jueves, 28 de mayo de 2015

Capítulo 25

PETER

P
or primera vez en años estaré sentado en una comida de Acción de Gracias. Cuando Eugenia llamó y extendió la invitación la acepté inmediatamente. Sabía que pasar el fin de semana con Lali y Noah estaba completamente fuera de discusión. Luego de que estuvo aquí para la feria, las cosas entre nosotros se tornaron tensas y eso, una vez más, fue mi culpa.

Me di cuenta que había jodido las cosas con ella y probablemente para ella.

Llegar a Beaumont es mejor esta vez. Me voy a quedar en la casa de Eugenia en vez de un hotel y estoy agradecido por eso. Seré capaz de pasar buenos momentos con Noah en la comodidad de una casa. Él y yo pasaremos el sábado buscando casas porque el viernes prometí vigilar a las gemelas para que Eugenia pudiera ir de compras.

Conduzco a través de la ciudad esperando ver un vistazo de Lali en la tienda. Sé que es una apuesta arriesgada, pero estoy desesperado. Estoy enamorado de una chica que no puede corresponderme. Tengo que tomar lo que pueda conseguir. Conduzco dos veces, ambas en vano.

Deteniéndome en el camino de la entrada, en la casa de Eugenia, Rufina se para y me ondea una mano desde la parte trasera de la camioneta. Cuando salgo de mi rentado, ella está saltando arriba y abajo gritando mi nombre.

—Hola, señorita Rufina. —Abro el maletero y saco las maletas. Empaqué ropas extra esta vez solo en caso de que decida quedarme más de una semana. La última vez que estuve aquí por casi dos semanas terminé comprando más ropa. También recogí el bolso contenedor Apple de la laptop que compré para las chicas. Quiero ser capaz de hacer video-llamadas con Rufina y mirar fútbol con ella para que no esté sola los domingos.

—¿Qué hay en el bolso, tío Peter? —Me detengo en seco cuando me llama tío. Esto era algo de lo que Nicolás y yo bromeamos muchas veces cuando habíamos hablado de nuestras vidas y la dirección a la que se estaban dirigiendo.

—Oh, nada importante solo regalos para ti, Alai y tu mamá. —La emoción en su cara vale la pena que le traiga regalos. No estoy seguro de cómo va a reaccionar Eugenia a ellos o si incluso los aceptará.

Rufina me guía a la casa. El olor a pastel de calabaza hace que mi estómago gruña. Eugenia está en la cocina con un delantal atado alrededor de su cintura, como Elle. Eugenia se acerca para recibirme. La beso en la mejilla a la vez que me abraza.

—Gracias por invitarme.

—Bueno, Rufina necesitaba a alguien con quien mirar el fútbol mañana.

—Miro a Rufina que se encoge de hombros. Alai está sosteniendo la mano de su hermana esperando con impaciencia los regalos que traje—. Rufina te mostrará tu cuarto.

Sigo a Rufina abajo.

—¿Recuerdas la TV?

—Claro —contesto. Doblamos la esquina en la habitación de Nicolás y veo por qué me ha traído aquí. Tiene un agujero enorme en el centro—. ¿Qué sucedió?

—Alai se volvió loca y lanzó el balón de fútbol de papi hacia él.

No sé qué decir así que solo cierro la boca. He sido padre por poco más de un mes por lo que no estoy calificado para manejar este tipo de cosas.

Rufina abre una puerta y entra.

—Esta es la casa del perro. —No puedo evitar reír porque no solo es aquí donde Nicolás pasaba probablemente mucho tiempo, sino que está decorado como tal. Tengo que agradecerle a Eugenia por traerme humor a mi vida. Rufina me deja para que me instale. Le mando un mensaje a Noah para dejarle saber que estoy en la ciudad y en la casa de Eugenia, y que nos veremos el viernes. Quería verlo esta noche o mañana, pero Lali fue insistente en que él pasara las vacaciones con ella, Pablo y sus familias. Realmente no podía discutir con ella, así que acepté lo que ella dijo y lo dejé pasar.

Llevo mi bolsa de golosinas conmigo cuando llego arriba. Eugenia está sentada en la mesa, sus dedos frotando sus sienes. Puedo ver una chequera abierta y un montón de facturas. Retiro la silla y me siento frente a ella y la palmeo con suavidad. Ella intenta sonreír, pero ha estado llorando.

