Incluso con el sudor en su frente y el salto en su respiración, no
parecía enferma. Su piel no tenía el resplandor melocotón al que yo estaba
acostumbrado, y sus ojos no eran tan brillantes, pero todavía era hermosa. La
mujer más hermosa que jamás vería.
Su mano se dejó caer de la cama y su dedo tembló. Mis ojos se
mueven desde sus frágiles y amarillentas uñas, a su delgado brazo, por su
hombro huesudo, finalmente fijándome en sus ojos. Me estaba mirando, sus
párpados abiertos en dos rendijas, sólo lo suficiente para hacerme saber que
ella sabía que yo estaba ahí. Eso es lo que amaba de ella. Cuando me miraba,
realmente me veía. No miraba más allá de mí a las otras docenas de cosas que
necesitaba hacer con su día, o desconectarse de mis estúpidas historias. Ella
escuchaba, y eso la hacía realmente feliz. Todos los demás parecían asentir sin
escuchar, pero ella no. Ella jamás.
—Peter —dijo, su voz ronca. Se aclaró la garganta, y las esquinas
de su boca se curvaron—. Ven aquí, bebé. Está bien. Ven.
Papá puso un par de dedos en mi nuca y me empujó hacia adelante
mientras escuchaba a la enfermera. Papá la llamaba Becky. Llegó a la casa por
primera vez hace unos días. Sus palabras eran suaves y sus ojos eran un poco
amables, pero no me agradaba Becky. No puedo explicarlo, pero que estuviera
aquí me asustaba. Sabía que estaba aquí para ayudar, pero eso no era algo
bueno, a pesar de que mi papá está de acuerdo con ella.
El empujoncito de papá me llevó varios pasos al frente, lo
suficientemente cerca de mamá para que pudiera tocarme. Estiró sus largos y
elegantes dedos y acarició mi brazo. —Está bien, Peter —susurró—. Mami quiere
decirte algo.
Metí mi dedo en la boca y lo empujé alrededor de mis encías,
poniéndome inquieto. Asentir hizo que su pequeña sonrisa creciera, así que me
aseguré de hacer más movimientos con mi cabeza mientras di un paso hacia su
cara.
Usó lo que quedaba de su fuerza para deslizarse más cerca de mí, y
luego tomó un respiro. —Lo que voy a pedirte será muy duro, hijo. Sé que lo
puedes hacer, porque ahora eres un niño grande.
Asentí de nuevo, haciéndola sonreír, incluso si no lo decía en
serio. Sonreír cuando se veía tan cansada e incómoda no se siente bien, pero
ser valiente la hacía feliz. Así que fui valiente.
—Peter, necesito que escuches lo que voy a decir, y aún más
importante, necesito que lo recuerdes. Esto será muy difícil. He estado
tratando de recordar cosas de cuando tenía tres años, y yo.... —Su voz se
desvaneció, el dolor fue muy fuerte por un momento.
—¿El dolor se está poniendo inmanejable, Claudia? —dijo Becky,
empujando una aguja en la intravenosa de mamá.
Después de unos momentos, mami se relajó. Tomó otro respiro y lo
intentó de nuevo.
—¿Puedes hacer eso por mami? ¿Puedes recordar lo que voy a decir?
—Asentí de nuevo, y levantó una mano en mi mejilla. Su piel no era muy cálida,
y sólo pudo mantener su mano por unos segundos antes de que se pusiera temblorosa
y cayera sobre la cama—. En primer lugar, está bien estar triste. Está bien
sentir cosas. Recuerda eso. Segundo, se un niño tanto como puedas. Juega, Peter.
Sé tonto. —Sus ojos le restan importancia—. Y tú y tus hermanos cuídense los
unos a los otros, y a tu padre. Incluso cuando crezcan y se vayan a otro lugar,
es importante volver a casa. ¿De acuerdo?
Mi cabeza se balanceó de arriba abajo, desesperado por
complacerla.
—Uno de estos días, te enamorarás, hijo. No te conformes con
cualquier persona. Elige a la chica que no sea fácil, una por la que tengas que
luchar, y después nunca dejes de pelear. Nunca... —Tomó un suspiro profundo—,
dejes de luchar por lo que quieres. Y nunca... —Frunció el ceño—, olvides que
mami te ama.
Incluso si no puedes verme. —Una lágrima cayó por su mejilla—.
Siempre, siempre te
amaré.
Tomó una respiración entrecortada y luego tosió.
—De acuerdo —dijo Becky, pegando una cosa de aspecto gracioso en
sus oídos. Mantuvo el otro extremo en el pecho de mami—. Hora de descansar.
—No hay tiempo —susurró mami.
Becky miró a mi papá. —Nos estamos acercando, señor Lanzani. Probablemente
debería traer al resto de los chicos para despedirse.
Los labios de papá hicieron una dura línea, y sacudió su cabeza.
—No estoy listo. —Se atragantó.
—Nunca estarás listo para perder a tu esposa, Pablo. Pero no
quieres dejarla ir sin que los chicos le digan adiós.
Papá pensó por un minuto, se limpió la nariz con su manga, y luego
asintió. Salió con fuertes pisadas de la habitación, como si estuviera enojado.
Miré a mami, la observé tratando de respirar, y vi a Becky
comprobando los números en la caja junto a ella. Toqué la muñeca de mamá. Los
ojos de Becky parecían saber algo que yo no, y eso hizo que mi estómago se
sintiera enfermo.
