billetes en el bolsillo, y le sonreí a Lali. —Vas a necesitar más ropa.

—¿En serio vas a hacer que me quede contigo durante un mes?

—¿Habrías hecho que yo no tuviera sexo durante un mes?

Se echó a reír. —Será mejor que pasemos por Morgan.
Cualquier intento de cubrir mi gran satisfacción fue un épico fracaso.

—Eso será interesante.

Mientras Adam pasaba, le entregó a Lali algo de dinero antes de desaparecer entre la decreciente multitud.

—¿Apostaste? —pregunté, sorprendido.

—Pensé que debía obtener la experiencia completa —dijo con un encogimiento de hombros.

La tomé de la mano y la llevé hacia la ventana, entonces salté una vez, subiendo. Me arrastré por el césped y después de darme la vuelta, me incliné para levantar a Lali.

El paseo a Morgan parecía perfecto. Hacía un calor insoportable y el aire tenía la misma sensación eléctrica como una noche de verano. Intenté no sonreír todo el tiempo como un idiota, pero era difícil no hacerlo.

—¿Por qué quieres que me quede contigo, de todos modos? —preguntó.

Me encogí de hombros.

—No lo sé. Todo es mejor cuando estás cerca.

Nicolás y Eugenia esperaban en el Charger para que pudiéramos aparecer con las cosas extras de Lali. Una vez que tomó todo, fuimos a la zona de aparcamiento y se sentó a horcajadas en la moto. Envolvió sus brazos alrededor de mi pecho y apoyé mi mano sobre la suya.

Respiré hondo.

—Me alegro de que estuvieras allí esta noche, Pidge. Nunca me había divertido tanto en una pelea en mi vida.

El tiempo que se tomó en responder se sintió como una eternidad. Posó su barbilla en mi hombro.

—Eso fue porque estabas tratando de ganar nuestra apuesta.

Me volví hacia ella, mirándola fijamente a los ojos. —Maldita sea que así era.

Sus cejas se alzaron. —¿Por eso estabas de tan mal humor hoy? ¿Por qué sabías que habían arreglado las calderas, y me iría esta noche?

Me perdí en sus ojos un momento y decidí que era un buen momento para callarme. Arranqué el motor y conduje a casa, más lento de lo que había conducido… nunca. Cuando un semáforo nos pilló, me encontré con una cantidad extraña de alegría al poner mis manos sobre ella, o apoyando mi mano en su rodilla. A ella no parecía importarle y la verdad es que yo estaba jodidamente cerca del cielo.

Llegamos al apartamento, Lali se bajó de la moto como una profesional, y se dirigió a las escaleras.

—Siempre odio cuando han estado en casa durante un rato. Me siento como si fuéramos a interrumpirlos.

—Acostúmbrate. Este será tu hogar por las próximas cuatro semanas —dije, dando la vuelta—. Súbete.

¿Qué?

—Vamos, te cargaré.

Se rió y saltó sobre mi espalda. Agarré sus muslos mientras corría escaleras arriba.

Eugenia abrió la puerta antes de que llegáramos a la cima y sonrió. —Mírense ustedes dos. Si no los conociera mejor...

—Ya basta, Euge —dijo Nicolás desde el sofá.

Genial. Nicolás estaba en uno de sus estados de ánimo.

Eugenia sonrió como si hubiera dicho demasiado y seguidamente abrió la puerta para que pudiéramos pasar. Seguí sosteniendo a Pidge, y después la dejé caer frente al sillón reclinable. Gritó cuando me incliné hacia atrás, empujando juguetonamente mi peso contra ella.

—Estás muy alegre esta noche, Pit. ¿Qué pasa? —apuntó Eugenia.

—Acabo de ganar una gran cantidad de dinero, Euge. Dos veces más de lo que pensé que ganaría. ¿Por qué no iba a estar feliz?

Eugenia sonrió. —No, es algo más —dijo, mirando mi mano mientras acariciaba el muslo de Lali.

—Euge —advirtió Nicolás.