—¿Dónde andan las chicas?

Recoge los papeles y los empuja a un lado.

—Están mirando una película en sus cuartos.

—¿Quieres hablar de aquello? —Señalo la pila de facturas. Ella sacude la cabeza, limpiándose las lágrimas de su cara.

—No puedo lograrlo. Tengo que vender la casa.

Sé que estoy pisando los límites, pero no puedo evitarlo. Agarro la chequera y miro. No hay suficiente para comprar un galón de leche allí. Agarro la pila de facturas, pero su mano baja sobre la mía.

—Déjame ayudar, Eugenia. Sé que no quieres limosnas, pero por favor, escucha. Tengo los medios para encargarme de esto. Por Nicolás.

—No puedo, Peter.

—Tampoco puedes vender la casa. Este es el hogar que tus niñas compartieron con su papá, tiene recuerdos. —Extiendo mi mano y tiro de su mano en la mía—. Quiero hacer esto por las niñas. Por favor, déjame arreglar todo esto.

Ella aparta su mano para cubrirse la cara mientras solloza. Asiente, dándome su consentimiento para encargarme de sus facturas. Planeo hacer mucho más.

Intento convencer a Eugenia de que necesita salir una noche, pero se niega y me empuja por la puerta. Quiero que venga conmigo a lo de Agustín. Le dije a Agus que haría algunos conciertos para él si cobraba una cobertura.

Quiero que él saque algún beneficio de mí. Es lo menos que podía hacer.

Llego temprano, la puerta abierta por un bloque de cemento. Entro para verlo instalando el escenario y me acerco para darle una mano.

—Hola, llegas temprano.

—Sí, quería hablar contigo de algo antes de ir esta noche. —Conecto los enchufes eléctricos para el amplificador y el micrófono, asegurándome que estarán fuera de mi camino.

—¿Qué pasa?


—Me gustaría hacer un show a beneficio para Eugenia Riera y las niñas. Traeré a mi banda y haré que mi manager se encargue. Tocaremos gratis, pero todos los honorarios de la puerta tienen que ir para Eugenia.

Agustín se frota la barbilla, sus dedos yendo hacia atrás y adelante.

—¡Absolutamente! —dice con mucho entusiasmo—. Diablos, esta noche todos los cargos de la puerta serán para ellos. Haré que mi mujer haga algunos carteles.

—Gracias, Agustín. —Le doy palmaditas en la espalda antes de que deje el escenario. Vuelvo a mi coche y consigo el teclado y la guitarra. Le dije a Agustín que haríamos el show esta noche. En cuanto mi equipo está instalado ejecuto una rápida revisión de sonido. No voy a estar preocupado por la calidad del micrófono, pero quiero escuchar cómo es la acústica en este lugar con el amplificador.

Las mujeres deambulan alrededor del escenario, algunas vestidas con las faldas más cortas. Antes de regresar a Beaumont por Nicolás, habría tomado a una de ellas en la parte posterior para una rápida follada, pero ahora no, ni una sola de ellas me atrae. De hecho, la manera en que están vestidas solo muestra lo fáciles que son.

Cuando las luces se atenúan, empiezo mi actuación. Voy a hacer doce canciones esta noche, quizás un bis. No lo he decidido aún. Empiezo con Unforgettable. Este será nuestro segundo sencillo. María me matará si descubre que lo he tocado, pero no me importa realmente.

Entre canciones tomo algunas de las peticiones de las fanáticas en el frente. Piden algunos de mis éxitos anteriores, pero la mayoría de las canciones que voy a tocar esta noche son de nuestro álbum más reciente.

—Bien, tengo tiempo para un pedido más —le digo a la multitud.

—Tengo un pedido —grita una voz masculina desde el frente de la barra.

Busco a la persona para que se acerque, pero nadie se está moviendo.

—¡Tengo un pedido, dije!

—Bien, vamos a escucharlo —contesto, todavía esperando que el hombre se muestre.