—Sabes, Peter —dijo Becky, inclinándose para que pudiera mirarme a
los ojos—, la medicina que le estoy dando a tu mamá la hará dormir, pero a
pesar de que está durmiendo, aún puede oírte. Todavía puedes decirle a mami que
la amas y que la extrañarás, y ella escuchará todo lo que digas.
Miré a mami, pero rápidamente negué con mi cabeza. —No quiero
perderla.
Becky puso su suave y cálida mano en mi hombro, justo como mami
solía hacerlo cuando yo estaba enojado. —Tu mamá quiere estar aquí contigo.
Quiere mucho eso. Pero Jesús la quiere con él en este momento.
Fruncí el ceño. —Yo la necesito más que Jesús.
Becky sonrió, y luego besó mi coronilla.
Papá tocó en la puerta y la abrió. Mis hermanos se agruparon
alrededor de él en el pasillo, y Becky me condujo de la mano para unirme a
ellos.
Los ojos de Bautista no dejaron la cama de mami, y Tato y Tyler
miraron a todos lado, excepto a la cama. Me hizo sentir mejor de alguna manera
que todos parecían tan asustados como yo.
Pepo estaba de pie junto a mí, un poco más adelante, como la vez
que me protegió cuando jugábamos en el patio delantero y los chicos del
vecindario trataron de buscar pelea con Tyler.
—No se ve bien —dijo Pepo.
Papá se aclaró la garganta. —Mamá ha estado muy enferma durante
mucho tiempo, chicos, y es tiempo para ella... es momento de que ella... —Su
voz se fue apagando poco a poco.
Becky ofreció una pequeña y simpática sonrisa. —Su mamá no ha
estado comiendo o tomando algo. Su cuerpo se está yendo. Esto será muy difícil,
pero es un buen momento para que le digan a su madre que la aman, y la
extrañarán, y eso está bien para que ella se vaya. Necesita saber que eso está
bien.
Mis hermanos asintieron al unísono. Todos, excepto yo. No estaba
bien. No quería que se fuera. No me importaba si Jesús la quería o no. Ella era
mi mami. Él podría tomar a una mami mayor. Una que no tuviera niños pequeños
que cuidar.
Traté de recordar todo lo que me dijo. Traté de pegarlo dentro de
mi cabeza: Juega.
Visita a papá. Pelea por lo que amas. Esa última cosa me
molestaba. Amaba a mami, pero no sabía cómo luchar por ella.
Becky se inclinó hacia el oído de mi papá. Él negó con la cabeza,
y después asintió hacia mis hermanos. —De acuerdo, chicos. Vamos a decir adiós,
y luego tienes que meter a tus hermanos en la cama, Pepo. No necesitan estar
aquí para lo demás.
—Sí, señor —dijo Pepo. Sabía que estaba fingiendo una cara
valiente. Sus ojos estaban tan tristes como los míos.
Pepo habló con ella por un rato, luego Tato y Tyler le susurraron
cosas en cada uno de sus oídos. Bautista lloró y la abrazó por mucho tiempo.
Todos le dijeron que estaba bien para ella dejarnos. Todos menos yo. Mami no
respondió a nada esta vez.
Pepo tiró de mi mano, sacándome de su dormitorio. Caminé hacia
atrás hasta que estuvimos en el pasillo. Traté de fingir que ella sólo iba a
dormir, pero mi cabeza se puso difusa. Pepo me cargó y me llevó por las
escaleras. Sus pies subieron más rápido cuando los lamentos de papá llegaron a
través de las paredes.
—¿Qué te dijo a ti? —preguntó Pepo, encendiendo el grifo de la
bañera.
No respondí. Lo escuché preguntar, y recordé como ella me dijo que
lo hiciera, pero mis lágrimas no funcionarían y mi boca tampoco.
Pepo me quitó la camisa sucia por encima de mi cabeza y mis
pantalones cortos y luego bajó los calzoncillos entrenadores de Pepo y Bauti al
suelo. —Es hora de entrar a la bañera, pequeño. —
Me levantó del suelo y me sentó en el agua tibia, empapando la
esponja y apretándola desde arriba de mi cabeza. No parpadeé. Ni siquiera traté
de quitar el agua de mi cara, aun cuando odiaba eso.
—Ayer, mamá me dijo que cuidara de ti y de los gemelos, y de papá.
—Pepo cruzó sus manos en el borde de la bañera y apoyó su barbilla sobre ellas,
mirándome—. Así que eso es lo que haré, Pit, ¿de acuerdo? Voy a cuidar de ti. Así
que no te preocupes. Juntos, vamos a extrañar a mamá, pero no estés asustado. Me
aseguraré de que todo esté bien. Lo prometo.
Quería asentir, o
abrazarlo, pero nada funcionó. A pesar de que debería haber estado luchando por
ella, yo estaba en el segundo piso, en una bañera llena de agua, inmóvil como
una estatua. Ya la había defraudado. Le prometí en el fondo de mi cabeza que
haría todas las cosas que me había dicho tan pronto como mi cuerpo volviera a
funcionar. Cuando la tristeza se fuera, siempre jugaría y siempre pelearía.
Duro.
CONTINUARÁ...
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¡Hola! Como ya dije, aquí vamos con el segundo libro de la trilogia!! Este está todo narrado por Peter. ¡Espero que os guste y disfrutéis! Gracias por leer y comentar :)
me encantooo . .seguiiii
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