—Bien. Hablaré de otra cosa. ¿No te invitó Pablo a la fiesta de Sig Tau este fin de semana, Lali?

La ligereza que sentía se fue inmediatamente y me giré hacia Lali.

—¿Er... sí? ¿No vamos a ir todos?

—Yo estaré allí —dijo Nicolás, distraído por la televisión.

—Y eso significa que yo también —dijo Eugenia, mirándome expectante.

Me hostigaba, esperando a que me ofreciera voluntariamente para ir, pero yo estaba más preocupado por Pablo pidiéndole a Lali una cita de mierda.

—¿Él va a pasar a recogerte o algo así? —pregunté.

—No, sólo me habló de la fiesta.

La boca de Eugenia se extendió en una sonrisa traviesa, casi flotando en la anticipación. —Aunque dijo que te vería allí. Es muy lindo.

Le disparé a Eugenia una mirada irritada y seguidamente miré a Lali.

—¿Irás?

—Le dije que lo haría. —Se encogió de hombros—. ¿Tú?

—Sí —dije sin vacilar. No era una fiesta de citas, después de todo, sólo un fin de semana de cerveza. Lo que no me importa. Y ni de coña iba a dejar que Pablo tuviera toda una noche con ella. Ella habría vuelto... uf, no quiero ni pensarlo. Él habría puesto su sonrisa Abercrombie, o la llevaría al restaurante de sus padres para desfilar su dinero, o encontrado alguna otra manera de deslizarse en sus pantalones.

Nicolás me miró. —La semana pasada dijiste que no irías.

—He cambiado de opinión, Nico. ¿Cuál es el problema?

—Nada —replicó, retirándose a su habitación.

Eugenia frunció el ceño.

—Tu sabes cuál es el problema —dijo—. ¿Por qué no dejas de volverlo loco y sólo acabas con eso? —Se unió a Eugenia en su habitación y sus voces se redujeron a murmullos detrás de la puerta cerrada.
—Bueno, me alegro de que todo el mundo lo sepa —dijo Lali.

Lali no era la única confundida por el comportamiento de Nicolás.

Anteriormente, él se burlaba de mí acerca de ella y ahora se comportaba como un renegón. ¿Qué pudo haber pasado entre entonces y ahora para asustarlo? Tal vez se sentiría mejor una vez que me diera cuenta que finalmente había decidido terminar con las otras chicas y sólo quería a Lali. Tal vez el hecho de que hubiera admitido que realmente me preocupaba por ella había hecho que Nicolás se preocupara aún más. Yo no tenía exactamente madera de novio. Sí. Eso tenía más sentido.

Me puse de pie. —Voy a tomar una ducha rápida.

—¿Les pasa algo? —preguntó Lali.

—No, él sólo está paranoico.

—Es por nosotros —adivinó. Una rara sensación flotante vino sobre mí.
Había dicho nosotros—. ¿Qué? —preguntó, mirándome con suspicacia.

—Tienes razón. Es por nosotros. No te duermas, ¿de acuerdo? Quiero hablar contigo de algo.

Me costó menos de cinco minutos bañarme, pero me quedé bajo el chorro de agua durante por lo menos otro cinco más, planeando qué decirle a Lali. Perder más tiempo no era una opción. Estará aquí por el siguiente mes y era el momento perfecto para demostrarle que yo no era quien ella pensaba. Para ella, al menos, yo era diferente y podríamos pasar las próximas cuatro semanas disipando cualquier sospecha que pudiera tener.

Salí de la ducha y me sequé, emocionado y muy nervioso sobre las posibilidades que podría generar a partir de la conversación que estábamos a punto de tener. Justo antes de abrir la puerta, pude oír una pelea en el pasillo.

Eugenia dijo algo con voz desesperada. Abrí la puerta y escuché.

—Lo prometiste, Lali. Cuando te dije que tuvieras juicio. ¡No me refería a que ustedes dos se involucraran! ¡Pensé que sólo eran amigos!

—Lo somos —dijo Lali.

—¡No, no lo son! —replicó Nicolás.