—Mi primer pedido es que dejes a mi maldita prometida en paz. Mi segundo pedido es que dejes Beaumont y nunca regreses. Y mi tercer pedido de la noche es que le digas a tu hijo lo maldito perdedor que eres para que cuando te vayas no me odie por llevarte fuera de la ciudad.

Las personas borrachas apestan.

Pablo finalmente se encuentra a la vista, se está balanceando de un lado hacia otro. Tiene un amigo en cada lado intentando conseguir que se siente.

Todos en el bar están en silencio, la mitad mirándome, la otra mitad mirándolo.

Rasgueo mi guitarra para llamar la atención de la multitud.

—¿Puedes responderme, Lanzani?

—No, Martínez. Este no es el momento ni el lugar.

—Vayamos afuera, estrella.

Sacudo la cabeza y remuevo mi guitarra.

—Lo lamento gente, el show ha terminado. Pero no olviden el concierto beneficio que estaremos dando.

Empaco mi guitarra y el teclado mientras Agustín se disculpa en mi oído por Pablo. Le digo que no se preocupe por Pablo, que está borracho. Busco en torno al bar por él, pero se ha ido por lo que decido llamarlo una noche.

Cuando salgo él se encuentra apoyado contra un camión. No estoy de humor para hablar con él así. Pongo mis pertenencias en el asiento trasero y me doy la vuelta para enfrentarlo. Está caminando hacia mí, incapaz de caminar en línea recta.

—¿Dónde están tus amigos?

—No los necesito para patearte el trasero, Lanzani.

—No voy a pelear contigo —digo mientras me alejo de mi coche.

—Bueno, yo quiero pelear contigo. Tengo que pelear por mi familia. Desde que tú apareciste, todo es Peter esto, Peter aquello. Mi papá esto, mi papá aquello. Yo soy su maldito padre, no tú. Yo lo crié. Yo le limpié la piel de las rodillas y le enseñé a jugar futbol mientras tú estabas revolcándote con la mitad de la población femenina.

»Y la que pronto será mi esposa… Dios, qué perra ha sido, todo porque tú…

—No la llames perra, Pablo. Estás borracho y vas a lamentarlo. —Saqué mi teléfono y le mandé un mensaje a Lali diciéndole que tiene que venir por él antes de que algo malo pase.

—La dejaste. Yo recogí los pedazos. Esperé pacientemente para que ella mirara en mi dirección y cuando finalmente lo hizo, estuve tan contento. Pero no, tuviste que volver y arruinarlo para nosotros. Ella me ama, no a ti así que por qué no empacas tu mierda y te vas. Haznos a todos un favor y sal de aquí. Quiero a mi familia de regreso y tú te encuentras en el camino.

—Es mi hijo, Pablo. No lo abandoné. Se merece conocerme.

Pablo sacude la cabeza y se recuesta contra mi coche, su cabeza colgando. Si no lo conociera mejor pensaría que está llorando. Entiendo de dónde viene él, pero no existe manera de que renuncie a Noah. Lali, sí, esperaré por ella, pero Noah es mío y tengo la intención de quedarme por él. Lali se detiene, las brillantes luces del coche brillan contra Pablo. Él alza la mirada y se protege los ojos. Me quedo, en el mismo lugar que estaba cuando empezó a acometer hacia mí, esperando a que ella saliera del coche.

—Hola nena —dice cuando ve a Lali. Ella me ofrece una pequeña sonrisa antes de tirar a Pablo a sus brazos—. Te amo, Mariana. Dime que me amas. Dile a Lanzani que me escoges a mí por sobre él.

—Vamos, Pablo, vamos a casa.

—Dile, Lali. Dile así se irá y nos dejará en paz. Quiero a mi prometida  de vuelta.

—Puede escucharte. No tengo que repetir lo que está diciendo.

—¿Dormiste con él en Los Ángeles?

—No, Pablo. Ahora ven. Estás borracho y quiero ir a casa. —Lali tira de Pablo hacia su coche, ayudándolo a entrar. Ella no me mira antes de entrar en el asiento del conductor o cuando arranca.

Entro en mi coche y cierro la puerta.


Una noche perfecta arruinada.


CONTINUARÁ... ¡Hola! Al fin he decidido dejar programados los caps hasta el treinta, y los seis restantes los haremos como maratón en cuanto pueda! 

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