Eugenia habló. —Bebé, te dije que todo irá bien.

—¿Por qué estás presionando esto, Euge? ¡Te dije lo que va a suceder!

—¡Y yo te dije que no! ¿No confías en mí?

Nicolás entró en su habitación dando pisotones. Después de unos segundos de silencio, Eugeniaa volvió a hablar. —Simplemente no puedo conseguir meterle en la cabeza que si Peter y tú funcionan o no lo hacen, no nos afecta. Pero no me cree.

Maldita sea, Nicolás. No es la transición ideal. Abrí la puerta un poco más, lo suficiente para ver el rostro de Lali.
—¿De qué estás hablando, Euge? Peter y yo no estamos juntos. Sólo somos amigos. Ya lo has oído antes... no está interesado en mí de esa manera.

Joder. Esto empeoraba por momentos.

—¿Oíste eso? —preguntó Eugenia, con evidente sorpresa en su voz.

—Bueno, sí.

—¿Y lo crees?

Lali se encogió de hombros. —No importa. Nunca va a suceder. Me dijo que no me ve así. Le tiene una fobia al compromiso, sería difícil para mí encontrar una chica, además de ti, con la que no se haya acostado y no puedo aguantar sus cambios de humor. No puedo creer que Nico piense lo contrario.

Cada pedacito de esperanza se me había escapado con sus palabras. La decepción fue aplastante. Durante unos segundos, el dolor fue incontrolable, hasta que dejé que el enojo se hiciera cargo.

La ira era siempre más fácil de controlar.

—Porque no sólo conoce a Peter… ha hablado con Peter, Lali.

—¿Qué quieres decir?

—¿Euge? —llamó Nicolás desde el dormitorio.

Eugenia suspiró. —Eres mi mejor amiga. Creo que te conozco mejor de lo que tú te conoces a veces. Los veo juntos, y la única diferencia entre Nico y yo y Peter y tú, es que nosotros tenemos sexo. ¿Aparte de eso? No hay diferencia.

—Hay una enorme diferencia. ¿Nico trae a casa a diferentes chicas cada noche? ¿Vas a ir a la fiesta mañana para salir con un chico con claras citas potenciales? Sabes que no puedo involucrarme con Peter, Euge. Ni siquiera sé por qué lo estamos discutiendo.

—No estoy viendo cosas, Lali. Tú has pasado casi todo el tiempo con él durante el último mes. Admítelo, sientes algo por él.

No pude escuchar una palabra más. —Supéralo, Euge —dije.

Las dos saltaron ante el sonido de mi voz. Los ojos de Lali se encontraron con los míos. No parecía avergonzada ni arrepentida, lo que sólo me molestó más.

Yo me había agarrado el cuello y ella cortaba mi garganta. Antes de decir alguna estupidez, me retiré a mi habitación.

Sentarse no ayudó. Tampoco estar de pie, caminando o haciendo flexiones. Las paredes se acercaban más a mí a cada segundo. La rabia hirvió dentro de mí como un producto químico inestable, listo para explotar.

Salir del apartamento era mi única opción, para aclarar mi cabeza y tratar de relajarme con unos tragos. The Red. Podría ir a The Red. Cami trabajaba en el bar.
Podría decirme qué hacer.

Ella siempre supo cómo hablar para calmarme. A Bautista le gustaba por la misma razón. Era la hermana mayor de tres hijos y no se inmutó cuando se trataba en cuestiones de nuestros problemas de ira.

Me puse una camiseta y unos vaqueros, agarré unas gafas de sol, las llaves de mi motocicleta y la chaqueta, y luego metí los pies dentro de las botas antes de regresar por el pasillo.

Los ojos de Lali se abrieron como platos cuando me vio dando la vuelta la esquina. Gracias a Dios que estaba en la sombra. No quería que viera el dolor en mis ojos.

—¿Saldrás? —preguntó, sentándose—. ¿A dónde vas?

Me negaba a reconocer la súplica en su voz.


—Fuera.


CONTINUARÁ...